Yo sí quiero mano dura contra los delincuentes, pero también quiero una mano blanda que acoja a los niños desde la edad más temprana para evitar que lleguen a eso.
Publicado el 11.07.2015
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De poco sirve centrar la discusión de la percepción de la delincuencia en las cifras. Me atrevo a afirmar que debe ser muy poca la gente que se forma una percepción del aumento de la delincuencia en base a estudios e índices de victimización, sino que más bien lo hacen a partir de la ocurrencia reiterada de delitos tanto a ellos mismos como a personas conocidas.

Sea como sea, errados o en lo cierto, hoy tenemos más miedo. Se sustente o no, guste o no, mucha gente tiene miedo de ser víctima de algún delito y eso debe ser respetado.

Gran debate ha surgido en cuanto a cómo se debe abordar la delincuencia y sus crecientes niveles de violencia. Se ha generado una polarización entre quienes piden más mano dura y quienes señalan que la solución está en abordar los problemas que la generan.

Hoy somos de los países que tienen más presos, y a la vez tenemos diversos programas de ayuda social para las personas más vulnerables. Y lo cierto es que el problema sigue sin solución. Claramente algo estamos haciendo mal.

Para abordar el problema de la delincuencia es necesario entender su génesis.

Utilizaré un ejemplo, a partir de una noticia desgarradora de los últimos días. Niño de 4 años fue brutalmente asesinado por su padrastro, luego de haber sido, aparentemente, víctima de agresiones sexuales. Pongámonos en el caso de que no hubiera sido asesinado, o pongámonos en el caso de cualquiera de sus hermanos. En medio de un contexto de abandono, maltratos, abusos y de malos ejemplos de su entorno más cercano: ¿Qué esperamos que hagan esos niños en el futuro? ¿Es posible que ellos solos, por sí mismos y en medio de ese entorno, se den cuenta de la importancia de estudiar y de salir adelante luchando con esfuerzo y trabajo? ¿Es posible que en lugar de seguir el lucrativo ejemplo de algún traficante siga el difícil camino de un trabajador esforzado por un sueldo muchísimo menor? ¿Es posible que en medio de esas circunstancias superen la adversidad y se puedan transformar en buenos ciudadanos?

No podemos dejar de ver esta realidad, pero tampoco podemos justificar con ella la delincuencia y permitir que la ciudadanía sea víctima de ataques y que viva con temor, ya no sólo de ser robado, sino de ser también violentamente agredido.

No todo es blanco o negro. No todos los problemas tienen “una” solución. Yo sí quiero mano dura contra los delincuentes, pero también quiero una mano blanda que acoja a los niños desde la edad más temprana para evitar que lleguen a eso.

Mucho se ha hablado de educación e inclusión en los últimos años, pero poco se ha dicho respecto a cómo nos vamos a asegurar de lograrlo. Muchos creen que por el sólo hecho de levantar las barreras de entrada de los colegios se producirá la anhelada inclusión, pero ¿qué pasa con el entorno de esos niños? ¿Será tan poderoso el ejemplo de sus compañeros como para que logren salir adelante pese a toda su adversidad? ¿Serán suficientes los planes de ayuda con los que contamos actualmente? ¿Será necesario aumentar en forma considerable los programas de apoyo y asistencia social al interior de los colegios? ¿Qué pasa con el SENAME? ¿Está siendo exitoso en su labor?

No podemos perder el foco. No debemos estigmatizar, esos niños no tienen la culpa de sus circunstancias y es nuestro deber hacernos cargo. No es su problema, es nuestro problema, de todos y cada uno de nosotros.

Espero que llegue luego el momento de hablar en serio sobre todo esto. No se trata sólo de aumentar cobertura de salas cuna y jardines, ni de eliminar copagos sin preocuparse de que realmente mejore la calidad de la educación. Espero que nos demos cuenta de la importancia de enfocar los escasos recursos en donde es más urgente. Espero que de una vez por todas terminemos de hablar de gratuidad universitaria y nos preocupemos, en serio, de lo que ocurre con los niños desde que nacen, momento en que podemos generar un cambio real y no cuando ya son grandes y es demasiado tarde.

Y en cuanto a cómo abordar la delincuencia: ¿Mano dura o mano blanda? Ambas.

 

Bárbara Briceño, Cientista Político.

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO