La primera ministra británica tiene la dura tarea de guiar al Reino Unido hacia un futuro lejos de la UE. Un viaje sin precedente que despierta no pocas interrogantes. Sobre todo, de qué manera afectará a este país en términos de su influencia política y económica a nivel mundial. Lo que será clave para definir el éxito o fracaso del gobierno que ahora ella encabeza.
Publicado el 17.07.2016
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El Brexit marcó un antes y un después en la historia del Reino Unido, luego que en el referéndum del pasado 23 de junio, la opción de abandonar la Unión Europea (UE) obtuviera el 52% de los votos, frente al 48%. Y parte de ese cambio ha sido la llegada de una nueva Primera Ministra, Theresa May, quien tendrá la compleja tarea de guiar a su país en el proceso de salida de la UE.

Pragmática, trabajólica y favorable a tener un bajo perfil en los medios, esta hija de un vicario protestante es ahora la segunda mujer en la historia del Reino Unido que ocupa este cargo, luego que Margaret Thatcher —la famosa Dama de Hierro— gobernara el país entre 1979 y 1990.

Próxima a cumplir 60 años en octubre, la nueva jefa de gobierno británica no solo se ha hecho cargo de un Partido Conservador dividido, sino de un país abiertamente polarizado. Así queda de manifiesto, por ejemplo, al revisar el estrecho margen de triunfo que obtuvo el Brexit. Pero también en que el 75% de los votantes entre 18 y 24 años eligió permanecer en la UE, lo que evidencia un profundo quiebre generacional.

Asimismo, el voto contrario al Brexit tuvo una clara división geográfica. En Escocia, donde hace apenas dos años se realizó un referéndum para decidir si seguían formando parte del país, la opción de continuar dentro de la Unión Europea obtuvo el 63%. Lo que explica que ahora muchas voces propongan una nueva votación que sí les permita abandonar el Reino Unido, para continuar formando parte de la UE.

Algo similar ocurrió en Irlanda del Norte, donde el 55% votó a favor de permanecer en el bloque, lo que también podría despertar nuevos sentimientos separatistas. Y que algunos analistas creen que incluso podría acabar en un eventual proceso de reunificación con el resto de Irlanda.

En su primer discurso como líder del Partido Conservador, May fue clara: “Brexit significa Brexit”. Una posición consecuente con su postura euroescéptica, aunque mientras integró el gabinete de David Cameron —desde 2010, como ministra de Interior—, fue leal con él y respaldó la permanencia del Reino Unido en la UE.

Ahora, la nueva inquilina de Downing Street 10 deberá negociar los términos en que su país se retirará de la Unión Europea, intentando minimizar los daños económicos, pero sin renunciar al mensaje central del resultado del Brexit, que es el aumento del control migratorio.

Es que probablemente este fue el tema que más pesó al momento de que cada británico marcara su opción en el referéndum, ya que para los defensores del Brexit, el control a la inmigración está fuertemente vinculado a otros dos aspectos clave: el desempleo y el terrorismo.

El primer paso será acordar con Bruselas la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa, que data de 2009, y que establece los mecanismos oficiales para la salida de un miembro de la UE. El plazo para concretar este proceso debería durar un máximo de dos años, aunque Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ha insistido en que esto se resuelva lo antes posible.

Theresa May, mientras tanto, no pretende apurar las decisiones en torno a este tema. Además, en los primeros nombramientos para su nuevo gabinete, dejó en claro que el triunfo del Brexit también debe evidenciarse en una mayor presencia de euroescépticos en el gobierno post Cameron.

La elección del siempre polémico Boris Johnson, ex alcalde de Londres y principal rostro del Brexit, como ministro de Relaciones Exteriores, o de David Davis, un conocido parlamentario euroescéptico, como titular de una cartera especial para el Brexit, lo demuestran.

Las negociaciones no serán fáciles, sobre todo porque Londres buscará mantener abiertas las puertas del mercado común —principal destino de sus exportaciones—, a pesar de haberle dado un portazo en la cara a la UE. Y ante eso, es probable que la elección de Johnson como timonel de la Política Exterior británica no haga las cosas más fáciles; genera demasiados anticuerpos al interior de la Unión Europea.

Por otra parte, es probable que Theresa May encuentre en la canciller alemana, Angela Merkel, una aliada inesperada, considerando que ambas comparten muchos aspectos comunes como jefas de gobierno de sus respectivos países.

Y aunque el Parlamento británico ya anunció que el próximo 5 de septiembre debatirá una petición ciudadana para celebrar un segundo referéndum sobre la salida del país de la UE, todo indica que no habrá marcha atrás.

El punto es qué ocurrirá si tras concretar la salida de la UE, no se producen los cambios que poco más de la mitad de los británicos espera, como por ejemplo, una clara baja en el desempleo o que efectivamente no se produzcan atentados como el recientemente ocurrido en Niza.

Theresa May tiene la dura tarea de guiar al Reino Unido hacia un futuro lejos de la UE. Un viaje sin precedente que despierta no pocas interrogantes. Sobre todo, de qué manera afectará a este país en términos de su influencia política y económica a nivel mundial. Lo que será clave para definir el éxito o fracaso del gobierno que ahora ella encabeza.

Alberto Rojas M.

Director del Observatorio de Asuntos Internacionales

Facultad de Comunicaciones y Humanidades

Universidad Finis Terrae