Si Bachelet opta por hacer ajustes en su gabinete, éstos no estarán dirigidos a proveer el horizonte de profundidad que el desarrollo de Chile requiere. Sólo operarán desde lo comunicacional.
Publicado el 01.10.2014
Comparte:

Mucho se ha hablado de la posibilidad de un cambio de gabinete. Lo han exigido diversos integrantes de la Nueva Mayoría. Lo ha esbozado la misma Presidenta. Hay un acuerdo en torno a la necesidad de cambiar elencos. Las razones subyacentes difieren. Para algunos actores en el oficialismo, se trataría de una oportunidad para reenfocar la agenda, incorporar nuevos rostros que den un verdadero “relato” al Gobierno.

Sin embargo, para Bachelet la creciente erosión de su autoridad, liderazgo y valoración de la gestión en educación, salud y economía parece relacionarse con problemas de forma, tonos e intérpretes de lo que se comunica, no con contenidos.

Lo que estaría fallando es la capacidad del Gobierno para “aceitar” a la opinión pública, sacar partido al halo de credibilidad hasta ahora incombustible de la Presidenta, para convencer a la ciudadanía del carácter redentor del paquete de reformas en discusión. Los chilenos se adaptarían a cualquier propuesta siempre y cuando esta sea bien “vendida”. Este pragmatismo en el hacer política bacheletista se refleja claramente en el giro desde un discurso maximalista de la retroexcavadora -videos ilustrativos incluidos-, a la vieja y consabida política de los consensos cuya expresión última es el acuerdo en torno a los “flecos” de la reforma tributaria en la casa del ex ministro Juan Andrés Fontaine.

En esa línea, el diseño de su gobierno y de un eventual nuevo gabinete no son otra cosa que un conjunto de tácticas funcionales a ciertos eslóganes populistas y micro reformas express que en la mayoría de los casos no atienden problemas estructurales del país. Basta con revisar los ejes de una reforma educativa donde el factor calidad brilla por su ausencia. O una reforma tributaria carente de estímulos tributarios que procuren un crecimiento y productividad inclusivos.

Bajo esta dinámica, lo más probable es que si Bachelet opta por realizar algunos ajustes en su gabinete, éstos no estén dirigidos a proveer el horizonte de profundidad que la educación y desarrollo de Chile requieren. Sólo servirán como cortina de humo, operarán desde lo comunicacional, no desde lo reformista. Eyzaguirre, Arenas y Peñailillo (el gran artífice de la falta de foco de este gobierno, ahora profundizado por una dedicación casi exclusiva a los múltiples problemas de seguridad interior), deberían seguir como corazones e intérpretes principales de este libreto pragmático cortoplacista.

 

Juan Cristóbal Portales, Profesor e Investigador de la Escuela de Periodismo Universidad Mayor.

 

FOTO:NADIA PEREZ/AGENCIAUNO