En Hacienda se prepara para la presentación del presupuesto a fin de mes. Mientras todos estemos en las fondas, ellos estarán tratando a duras penas de cuadrar el gasto del próximo año.
Publicado el 04.09.2016
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Va a parecerle un déjà vu cuando ocurra. El término del mes de agosto será recordado por la categórica frase del presidente ejecutivo de Codelco, contando al país que en esa compañía estatal “no hay plata, viejo, entiéndeme”. Esa misma escena puede darse a fines de septiembre, pero esta vez el autor de la frase sería el ministro de Hacienda.

Septiembre es el mes de la patria. Mes de fondas, de la chicha y la empanada, de las payas y la cueca, de fiesta nacional. Es un mes dieciochero. Pero septiembre también es, aunque lo olvidemos entre tanta celebración, mes de la confección del presupuesto nacional. Mientras estemos todos bailando, en el Ministerio de Hacienda estarán haciendo múltiples esfuerzos para cubrir todas las necesidades de gastos que se vienen el próximo año. Su meta es compleja: confeccionar un presupuesto fiscal con poco gasto y entregarlo antes de fin de septiembre al Congreso.

Los comités de expertos del PIB y del cobre se juntan una vez al año y le cuentan al país cómo viene el futuro. El veredicto de este agosto fue claro: Chile en los próximos años crecerá mucho menos de lo que estaba acostumbrado (3% en el mediano plazo vs. un promedio de 4,1% en los últimos diez años) y el precio del cobre no será el mismo de antes (US$ 2,56 la libra por los próximos diez años vs. US$3,05 en los diez anteriores). Creciendo a ritmo pausado y con un precio del cobre que no subirá, los ingresos van a crecer, pero muy lentamente.

Pero si los ingresos no crecen, el fisco puede usar sus ahorros. El gobierno tiene US$ 14.700 millones en sus cuentas corrientes en el extranjero, guardados para las épocas de vacas flacas. Para tener una idea sobre qué tan preparados debemos estar, el entonces ministro Andrés Velasco ocupó más de la mitad de ese monto solo en el año 2009. Y por si lo olvidan, el 5% de mayor cotización anunciado por el gobierno como parte de la reforma previsional, le costaría US$ 1.500 millones al año al fisco. Si utilizáramos los ahorros para cubrir estas cotizaciones, adiós a los ahorros fiscales en 10 años. Algo del fondo podemos usar para financiar el gasto fiscal, pero dejarlo vacío sería jugar con el destino.

Otra solución posible: tomar deuda. Sin embargo, las clasificadoras de riesgo tienen a Chile en la mira. Llevan dos años advirtiéndole al país que cuide su nivel de déficit y de deuda o si no le van a bajar su calificación y a Chile le va a costar más caro tomar deuda. Por tanto, la deuda puede subir, pero con cuidado, y menos aún destinada a consumo corriente.

Por tanto, no habrá gran crecimiento de ingresos, ni un explosivo incremento de deuda, y no podemos usar gran parte de los ahorros. Mientras estemos bailando cueca, en el Ministerio estarán ideando la forma de usar esos pocos pesos extra para cubrir las nuevas necesidades de gastos. Tarea difícil, pues cada ministerio tiene nuevos proyectos y puede haber una presión para que el fisco aumente su gasto para impulsar el paupérrimo crecimiento de Chile.

Para terminar esta complicada ecuación: no hay plata para lograr la gratuidad universal en la educación superior. La ley de educación tiene una cláusula para que el 100% de los universitarios tenga educación gratis, pero sólo si el ingreso fiscal supera el 29,5% del PIB. Para aumentar los ingresos del gobierno y gatillar esta cláusula, se necesita una reforma tributaria más grande que la anterior. El problema es que si se realiza esta reforma, el impacto negativo sería tal que los futuros universitarios no tendrían trabajo. Entonces, habría que hacer una tercera reforma tributaria para mantener a tanto desempleado.

En Hacienda se prepara para la presentación del presupuesto a fin de mes. Mientras todos estemos en las fondas, ellos estarán tratando a duras penas de cuadrar el gasto del próximo año. Cuando finalmente se presente este presupuesto, si alguien no queda satisfecho y quiere un mayor gasto, que no les extrañe que se recurra a la célebre frase con la que cerramos agosto: “No hay plata, viejo”.

 

Andrés Osorio, economista Econsult.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.