El camino para recuperar la legitimidad dañada del mundo empresarial pasa, primero, por su autorregulación efectiva.
Publicado el 13.09.2014
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La noticia de las multas impuestas por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) a diversos actores en el marco del caso “Cascadas” remeció al país y al sector privado en particular. Sin entrar en detalles sobre casos judiciales en curso, toda violación a la ética, a la confianza pública y a la enorme responsabilidad que las empresas y empresarios de Chile tienen frente al desarrollo del país, debe ser condenada con firmeza  por la ciudadanía y, en particular, por los empresarios.

La legitimidad e incluso viabilidad de la empresa privada se pone en juego no tanto con la actuación de algunos malos ejemplos, siempre presentes en cualquier actividad humana, sino con la reacción del mismo sector frente a los hechos y, específicamente, con el trabajo realizado antes para prevenirlos.

Desde el mundo empresarial, por lo tanto, debemos agradecer que las instituciones públicas funcionen. Pero el rol, proactivo y complementario al anterior, es el que se ha mostrado más ausente: el camino para recuperar la legitimidad dañada y asegurar la viabilidad amenazada del mundo empresarial chileno pasa, primero, por su autorregulación efectiva.

Desde Fundación Generación Empresarial hemos querido impulsar este objetivo a través de nuestra iniciativa “Bien común, dilemas éticos y compromisos empresariales”, en el marco de la cual estamos desarrollando un trabajo sistemático en conjunto con un gran número de empresarios y ejecutivos, generando un nuevo modelo para la autorregulación de la empresa. Con éste nos hemos propuesto promover estándares adicionales a los estatales, cuyo cumplimiento sea transparente, verificable, comparable y ofrezca un camino a las empresas para ir desarrollando mayores controles y mejores prácticas. Esto, en áreas relativas a Gobiernos Corporativos, la protección de la libre competencia; la relación con la comunidad, colaboradores, clientes, proveedores y el cuidado del medio ambiente, entre otros.

Con iniciativas como la anterior, y otras muchas que surgirán desde diversos sectores, esperamos contribuir a despejar el velo de desconfianza que se ha instalado entre la ciudadanía y las empresas. Pero con hechos concretos, con cambios de actitud y con una renovada conciencia del rol que la empresa cumple en nuestro país y los crecientes estándares éticos que los chilenos, cada vez más educados y exigentes, esperan de ella.

Pero ninguna autorregulación ni regulación es realmente efectiva sin tener en su médula la ética y sin contar con gobiernos corporativos que la promuevan con convicción y compromiso. El connotado historiador británico de visita en Chile, Niall Ferguson, sostiene que los mercados sin ética son disfuncionales. A eso nosotros añadimos que los empresarios sin una mirada puesta en el bien común, también lo son.

 

Paula Valenzuela, Gerente General Fundación Generación Empresarial (FGE).

 

FOTO:AGENCIAUNO