Aunque se agradece que haya enmendado el error, el instructivo del Servel respecto de la publicidad electoral en redes sociales pone en evidencia la total desconexión del organismo con el actual escenario político y social.
Publicado el 06.08.2016
Comparte:

El instructivo dado a conocer por el Servicio Electoral el día martes, bajo el título Manual de Consulta de Campaña y Propaganda Electoral, no dejó indiferente a nadie, particularmente a políticos, candidatos, asesores y consultores que ya están esbozando y comenzando a desplegar las distintas estrategias para la elección municipal del próximo 23 de octubre.

El mismo servicio dio pie atrás en 24 horas a la restricción absoluta de hacer campaña por las redes sociales, pero persiste la duda de si ese arrepentimiento va acompañado de una real comprensión de la torpeza cometida o sólo es un antiinflamatorio para calmar la presión política que ella causó.

Sea cual sea la respuesta, queda en evidencia la estrechez de parte de quienes tienen a cargo la administración de las elecciones en nuestro país. El Servel ha demostrado un desconocimiento absoluto del escenario en el cual se van a desarrollar estas elecciones y las venideras.

En primer lugar, confunde las redes sociales con medios de comunicación tradicionales. Un error propio de quienes jamás han paseado por el ecosistema digital. Como en otros países, la regulación del entorno 2.0 debe considerarse bajo un cristal similar a la regulación que se hace de la propaganda en la calle. Un muro de Facebook se asemeja más al bandejón que rodea Plaza Italia que a la primera plana de un periódico. WhatsApp es más cercano al vidrio trasero de nuestros vehículos que al semanario comunal.

Evitar todo tipo de propaganda en redes sociales equivale a prohibir toda clase de anuncio en la vía pública, algo tan descabellado que sólo se puede imaginar en un régimen totalitario.

Por otro lado, en unas elecciones en las que el número de candidatos es llamativo para el grado de desvinculación que hay con la política, prohibir la transmisión de promesas y compromisos en la 2.0 es beneficiar exclusivamente a quienes cuentan con recursos suficientes para hacer campaña física tradicional y/o juguetear con la norma y soportar las posibles multas que le sean impuestas por la autoridad.

Todos esos centenares de aspirantes, muchos de ellos jóvenes, que apostaron por comenzar a limpiar la política desde sus respectivos municipios, arriesgaron quedar sin la única plataforma que, hasta cierto punto, emparejaba la cancha. De haberse mantenido la restricción, tendrían pues que volver a la absurda estrategia de imprimir en sus hogares cientos de panfletos en blanco y negro para poder repartir rápidamente en los semáforos, rodeados de los brigadistas de candidatos más potentes, llenos de gigantescas banderas y otras parafernalias.

Por último –y quizás en el largo plazo lo más grave– es que el Servel ha demostrado una total desconexión con el escenario político y social actual de nuestro país. Prohibir la propaganda en los medios digitales sólo habría beneficiado a la política tradicional con la que un porcentaje cada vez menor de chilenos se siente identificado, incrementando el ya preocupante desconocimiento del elector a la hora de acercarse a emitir su voto y terminado por dar una buena e irrefutable razón a todos esos jóvenes que ya tienen decidido no levantarse de la cama el próximo domingo 23 de octubre.

Se agradece la corrección de error, pero urge que se entienda por qué se llegó a cometer.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y académico UANDES.

 

 

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO