Es francamente un golpe a la cátedra observar cómo los tontos útiles que promueven el socialismo también se están reproduciendo en los partidos de centroderecha. Basta ver cómo algunos alcaldes de Chile Vamos corrieron para fotografiarse con el comunista Daniel Jadue cuando este lanzó una inmobiliaria popular, que no es otra cosa que levantar edificios con fondos públicos subsidiando a los arrendatarios.
Publicado el 23.02.2018
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Durante su última visita a Chile, el reconocido historiador británico Niall Ferguson dijo que uno de los mayores peligros que afrontan las sociedades libres es la proliferación de “tontos útiles” que promueven el socialismo. Ferguson se refería a esa influyente, pero muy perniciosa pléyade de intelectuales, periodistas y líderes de opinión que difunden o promueven ideas contrarias a la libertad. En concreto, Ferguson aludió a Noam Chomsky y Naomi Klein, dos muy acreditados académicos que viajan por el mundo dictando conferencias contra la economía de mercado, escriben bestsellers en apoyo a los movimientos antiglobalización y terminan apoyando a personajes tan antidemocráticos como Hugo Chávez o Nicolás Maduro, aunque por nada del mundo se irían a vivir a la hambrienta Venezuela.

En Chile, desgraciadamente, también abundan tontos útiles como Chomsky y Klein, aunque con muchas menos credenciales intelectuales. Basta ver cómo se reproducen en nuestras universidades públicas y privadas académicos que promueven modelos alternativos, marchan con los estudiantes que pasan en paro, escriben manuales que revisitan las viejas y fracasadas teorías socialistas, y se postulan a puestos de elección popular cada cuatro años, sin renunciar, por supuesto, a sus plazas universitarias muy bien remuneradas.

Lo que resulta francamente un golpe a la cátedra es observar cómo los tontos útiles que promueven el socialismo también se están reproduciendo en los partidos de centroderecha. Basta ver cómo algunos alcaldes de Chile Vamos corrieron para fotografiarse con el comunista Daniel Jadue cuando este lanzó una inmobiliaria popular, que no es otra cosa que levantar edificios con fondos públicos subsidiando a los arrendatarios.

¿Qué tiene de original esta idea que ha deslumbrado a personajes como Joaquín Lavín? Pues nada. Existió durante décadas en la Unión Soviética, Cuba y la República “Democrática” de Alemania, pero Lavín la encontró tan genial e innovadora que no tardó ni un día en reunirse con Jadue para pedirle consejos y asesorías, legitimando el socialismo inmobiliario. Poco parece haberle importado a Lavín que, en esos mismos días, Daniel Jadue hubiese apoyado, una vez más, el régimen chavista, recibiendo en Recoleta al canciller de Venezuela, Jorge Arreaza. No contento con eso, Daniel Jadue y sus camaradas comunistas Hugo Gutiérrez y Lautaro Carmona acusaron a nuestro canciller, Heraldo Muñoz, de ser un “agente de Donald Trump” por apoyar al Grupo de Lima, al que pertenece Chile, en su negativa a invitar a Maduro a la próxima Cumbre de Las Américas.

De más está recordar que los comunistas que insultaron a Muñoz pertenecen a la misma coalición de gobierno que el canciller. Y de más parece también recordar que hace pocas semanas los comunistas se hacían los ofendidos cuando se les recordaba que ellos querían replicar la revolución bolivariana en Chile, diciendo que aquello era una campaña del terror de la derecha. Pero ahora que ya ha pasado la campaña electoral y no hay votos de centro que atraer, los comunistas se han sacado la careta y vuelven a apoyar descaradamente al régimen chavista.

Lo triste es que haya alcaldes de derecha que comulguen con sus ideas. Lo lamentable es que haya dirigentes de Chile Vamos que se traguen sus ruedas de carreta. Lo impresentable es que haya tontos útiles en la derecha, la que, se supone, debería creer más en la iniciativa privada y en controlar la participación del Estado en áreas y empresas donde, se ha demostrado con creces históricamente, sólo termina trayendo ineficiencia, despilfarro de recursos públicos que podrían servir para atender necesidades más urgentes, tráfico de influencias y corrupción.

 

Ricardo Leiva, doctor en Comunicación

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO