Falta voluntad política y liderazgo para asumir que la infraestructura es el principal mecanismo para reducir las brechas de inequidad tanto dentro como entre las ciudades. Y una institucionalidad que permita gestionar estos US$ 30.000 millones que disponemos como país.
Publicado el 26.11.2015
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Hoy en día, el proyecto de infraestructura más rentable para Santiago, desde la perspectiva socioeconómica, es sin duda alguna la extensión de la red de Metro. De hecho, si nos comparamos con ciudades de la OCDE de más de dos millones de habitantes, y corregimos por población e ingreso per cápita, Santiago tiene actualmente un déficit de 80 kilómetros de Metro, y de cerca de 240 km de trenes urbanos en general (sumando Metro, Tranvías y Trenes de Cercanía o Suburbanos).

Estos servicios de transporte público masivo, además de proporcionar un excelente estándar en términos de calidad de servicio y de mejora del entorno urbano, permiten atender adecuadamente las necesidades de movilidad de millones de personas que no tienen la opción de desplazarse dignamente a sus lugares de trabajo y de estudio. Y por eso son tan urgentes, no sólo en Santiago, sino también en varias regiones del país.

Por eso llama tanto la atención que un grupo de senadores “regionalistas” haya tratado de meter un gol de media cancha, pretendiendo reducir a la mitad el presupuesto de las actuales líneas de Metro en construcción, para asignárselo, en teoría, a futuros hospitales que supuestamente serían construidos en regiones. Esa lógica de perjudicar a unos para, eventualmente, favorecer a otros, creo que es absolutamente nefasta para el diseño de políticas públicas de nuestro país.

Específicamente, el viernes 20 de Noviembre, un grupo de senadores “regionalistas” se coludieron para proponer una reducción de US$ 220 millones al presupuesto de Metro para el 2016, para utilizarlos supuestamente en hospitales. La votación fue muy estrecha, 11-10 en favor de reducir el presupuesto de Metro, pero aprovechándose de la ausencia de tres senadores de la región Metropolitana. Afortunadamente, tanto la Cámara de Diputados como una Comisión Mixta revirtieron la propuesta. Sin embargo, ello no minimiza la señal enviada por estos senadores regionalistas, y lo erróneo de su análisis.

En primer lugar, varias de las regiones que son representadas por los senadores que proponían perjudicar a Metro (y a sus millones de usuarios), ni siquiera han sido capaces de gastarse el fondo que disponen producto del subsidio espejo del Transantiago. ¿Qué nos hace pensar que serían capaces de gastarse adecuadamente el presupuesto para supuestos hospitales?

En segundo lugar, sorprende el discurso “anti santiaguino” de estos senadores regionalistas, sabiendo que, por ejemplo, la décima región recibirá una inversión cercana a los US$ 800 millones para la construcción del puente de Chacao. En el caso del Metro de Santiago, la inversión favorece a millones de chilenos, mientras que en el caso del Puente Chacao, la inversión favorecerá a algunos miles de residentes, que sin duda alguna tienen prioridades más apremiantes que el puente. ¿Por qué entonces no piden reasignar el presupuesto del Puente Chacao? O mejor aún, ¿por qué no exigen al gobierno central un presupuesto para cada región equivalente a lo que cuesta el puente de Chacao?

Hoy en día Chile dispone de recursos para financiar importantes proyectos de infraestructura a nivel nacional. De hecho, sólo por concepto de concesiones, el Estado de Chile dispone de más de US$ 30.000 millones en activos, que corresponde al valor presente de los flujos futuros de todos los proyectos concesionados hoy en día, descontando los costos de capital.

Con esta cifra es posible apalancar la mayoría de los proyectos de infraestructura que se desee impulsar en nuestro país. Lo que falta son básicamente dos cosas: primero, voluntad política y liderazgo para asumir que la infraestructura es el principal mecanismo para reducir las brechas de inequidad tanto dentro como entre las ciudades. Y segundo, una institucionalidad que permita gestionar estos US$ 30.000 millones que disponemos como país, a fin de invertirlos adecuadamente en nueva infraestructura que mejore la calidad de vida de los chilenos.

Senadores regionalistas, por favor no culpen a Metro de los déficit de sus regiones. Asuman el liderazgo que les corresponde, dejen sus ideologías de lado, y apoyen las iniciativas que ya existen en materia de infraestructura para todo nuestro país.

 

Louis de Grange C., doctor en Transporte, Universidad Diego Portales.

 

FOTO: AGENCIA UNO