La pregunta que nos plantea el caso de Brigitte Macron es ¿sigue siendo una Primera Dama lo que necesitan las sociedades modernas? En Francia no existe esa figura y aunque Emmanuel Macron intentó crearla a través de un estatuto, la realidad es que su mujer finalmente tendrá un rol público otorgado por una carta de transparencia que definirá sus misiones y recursos. Para nosotros los chilenos suena bien esto de la transparencia en cuanto a la misión y los recursos, dado el quiebre de confianza que hemos vivido a propósito del caso del hijo de nuestra Presidenta.
Publicado el 28.08.2017
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¿Es una Primera Dama lo que realmente necesita el mundo actual? Hago la pregunta a propósito de lo ocurrido en Francia, dado que ese país no cuenta con dicha figura.

Destacadas mujeres han cumplido ese rol en la historia del mundo, así como Jackie Kennedy o la misma Lady Di, dentro de lo que cabe en una monarquía. Durante mucho tiempo se esperó que la esposa del Presidente en ejercicio lo acompañara y complementará su posición estando siempre a su lado, siendo la madre de sus hijos y realizando ciertas actividades “inocuas”.

En nuestro país contamos con la figura de Cecilia Morel, nuestra última Primera Dama, quien fue muy querida y admirada por la ciudadanía, lo que le significó ser bien evaluada. Lo cierto es que, en su caso, aportó mucho a partir de sus atributos personales asociados a la cercanía, la calidez, lo maternal, la empatía y también su discreción. Se lució como una gran compañera para el Presidente Piñera y un muy buen complemento para él.

La pregunta que nos planteamos hoy, en base al caso de Brigitte Macron, es ¿sigue siendo una Primera Dama lo que necesitan las sociedades modernas? En Francia no existe esa figura y aunque Emmanuel Macron intentó crearla a través de un estatuto, la realidad es que su mujer, finalmente, tendrá un rol público otorgado por una carta de transparencia que definirá sus misiones y recursos. Para nosotros los chilenos suena bien esto de la transparencia en cuanto a la misión y los recursos, dado el quiebre de confianza que hemos vivido a propósito del caso del hijo de nuestra Presidenta.

Pero, volviendo a las necesidades del mundo actual y a los roles que estamos desempeñando las mujeres, siendo incluso Presidentas de la República, suena cada vez más trasnochado el título de Primera Dama. En este sentido, el rol público que cumplirá Brigitte Macron parece menos decorativo y meramente complementario, ya que lo que hoy se espera es que cumpla un papel por sí misma que aporte al país y aborde ciertos temas relevantes para la sociedad desde sus fortalezas personales, profesionales -si vienen al caso- y desde los atributos que puede otorgarle su posición.

Atento estará el mundo a lo que sea capaz de desempeñar esta particular mujer de 64 años, quien sin ser la más joven, tiene la oportunidad de llegar a ser la más innovadora.

 

Mónica Reyes R., profesora y Máster en Historia