Por temor a ser políticamente incorrectos y a ser vapuleados en las redes sociales, llevamos mucho tiempo mirando desnudo al movimiento estudiantil, sin que nadie se atreva a decir: ¡Son solo unos niños!
Publicado el 02.06.2016
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Los menores de 18 años en Chile no pueden manejar solos, no pueden comprar alcohol en la botillería de la esquina, no pueden salir del país por su cuenta, no pueden votar para elegir a las autoridades políticas, ni siquiera pueden casarse sin la autorización de sus padres. Tampoco pueden abrir una cuenta corriente en un banco, o contratar un seguro, pero sí pueden amenazar a las autoridades con no dejarlos gobernar, sí pueden romper impunemente la infraestructura pública y sí pueden tomarse sus colegios e impedir que sus compañeros asistan a clases.

En el cuento infantil de Hans Christian Andersen, “La ropa nueva del emperador”, el sastre del rey convence a la corte y al rey de que ha creado un traje maravilloso que solo es invisible a los ojos de los tontos e incompetentes. El rey se presenta en público desnudo, pero nadie se atreve a decir lo que es obvio a los ojos de todos, hasta que un niño grita: “El Rey está desnudo”.

El llamado “movimiento estudiantil” logró cerca de un 80% de respaldo ciudadano en las encuestas el año 2011. Aparentemente, desde ese momento en adelante, nadie en Chile se atreve a decir en público lo que en privado es bastante evidente para todos. ¡Los estudiantes son solo unos niños! No tienen ni la experiencia ni la preparación para proponer y menos para imponer la forma en que debe organizarse y administrase nuestra sociedad. Por cierto, eso no significa que no debamos escuchar sus planteamientos, sus opiniones y empalizar con sus frustraciones. Pero de ahí a transformarnos en rehenes de nuestros propios hijos hay un paso gigante.

Ciertamente hay diferencias entre los escolares y los universitarios. Los segundos son más maduros y más preparados. Pero, aun así, cuando Ud. mira hacia atrás a su propia vida o ahora a la de sus hijos, ¿de verdad cree que a los 20 años estamos preparados para dictar el rumbo que debe seguir el país y la sociedad? Probablemente la mayoría de Uds., con la mano en el corazón, dirán que no, igual que yo. Pero aunque la respuesta fuese sí, ¿cree Ud. que la sociedad debe someterse a las exigencias de los estudiantes, sin calibrar las propuestas de estos con las opiniones del resto de los ciudadanos más maduros, con más experiencia y más preparación? Esa es la exigencia de estos niños. Como dicen en EE.UU., “it is my way or the high way”. Es decir, o las cosas se hacen como ellos quieren o se toman los colegios, las universidades y las calles. Y en último caso, como dijo un dirigente estudiantil la semana pasada, “no los vamos a dejar gobernar”.

Por temor a ser políticamente incorrectos y a ser vapuleados en las redes sociales, llevamos mucho tiempo mirando desnudo al movimiento estudiantil, sin que nadie se atreva a decir ¡Son solo unos niños! La NM los integró de lleno en el Ministerio de Educación, los ciudadanos los votaron para que llegaran al Parlamento y los medios les han dado un apoyo prácticamente incondicional. Desde el 2011 hasta ahora, las valiosas opiniones de cien mil o doscientos mil estudiantes han pesado más a la hora de definir el futuro de la educación en Chile, que las también valiosas contribuciones, y ciertamente mucho más numerosas, que pueden hacer los otros dieciséis millones ochocientos mil chilenos. Es tiempo de abrir los ojos, devolver a los niños a las salas de clases y retomar una conducción civilizada y adulta de nuestra sociedad.

 

José Ramón Valente, Foro Líbero.

 

 

FOTOS: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO

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