Creo no equivocarme cuando digo que en círculos de conversaciones oficialistas y opositores, el tema común es que queda menos de un año para que termine este Gobierno, que ha dejado una estela de fracasos en materia económica y social de magnitudes insospechadas.
Publicado el 17.03.2017
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En una comida de amigos, alguien dijo, “este Gobierno tiene menos respaldo que un columpio”, lo que provocó risas por la sola imagen del columpio que, efectivamente, solo tiene las cuerdas para apoyarse de forma precaria, si el balanceo es importante.

No han sido pocas las veces que se ha escrito, en ésta y otras columnas, sobre el complejo minuto que pasamos como país en lo referido a la confianza y, sobre todo, al funcionamiento de la institucionalidad. Esto, que parece haber sido hasta hace muy poco tiempo una bandera de lucha de la oposición, anteayer (miércoles) pasó a ser mucho más transversal de lo que se pudo imaginar en algún momento, porque personeros oficialistas empezaron a retirar sus apoyos al Gobierno.

El candidato, precandidato o como quiera que se llame, senador Alejandro Guillier, inició una ofensiva oportunista contra el Ejecutivo y la Presidenta. Pero no solo eso, además lo hizo con planteamientos –los pocos que se le conocen- llenos de inconsistencias. Criticó las reformas de este Gobierno, pero las votó todas a favor; criticó el lucro en la educación, pero vivió de él siendo director de la escuela de Periodismo y rostro publicitario de la Universidad Mayor mientras esa casa de estudios era investigada por lucro; habla de transparencia y conflictos de interés de terceros, mientras en forma simultánea es parte de la Comisión de Minería del Senado y ejerce remuneradamente como director de la Fundación Minera Escondida, de BHP Billiton.

En lo más reciente, este miércoles 15 de marzo criticó al Gobierno, diciendo que “la Presidenta hizo su esfuerzo por cumplir el programa, pero miró a Chile desde arriba”, a lo que sumó la no despreciable declaración sobre la reforma educacional: “¿Cómo vamos a decir que una política pública tuvo resultados, si la vida cotidiana de los profesores y de los alumnos no ha cambiado significativamente? Quiere decir que esa reforma no ha resultado y cuánta plata se ha gastado en esa reforma. O sea, aquí hay un tema de gestión”.

Estas declaraciones no son de un opositor, son de alguien que estaba firmemente comprometido con este Gobierno y que hasta no hace mucho apoyaba a la Presidenta a brazo partido. Pero eso cambió dramáticamente al afirmar que “Bachelet miró a Chile desde arriba”, atribuyéndole una desconexión profunda con el Chile que vivimos todos, día a día.

Creo no equivocarme cuando digo que en círculos de conversaciones oficialistas y opositores, el tema común es que queda menos de un año para que termine este Gobierno, que ha dejado una estela de fracasos en materia económica y social de magnitudes insospechadas.

La reforma tributaria que erosionó las bases del crecimiento económico al cambiar el sistema de tributación en base a retiros por el devengado, generó una carga adicional sobre la inversión que detuvo proyectos generadores de empleo y actividad económica. La reforma educacional destruyó el sistema de los colegios particulares subvencionados, los que le dieron al país la posibilidad de mejorar sideralmente la educación pública, hoy varios en camino de cierre. La reforma laboral hecha a medida de los sindicalistas —cuyos efectos vamos a empezar a observar cuando esté totalmente en vigencia—, será un hito nefasto para la contratación y deteriorará el empleo de forma muy severa.

Todos esto deja nuestra economía en una etapa de deterioro tan brutal, que el próximo Gobierno tendrá mucha más pega que la de reconstruir un país después del terremoto, ya que habrá que empujar un tanque a pedales, con todas las reformas que se hicieron.

Hoy solo queda esperar que pase este año lo más rápido posible, para que tengamos la oportunidad de poner respaldo al columpio y levantar nuestra economía esperando un Gobierno que tenga logros tan robustos como la primera administración del Presidente Piñera: 1.000.000 de empleos y crecimiento por sobre el 5% anual. De más está decir que, en mi opinión, sólo Sebastián Piñera tiene esa capacidad.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO