Porque sus candidaturas se sustentan en sus trayectorias más que en sus propuestas de futuro -y en sus fortalezas históricas más que en su potencial electoral actual-, los ex presidentes siempre son reacios a realizar primarias.
Publicado el 11.10.2016
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Pese a ir liderando las encuestas en ambas coaliciones, los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera aparecen como los candidatos menos interesados en realizar primarias presidenciales. Porque las primarias implican el riesgo de perder y porque los ex presidentes ya se acostumbraron a los honores asociados al cargo y quisieran evitar tener que aplanar las calles para pedir el voto -dos veces, el 2 de julio y el 19 de noviembre-, los ex mandatarios ya han empezado a enviar a sus voceros a preparar el camino para que las coaliciones decidan nominar a sus candidatos sin primarias.

En la temporada electoral de 2017, los chilenos debiéramos prepararnos para tener, por primera vez desde el retorno de la democracia, a dos ex presidentes en carrera. Como tienen mucho que perder si son derrotados, resulta inusual que haya dos ex presidentes en carrera. Si la derrota de un ex presidente constituye un tropiezo vergonzoso en su carrera y en su lugar en la historia, la derrota ante otro ex presidente es doblemente dolorosa. En una contienda de Lagos versus Piñera, los chilenos no solo estarán escogiendo a un presidente para el próximo período. También estarán realizando un juicio respecto a cómo valoran ambos legados.

El hecho que tanto Lagos como Piñera hayan dado señales inequívocas de su intención de ser candidatos confirma que la contienda de 2017 está muy abierta. Desafortunadamente para ambos, su camino para la nominación presidencial de sus respectivas coaliciones no está despejado. En el caso de Piñera, las candidaturas del senador Manuel José Ossandón y del diputado José Antonio Kast, además de las potenciales candidaturas de algún abanderado UDI, RN o Evópoli, obligaría a esa coalición a realizar primarias presidenciales el 2 de julio. Si bien Piñera aventaja en las encuestas, desde el piñerismo se han escuchado voces que relativizan la importancia de las primarias. Solo ayer la vocera de facto del piñerismo, Cecilia Pérez, recordaba que las primarias no son el único mecanismo para elegir candidato.

La reticencia del piñerismo a las primarias presidenciales pudiera parecer incomprensible dado que Piñera es amplio favorito para ganar las primarias. Pero hay buenas razones para que Piñera prefiera la proclamación de las élites partidistas a la legitimación de un mandato popular. Las primarias dan una oportunidad a los candidatos menos populares a presentar sus propuestas. Las primarias obligan a los candidatos a viajar por el país, a enfrentar a los votantes cara a cara y a someterse a los cuestionamientos de los medios. Las primarias inducen a la competencia. Eso es bueno para los consumidores -los votantes- pero no para los oferentes monopólicos -los candidatos que llevan la delantera-. Por eso, hasta hoy, Piñera no se anima a pedir primarias para su sector independientemente de si él decida ser o no candidato.

En el oficialismo, el ex presidente Lagos realiza el mismo cálculo. Pero en su caso, las primarias son una amenaza aún mayor. En las últimas semanas, la irrupción del senador Alejandro Guillier ha puesto a Lagos a la defensiva. Si las primarias de la Nueva Mayoría se realizaran hoy, Guillier derrotaría a Lagos. Precisamente porque no puede ganarle a Guillier, Lagos es todavía más reticente a realizar primarias. Pero como la Nueva Mayoría quiere optimizar las chances de ganar la elección de 2017, bien pudiera ser que los militantes del oficialismo decidan optar por el candidato que más chances tiene de mantener el control de La Moneda, que por el que pudiera ser hacer una mejor presidencia.  Por más experiencia y capacidad que tenga Lagos, si Guillier aparece como un candidato mejor aspectado para derrotar a Piñera, Lagos será remplazado.  Ahora bien, la mejor forma de saber quién es el candidato más fuerte es a través de elecciones primarias entre ambos contendores.  Por eso, aunque tiene las mismas razones que Piñera para querer evitar las primarias, hoy parece más difícil a Lagos que a Piñera imponer su candidatura sin que la gente decida el nombre del abanderado.

Las primarias no son el único mecanismo para escoger candidato presidencial. Pero es el mecanismo que la gente prefiere y es un mecanismo mucho más democrático y representativo que la selección hecha por los liderazgos partidistas. Las primarias son incluso mejores que las encuestas, en tanto permiten a la gente decidir después de que los candidatos contrasten sus posturas y se enfrenten en debates. Porque sus candidaturas se sustentan en sus trayectorias más que en sus propuestas de futuro -y en sus fortalezas históricas más que en su potencial electoral actual-, los ex presidentes siempre son reacios a realizar primarias. Las actitudes de Ricardo Lagos y Sebastián Piñera hoy confirman que los ex presidentes prefieren las nominaciones de la cúpula que someterse a la voluntad popular para legitimar sus candidaturas.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Política UDP.

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