Lamentablemente, y todo parece indicar que así es, el adolescente que se quitó la vida fue víctima de una forma legalista e individualista de enfrentar los problemas: o la ley nos soluciona todo, o sólo miramos a un individuo aislado del resto y lo castigamos por sus conductas que contravienen las normas.
Publicado el 11.09.2017
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Una gran polémica ha causado el suicidio de un alumno del Colegio Alianza Francesa de Vitacura, después de que el establecimiento decidiera suspenderlo y denunciarlo a Carabineros por portar unos gramos de marihuana. El lamentable hecho ha causado conmoción en la comunidad escolar —sobre todo, entre los apoderados, entre ellos el escritor Cristián Warnken—, quienes han criticado duramente el actuar de la institución.

Una primera lectura de los hechos nos llevaría a pensar que el caso está ligado con la despenalización del autocultivo de marihuana. Si la ley lo permitiese, nada de esto habría sucedido. Por lo mismo, el establecimiento no habría adoptado medidas represivas contra una conducta que, a estas alturas, puede ser regular entre muchos alumnos de establecimientos de todos los sectores sociales. Sin embargo, una lectura más de fondo muestra que tras el suicidio de este adolescente existen problemas que son anteriores al consumo de drogas y que van más allá de la vulnerabilidad socioeconómica de los niños y adolescentes.

El gran error del establecimiento fue enfrentar un problema educativo, humano, psicológico, entre padres y profesores, con medidas represivas, como si tras el consumo de drogas sólo existiese delincuencia. Lamentablemente, y todo parece indicar que así es, este adolescente fue sólo una víctima de una forma legalista e individualista de enfrentar los problemas: o la ley nos soluciona todo, o sólo miramos a un individuo aislado del resto y lo castigamos por sus conductas que contravienen las normas.

Este caso, que ojalá trascienda más allá de la marihuana (que pasa a ser secundaria), muestra una forma equivocada que los chilenos tenemos para encarar problemas sociales y educativos con raíces profundas. El consumo de drogas al interior de un colegio y el posterior suicidio de un alumno muestran un problema educativo grave, atingente a toda la comunidad escolar, y en la que los padres y la familia son claves. En este caso, se decidió aplicar la letra de la ley 20.000, denunciar al alumno y no esperar ni escuchar a los padres, ni esperar a buscar las causas del problema que llevaron al joven a quitarse la vida. Hemos olvidado que los colegios son “comunidades” de padres, profesores, funcionarios y alumnos y no sólo una pantalla de éxito que muestra buenos resultados académicos.

En último término, como sociedad no nos estamos haciendo cargo de la responsabilidad que tenemos de exponer a muchos jóvenes a seguir proyectos de vida que pueden estar atrofiando irremediablemente sus vidas.

 

Pablo Valderrama, director de Formación de IdeaPaís

 

 

FOTO: RODRIGO SÀENZ/AGENCIAUNO