La esperanza de vida en hombres y mujeres se ha ido alargando, por lo que la edad de jubilación y la erradicación de las lagunas laborales son dos grandes temas a considerar en el corto plazo para alcanzar una mejor y más digna vejez.
Publicado el 06.07.2016
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Más allá de la discusión puntual que se ha generado, centrada en la semántica, respecto de la edad de jubilación de las mujeres en Chile, debemos poner nuestra atención en el tema de fondo y entender el importante y urgente desafío que tenemos respecto de cómo estamos llegando a ese momento.

Vale la pena reiterar que en el mercado laboral siguen operando barreras para una mayor y mejor incorporación de la mujer al mundo del trabajo, y una de las consecuencias es que encontramos historiales laborales femeninos con lagunas que responden a diversos motivos, muchas veces asociados a las responsabilidades familiares. Además del caso de muchas otras mujeres que, simplemente, no logran incorporarse.

También sabemos que los 60 años es una edad de jubilación temprana en el contexto de los años de vida que estamos alcanzando. No es novedad que nuestras expectativas de vida, tanto para hombres como para mujeres han ido evolucionando en los últimos años como consecuencia del progreso en salud, servicios sanitarios, alimentación, tecnología, cultura, medio ambiente y otros. Y que, en la práctica, la mujer chilena se está jubilando en promedio a los 62 años.

Se requieren medidas urgentes, ya que los datos del Instituto Nacional de Estadísticas arrojan que hoy la esperanza de vida en las chilenas es de 81,7 años, siendo la segunda mayor en América, después de Canadá; y según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en 2100 esta edad aumentará a 93,5 años. Sin duda, el aumento de la esperanza de vida es una buena noticia, pero tiene múltiples consecuencias que nos desafían a adaptarnos rápidamente, por lo que tenemos que prepararnos.

Por lo anterior, es de toda lógica que la mujer esté llegando, al momento de su jubilación, en una situación muy desmejorada y la pensión, sin duda, le resulte insuficiente. Pero ¿qué cambios debemos pensar y poner en práctica en el corto, mediano y largo plazo para ser exitosos frente a esta nueva realidad?

Hay dos puntos importantes: la mujer no puede seguir cargando con todas las responsabilidades familiares; sólo el foco en la corresponsabilidad familiar, a través de diversas medidas efectivas, podrá mejorar su acceso, permanencia y continuidad en el trabajo. Si queremos evitar lagunas laborales, la solución natural es que opere la corresponsabilidad y estas responsabilidades se compartan con el hombre.

Por otro lado, la edad de jubilación, al igual que en otros países de América Latina, fue calculada cuando las mujeres vivíamos hasta los 80 años o incluso menos, entendiendo así que las pensiones cubrirían entre 15 a 20 años como máximo. Según las cifras indicadas anteriormente, este panorama cambió y tenemos que hacernos cargo de los 30 años que viviremos post jubilación. Hoy a los 60 años las mujeres estamos activas, vitales, con muchas ganas y energías de seguir haciendo cosas; además seguimos necesitando los recursos que nos entrega nuestro trabajo. Hoy muchas deben seguir trabajando, luego de la jubilación, en empleos peor remunerados para sumar un el monto necesario y cubrir los gastos de fin de mes.

Claramente, hacer diferencias entre hombres y mujeres sí parece ser un acto de galantería que nos sale muy caro, precisamente, a nosotras. Hoy se espera que hombres y mujeres trabajemos juntos por nuestro futuro y nosotras, aspiramos más a un buen partner que a un galán.

Mónica Reyes, Fundadora de Makers Liderazgo Femenino