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Publicado el 24 de mayo, 2015

Mensaje críptico

De nuevo el gobierno entregado en manos de personas que no son de su círculo personal, que no llevan el programa en las venas.
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Que los chilenos tenemos problemas de comprensión de lectura es un dato acreditado, pero parece que después del último 21 de mayo, tenemos que dar por comprobado que tampoco entendemos bien lo que nos leen. No se explica de otra manera que parlamentarios oficialistas, que oyeron a la Presidenta a pocos metros de distancia hayan escuchado cosas tan diferentes. Para algunos quedó claramente descartada la asamblea constituyente, para otros se ratificó su validez y para otros, cómo no, quedó abierta tanto la posibilidad que se haga, como que se deseche.

A la luz de su discurso, se podría decir que la Presidenta no puso el pie en el freno, pero lo sacó del acelerador y como las reformas progresivamente han ido poniendo cuesta arriba su gestión, es probable que “el vuelito” no alcance para mucho más.

Este mensaje puede terminar siendo un símbolo que prefigure el juicio que en el futuro se hará de este segundo gobierno de la Presidenta Bachelet.  Claro, porque si algo pudiera decirse de lo que vimos, es que se intuye una cierta de pérdida del ánimo de nuestra gobernante, una frustración que es más que política, aunque también es política. Me atrevo a esbozar una interpretación.

Presumo que este gobierno era una suerte de segunda oportunidad para la Presidenta, la de volver al poder sin tener que pedir nada a sus partidos, al contrario, haciendo ella la concesión de retornar, dándoles la oportunidad de recuperar lo que habían perdido cuatro años antes.  Pero en ese contexto, las cosas serían diferentes, tenían que serlo, al menos en dos dimensiones: el programa y el equipo para implementarlo. Ambos responderían a sus personales y exclusivas decisiones, nada de Pérez Yomas, ni Velascos (don Andrés y don Belisario), que en el pasado la redujeron progresivamente a la única condición de Jefa de Estado. Esta vez sería su programa y su equipo. Si les gusta bien y si no…

En nuestra idiosincrasia política el sello de todo gobierno está visible en la figura de sus ministros del Interior y de Hacienda. Peñailillo y Arenas encarnaban ese sello, el de un gobierno propiamente de Bachelet. Después, claro, también era un gobierno de la Nueva Mayoría y por allá, bastante atrás, en los últimos asientos de la micro, incluso algo de la Concertación.

Con mayoría aplastante en ambas cámaras del Congreso, con una oposición sin voz ni discurso, con una popularidad personal enorme y sólida, el primer año fue arrollador: reforma tributaria (8 mil millones de dólares que se transferirían al Estado para empezar a conversar), reforma educacional (no más lucro, ni copago, ni selección; en realidad, no más educación particular subvencionada, era cosa de tiempo), fin del binominal (no más derecha con poder para impedir los cambios que vendrán en el futuro).  Y la Constitución de Pinochet ahí, al alcance de la mano.

Pero los hados quisieron otra cosa. Esas fuerzas ocultas, impredecibles, que cambian la historia, actuaron una vez más y torcieron un destino que se veía tan derechito, tan despejado.  Donde menos se espera salta la liebre, reza el dicho popular. Y saltó, efectivamente desde donde menos se esperaba. Para que repetir lo que es demasiado conocido.

Dèja vu, otra vez, Fredy Kruger 8.  De nuevo el gobierno entregado en manos de personas que no son de su círculo personal, que no llevan el programa en las venas.  Un Ministro del Interior demócrata cristiano, conservador, de ADN concertacionista, que no le gusta el aborto, ni la asamblea constituyente –lo dice por la prensa-, que no le gustan las retroexcavadoras “porque andan para atrás” (pero si eso es el programa, volver a ese país solidario que el modelo neoliberal destruyó).

Un Ministro de Hacienda al que no conoce. Sí, se lo escuché al propio Rodrigo Valdés, estuvo con la Presidenta un par de veces antes, en alguna ceremonia y punto.  Además, un economista que los empresarios celebran, por algo será.  Que sus primeros aportes a la reforma laboral sean sacar la negociación inter empresa y el piso del IPC en las negociaciones colectivas, huele a “ortodoxia economicista” a cuadra y media.

Definitivamente este NO es SU equipo y no son el equipo para su programa. No imagino una reunión con la Presidenta, Burgos y Valdés, alrededor de una mesa llena de papeles, tarde en la noche, con café, con las camisas arremangadas, concentrados, involucrados, diseñando la estrategia para este año y para el resto del período.  Simplemente no lo imagino.

Al contrario, la imagino a ella más bien desconectada de su gabinete, de su equipo político, pensando en cuánto alcanzarán a avanzar los cambios con la inercia que traían.  No da para más. Por eso el Mensaje no tiene anuncios, nadie puede cambiar el país solo, no se puede pilotear un avión con capitanes de barco, o viceversa.

Mensaje críptico, como los tiempos que vienen, difíciles de predecir. Al final del día así es la soledad, lejana, silenciosa, inescrutable.

Gonzalo Cordero, Foro Líbero

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