La lección política del centrista francés es que la prudencia puede ser tan atractiva para las nuevas generaciones como lo es la revolución. Ser responsable en política no tiene por qué ser sinónimo de ser aburrido ni acobardado. La política de los tiempos actuales puede ser escrita en una clave distinta a la de la estridencia.
Publicado el 25.04.2017
Comparte:

Emmanuel Macron se ha convertido en el político del momento. Con un discurso fresco, desapegado del ideologismo y con un sello ejecutivo y pragmático, ha sido capaz de poner diques a la oferta populista por el frente izquierdista de Jean Luc-Mélechon y a la retórica del choque de civilizaciones que ha enarbolado la candidata nacionalista Marine Le Pen. Pero junto con eso, el centrista francés también mostró aquella cuota de osadía tan necesaria en política. Gobernó con los socialistas, pero formuló una reforma laboral pro empresas, sin titubear a la hora de hacer frente a los poderosos sindicatos izquierdistas.

Si de hacer un paralelo se trata, mientras en Francia los centristas van En Marche!, en Chile van en franco retroceso: subordinados a la izquierda, transando principios por conveniencia.

Uno de los pasajes más destacados de la alocución del candidato que pasó a segunda vuelta fue su referencia a Albert Camus: “Cada generación se cree llamada a rehacer el mundo. Nuestra tarea es quizás más grande: evitar que el mundo de deshaga”. En tiempos en que los incentivos parecían alineados en el eje de la ruptura, Macron tuvo la valentía de apelar a la contención, pero no se trató de la típica contención conservadora —en este caso formulada por Francois Fillon—, sino que de una contención socio-liberal.

La lección política de Macron es que la prudencia puede ser tan atractiva para las nuevas generaciones como lo es la revolución. Ser responsable en política no tiene por qué ser sinónimo de ser aburrido ni acobardado. La política de los tiempos actuales puede  ser escrita en una clave distinta a la de la estridencia.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas para el niño maravilla de la política francesa. Macron debió resistir el embate y presiones de la interna de su ex partido (el Socialista) en el clima de cuestionamiento a las políticas de austeridad. Se le cuestionó parte de su biografía por su pasado como banquero, pero Macron fue capaz de despojarse de los complejos atávicos de la izquierda.

Al centro político chileno le pena un Macron. Andrés Velasco está intentando algo, pero su gran error fue haber participado de esa elección primaria con la Nueva Mayoría en 2013. Hoy parece haber roto con la izquierda y, aunque nunca es tarde en política, su oportunidad parece haber pasado. En su momento, no tuvo ni el sentido de oportunidad ni el arrojo del galo para desatarse de las amarras de su bloque político.

Por otro lado, la DC se encuentra en una encrucijada, porque con su praxis política se subyugó a la izquierda y transó convicciones por apego a las cuotas de poder. Al son de la izquierda, la DC pasó de ser un partido grande, a uno con una candidatura pequeña como la de Carolina Goic. Si los falangistas tuvieran una cuota mayor de temeridad, como la tuvo Macron, no les importaría perder escaños en el corto plazo, con tal de ser un movimiento más pequeño como En Marche!, pero que en el futuro sí sea capaz de proyectar un gran candidato.

 

Jorge Ramírez R., coordinador Programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo