Ahora que ha sufrido en carne propia insultos que a nadie dejan impávido, puede usar su vasto poder para ayudar a mejorar el nivel del discurso público. Esa sería una muestra concreta que daría credibilidad y coherencia a su declarada preocupación por la convivencia nacional.
Publicado el 26.04.2016
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Es valorable que Andrónico Luksic haya salido a defender su honra después del ordinario ataque personal que lanzó en su contra el diputado Gaspar Rivas.

La agresión verbal con la que el legislador ganó sus 15 minutos de fama a costa de Luksic hizo que éste decidiera responder. Afirma cosas interesantes el empresario: sostiene que, pese a que él es un “poderoso”, tiene todas las de perder en caso de querellarse contra Rivas (a quien jamás menciona por su nombre); admite que fue un error recibir al matrimonio Dávalos Compagnon por el cuestionado préstamo a Caval (aunque no explica cuál fue su motivación para juntarse con ellos); reconoce que puede haber cometido equivocaciones a lo largo de su trayectoria empresarial y ofrece disculpas; se muestra dolido y preocupado por el daño que sufre hoy la convivencia nacional.

Dice mucho del estado actual de las cosas que Luksic, uno de los hombres más ricos de Chile, haya decidido dirigirse directamente a la gente a través de un video colgado en YouTube, y no dar una entrevista a los medios informativos, más todavía si él mismo es controlador de Canal 13. Hoy, quien se enfrenta a la prensa debe dar demasiadas explicaciones y responder preguntas incómodas. Luksic prefirió el entorno más amigable de un video que él mismo pudo revisar y monitorear. Atrás quedaron los días cuando el empresario era tratado como una celebridad por los medios, que publicaban portadas sobre su afición al montañismo y la gente que lo rodeaba y le daban siempre una cobertura favorable, incluso cuando estuvo en problemas por la planta de Lucchetti en Perú y su polémica aparición en otro video, esa vez en compañía de Vladimiro Montesinos, el hombre fuerte detrás del gobierno de Alberto Fujimori.

Hoy, en cambio, un Luksic cansado y cabreado dice que no se va de Chile, que le interesa el país donde creció y tuvo sus primeras pololas y que le preocupa el nivel del debate.

Es difícil distinguir si la inquietud de fondo que expresa es genuina o solo obedece a una reaccción legítima, pero puntual, frente a un ataque procaz de un parlamentario desubicado. Quizás una manera de saberlo es apreciar si se producen cambios visibles en la empresa más pública de Luksic: Canal 13. En lo que a la calidad de los contenidos se refiere, éste es una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Por un lado, ha puesto mucho cuidado en la cobertura noticiosa, con un Departamento de Prensa que no se permite la truculencia habitual en los canales de la competencia; por otra parte, cae en excesos brutales en espacios de entretención como Vértigo, donde los invitados reciben un tratamiento indigno y en el que las rutinas del humorista Yerko Puchento a menudo profieren insultos denigrantes contra figuras públicas, no demasiado diferentes de los que recibió Luksic. ¿Por qué no poner a Canal 13 al mismo nivel que su Departamento de Prensa y dejar de lado el circo romano que divierte por medio de la humillación?

En su video, Luksic afirma que él es simplemente un chileno más. Naturalmente, no lo es. Posee una influencia enorme que solo un puñado de personas tiene en este país. Ahora que ha sufrido en carne propia insultos que a nadie dejan impávido, puede usar su vasto poder para ayudar a mejorar el nivel del discurso público. Esa sería una muestra concreta que daría credibilidad y coherencia a su declarada preocupación por la convivencia nacional. Es cierto: Andrónico Luksic no puede hacer llover, pero sí está en condiciones de ayudar a mejorar significativamente el ambiente de opinión enrarecido que respira nuestra sociedad desde hace un tiempo.

 

Juan Ignacio Brito, Periodista.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO