Un gran desafío para la conformación de nuestra matriz energética futura es aprovechar de la mejor forma posible estos recursos y todos aquellos que sean sustentables y competitivos.
Publicado el 16.05.2016
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El abastecimiento energético es un factor clave y estratégico para alcanzar las metas de desarrollo económico y social que el país se ha propuesto. Sin energía no hay crecimiento y sin crecimiento no se supera la pobreza. Si comparamos nuestro consumo eléctrico per cápita con aquel de cualquier país desarrollado, se observa que el nuestro es significativamente menor al de aquellos con mayores ingresos. Así, por ejemplo, un chileno consume menos de la mitad de la energía eléctrica que consume un habitante de Corea, alrededor de un tercio de la de uno de Nueva Zelanda y un cuarto de lo de un norteamericano.

Con base en estos antecedentes, se puede afirmar que lograr mejores condiciones de vida para los habitantes pasa, entre otras cosas, por disponer de más energía. En la actualidad, Chile cuenta con una  capacidad instalada de generación a nivel nacional del orden de 20.000 MW y debiésemos llegar al 2030 con una capacidad instalada del orden de 30.000 MW para abastecer adecuadamente los aumentos de  demanda previstos.

Como todos sabemos, Chile es un país pobre en recursos energéticos convencionales. No contamos con reservas de petróleo, en la actualidad solo producimos alrededor del 1% de nuestro consumo en territorio nacional, sólo tenemos gas natural y carbón económicamente extraíble en la XII Región, siendo la energía solar y la hidroelectricidad nuestras grandes fortalezas. Por tanto, un gran desafío para la conformación de nuestra matriz energética futura es aprovechar de la mejor forma posible estos recursos y todos aquellos que sean sustentables y competitivos. La gran oportunidad que tiene Chile y el mundo es aprovechar e incorporar el avance tecnológico en el ámbito de las energías renovables y, también, en cuanto al gas no convencional, más conocido como shale gas, que está transformando la estructura de la matriz energética de muchos países. En el caso de nuestro país, acceder a gas natural a bajos precios y utilizarlo ampliamente en la industria, transporte y viviendas traería grandes beneficios no solo económicos, sino también en salud y calidad de vida.

Por otra parte, y muy importante, no se debe descuidar el desarrollo de la transmisión eléctrica. Una red de transmisión robusta que permita la conexión de nuevas centrales y el uso de las ya existentes sin limitaciones tiene innumerables beneficios. Por ejemplo, permite que las centrales más eficientes puedan generar y en el largo plazo fomenta la competencia al eliminar una barrera de entrada para el desarrollo de nuevas centrales, particularmente aquellas que utilizan energía renovable no convencional. Por cierto, todo ello redundaría en menores precios para el consumidor final y mayor confiabilidad y calidad del servicio eléctrico.

Por último, y no por ello menos importante, la eficiencia energética también es un desafío que se ha planteado nuestro país desde hace años. Si bien su desarrollo ha sido lento, en la actualidad están planteadas metas muy ambiciosas para su incorporación a la matriz.

Para concluir, Chile enfrenta hoy un periodo particularmente interesante desde la perspectiva del abastecimiento eléctrico, con innumerables desafíos, que están siendo abordados y que nos permitirán alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar social.

 

María Isabel González, gerente general Energética S.A. y ex Secretaria Ejecutiva de la Comisión Nacional de Energía (CNE).

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIAUNO.