El trabajo de Amorós permite conocer a Neruda de manera bastante cristalina, y si bien el autor muestra una sintonía personal y quizá ideológica hacia el poeta, no esconde algunas debilidades que se van presentando en su vida personal y política.
Publicado el 08.02.2016
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Las biografías siempre presentan una oportunidad y un problema. La oportunidad es apreciar la historia a través de aquellos grandes hombres y mujeres, los “héroes” de los que hablaba Carlyle, en la presunción de que son precisamente ellos los que mueven los hilos de la trayectoria humana. El problema es que sabemos que la cuestión no es así realmente: las personas se combinan con las ideas que marcan una época o una sociedad, así como también influyen las estructuras existentes o que surgen al alero de la creatividad humana.

En el plano de la historia escrita, las biografías nos permiten conocer una vida que se estima relevante, pero presentan el problema de sobrevalorar a esa persona, como si todo lo que ocurría alrededor de ellas, dependiera precisamente del “héroe”, a lo cual el resto se subordinaba. Pero no hay que ser pesimistas, y siempre es posible integrar la información y conocer e intentar comprender el pasado mediante ciertas figuras fundamentales, para lo cual basta hacer las prevenciones del caso y ponderar cada cosa en su justo mérito.

Es lo que ocurre con Pablo Neruda (1904-1973). El poeta chileno, nacido como Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, y que adquirió una dimensión universal con el paso de las décadas. Es una de aquellas personalidades cuya vida es mucho más interesante que una biografía personal, y de alguna manera nos permite acercarnos a la historia del siglo XX. Más todavía cuando, como en el caso mencionado, el personaje de un país lejano se va convirtiendo en actor de acontecimientos de relevancia mundial.

Por mencionar algunos de ellos, Neruda estuvo presente en España durante los traumáticos años de la República y la Guerra Civil en la década de 1930, se involucró de manera decidida, asumió las banderas del comunismo -si bien la militancia en el Partido solo llegaría años después-, formó parte de una generación literaria y participó en la lucha internacional fascismo-antifascismo, o comunismo-anticomunismo. Después, ya miembro del Partido Comunista de Chile en 1945, Neruda fue parte de la lucha política nacional e internacional, asumiendo cargos relevantes en su país y también convirtiéndose en un activo propagandista de la revolución, especialmente en América Latina. En la misma línea fue un participante de la Guerra Fría, de la lucha entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, entre el mundo socialista y las democracias capitalistas, y tomó un papel activo en la dimensión cultural de ese conflicto internacional. Finalmente, y aquí está el corazón de todo el asunto, Neruda es una figura estelar de las letras en el siglo XX. Es, sin duda, una de las voces castellanas más influyentes en la poesía, pero cuya trascendencia excedió los límites de los países hispanohablantes y cuyas obras se publicaron en los distintos continentes, en ediciones traducidas a diversas lenguas y con una relevancia indiscutida que lo llevó a recibir en 1971 el Premio Nobel de Literatura.

Todos estos temas aparecen tratados en la reciente biografía de Mario Amorós, periodista e historiador español que se ha especializado en la trayectoria reciente de Chile. Esto queda claro en su completa investigación titulada Allende. La biografía (Ediciones B. Barcelona, 2013), sobre el exgobernante socialista chileno. Para el caso del poeta, se trata de una obra voluminosa, que traza la trayectoria de Neruda desde las provincias del sur de Chile hasta su muerte, coetánea con la ruptura democrática en el país en 1973. Es necesario hacerse una pregunta previa. ¿Vale la pena volver a Neruda? ¿No se trata de una figura suficientemente conocida? Pensamos que la respuesta, genéricamente, es afirmativa, al menos por dos razones: las nuevas generaciones conocen poco al poeta de Veinte poemas de amor y una canción desesperada y del Canto General; además, sigue siendo una figura valiosa en sí misma y en lo que permite comprender su época. En el caso concreto de Amorós, también se justifica porque es un trabajo bien investigado, que incorpora una vasta bibliografía y fuentes primarias (prensa chilena y extranjera, incluida la soviética), y una descripción bastante equilibrada de las distintas etapas de la vida de Neruda.

Por ahí van apareciendo los amores sucesivos y simultáneos del poeta: Maruca Hagenaar, Delia del Carril (la Hormiguita), Matilde Urrutia y finalmente Alicia Urrutia, sobrina de su propia mujer. También los lugares que recorrió, en Chile, en Extremo Oriente, en Europa, sus viajes por América, Europa y el mundo socialista. Sus múltiples amigos en la literatura y la política: Alberti y García Lorca en España, el ruso Ilya Ehrenburg, el venezolano Miguel Otero Silva, numerosos chilenos en la política y las letras. No podían quedar fuera -y así lo refleja esta biografía- los afectos, especialmente políticos, del poeta comprometido, que llevaron a Neruda a dedicar versos devotos y apasionados a Stalin y Fidel Castro, a su Partido Comunista y a Vietnam, así como otros cargados de odio contra Francisco Franco o Nixon, entre muchos otros.

El trabajo de Amorós permite conocer a Neruda de manera bastante cristalina, y si bien el autor muestra una sintonía personal y quizá ideológica hacia el poeta, no esconde algunas debilidades que se van presentando en su vida personal y política. Entre ellas destaca especialmente el abandono de su hija Malva Marina, quien nació con hidrocefalia y pronto se fue con su madre lejos del chileno y murió en la distancia. Lo mismo ocurre con ese compromiso sin ambigüedades a la patria del socialismo mundial, la Unión Soviética, y su gran líder Stalin, a quien dedicó poemas y de quien recibió honores, como el Premio Stalin de la Paz. La explicación que da el autor de este compromiso, y la decepción posterior al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956, no resulta convincente, y es la misma que dieron las autoridades soviéticas: se habían dejado llevar por el culto a la personalidad y eso les había impedido ver la realidad. Sin embargo, gran parte del genocidio y la autodestrucción bolchevique en los años 30 eran suficientemente conocidos, y pensamos que la explicación más plausible es que en épocas de guerras y luchas sin matices, se veían amigos contra enemigos, con las consecuencias del caso, de aceptar o valorar lo que hicieran los propios, aunque esto fuera dañino e inhumano, y condenar cuando el que hacía lo mismo era el adversario. El propio Amorós muestra el sistemático apoyo nerudiano a todas las grandes decisiones comunistas, incluso las menos populares o más inexplicables, como la entrada de tanques soviéticos en Hungría en 1956 o en Checoslovaquia en 1968.

Por otra parte, hay una explicación bien trazada de la trayectoria poética de Pablo Neruda. Se aprecia muy bien en la exposición de sus primeras obras, más sentimentales, autorreferentes, lo cual experimentaría un cambio crucial durante la Guerra Civil española, como se comprueba en ese poema fundamental que es “Explico algunas cosas”. Las décadas siguientes mostrarían evolución, madurez poética, capacidad de innovar y llegar a nuevas expresiones que demostraban talento y trabajo intenso, como aparecería en las Odas, Los versos del Capitán (donde Matilde aparece como musa), las rimas de Canción de Gesta o el monumental Memorial de Isla Negra, anticipo versificado de su Confieso que he vivido, las memorias publicadas póstumamente, al igual que otros libros de poesía.

Aunque es cuestión de gustos, en lo personal creo que habría sido conveniente reproducir algunos versos de Neruda, que auxilian a la perfección su trayectoria. Efectivamente, se puede seguir la vida amorosa del chileno a través de muchos de sus libros, así como se puede trazar el itinerario del comunismo a través de su obra. Igual ocurre con sus intereses humanos y materiales, su conocimiento del mundo y de los hombres. Tema que podría pensarse en caso de que aparezca una nueva edición de este libro que vale la pena leer con interés, que logra mostrar al “príncipe de los poetas” en sus horas de mayor gloria, así como también en sus momentos de derrota personal o social, lo que se aprecia especialmente en sus tres últimos años de vida, tiempo que coincide con el triunfo de la Unidad Popular chilena y su esperanza de construcción del socialismo, el reconocimiento universal a través del Premio Nobel de Literatura en 1971, su enfermedad de cáncer que lo aquejó en los últimos años, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y la muerte y funeral del poeta doce días después, cuyas causas deja abiertas Amorós, precisando que podría ser como consecuencia de su enfermedad o bien podría haber sido auxiliada por terceros.

 

Columna de Alejandro San Francisco, Académico PUC, publicada en El Imparcial de España.