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Publicado el 15 de abril, 2018

Mezquindades que obligan a reflexionar

Consultor de empresas Jaime Jankelevich
El gobierno ha dado cuenta de las dificultades que sigue teniendo para instalar a personas de su confianza en puestos claves. Es parte de la herencia de Bachelet y nos obliga a reflexionar, entre otras cosas, sobre la urgente necesidad de modernizar el Estado.
Jaime Jankelevich Consultor de empresas
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Es de toda lógica que, al asumir el poder, un nuevo gobierno requiera contar con personas de su entera confianza en cargos claves, para poder desarrollar el programa que comprometió ante el país y por el cual resultó elegido. La actual administración no puede ver satisfecha dicha necesidad debido a las amarras que le dejó el régimen de Bachelet y por la actitud de un alto número de funcionarios que, exteriorizando una mezquindad inaceptable, no están dispuestos a ceder sus cargos.

A medida que van transcurriendo los días, nuevas realidades en distintos lugares del país han ido saliendo a la luz pública, y lo que se puede concluir de las cifras informadas hasta ahora es que la situación es más compleja de lo que se pensó. El problema continúa impidiendo el nombramiento, entre otros, de directores de servicios, jefes de gabinete o asesores técnicos de confianza, porque los titulares de dichos cargos nombrados por el gobierno anterior no están dispuestos a renunciar.

Sólo por nombrar algunos casos, en la provincia de Arauco únicamente el 20% de los cargos de confianza ha podido ser implementado. En Arica falta llenar 55 de esos cargos. En Magallanes sólo el 17% ha logrado ser nombrado, lo que en cifras se traduce en 25 de los 150 cargos que requieren personal de confianza. Y este escenario se repite en los distintos ministerios.

Esta situación, inédita en el país, al menos desde el retorno de la democracia, nos obliga a reflexionar. Según se sabe, quienes no renuncian son funcionarios ligados a los partidos de la Nueva Mayoría que no están dispuestos a dar un paso al costado. La pregunta que surge entonces es, ¿qué razón tienen para apernarse en sus cargos cuando llegaron a ocupar esas posiciones, justamente, por ser personas de confianza de las autoridades anteriores?

De esta pregunta emanan diversas alternativas de respuesta, como, por ejemplo: obstaculizar al gobierno por razones ideológicas; revanchismo ante la pérdida del poder; mezquindad y falta de ética; imposibilidad de ubicarse en el sector privado y por ende quedar cesantes; ser operadores políticos de sus respectivos partidos dispuestos a resistir; ser activistas sociales; seguir lucrando a costa de nuestros impuestos, o derechamente todas las anteriores.

Y de la pregunta anterior se desprende una reflexión aun más profunda, que nos lleva a cuestionarnos el por qué la izquierda se esmera tanto en conquistar el poder y en tratar de imponer en la ciudadanía la idea de que es en el Estado donde radica la solución a todos sus problemas.

La respuesta la proveen ellos mismos con estas actitudes, pues dejan entrever claramente que es en el Estado donde reside su principal fuente de trabajo y, una vez obtenido el poder, éste pasa a ser el botín para distribuir entre sus adherentes; es el lugar donde se insertan los operadores políticos que se destinan a atraer, conquistar y mantener el clientelismo; y por cierto, el Estado es el padre protector que les garantiza inamovilidad y excelentes sueldos. Al perder el poder, pierden todas sus regalías, lo que a muchos les resulta intolerable y deciden entonces obstaculizar el quehacer del que viene a reemplazarlos. Es lo que estamos viendo en la actualidad.

Finalmente, producto de esta situación debemos reflexionar sobre la urgente necesidad de modernizar el Estado. No es posible que un gobierno que debe contar con personas de su entera confianza en los puestos claves se vea coartado por un espurio arreglo de última hora de una administración saliente, y se vea capturado por un grupo de funcionarios que hoy no están dispuestos a renunciar. Por esto y muchas otras razones, el Estado debe ser urgente y profundamente reformado para que esté verdaderamente al servicio de todos los chilenos, y deje de ser el coto de caza a conquistar para ponerlo al servicio de operadores políticos dedicados a mantener cuotas de poder para sus partidos y a impedir la normal instalación de un gobierno elegido democrática y mayoritariamente por la ciudadanía.

 

Jaime Jankelevich, consultor de empresas

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

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