A varios les debe preocupar ver a la Nueva Mayoría aturdida con el candidato del momento, y advertir que está dispuesta incluso a otorgarle un cheque en blanco, sin mayores garantías… aunque quizás, esto se deba a que la cuenta corriente ya casi no tiene fondos.
Publicado el 26.09.2016
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Poco le bastó al senador Alejandro Guillier para tirarse a la piscina presidencial. Si bien su nombre sonaba desde que asumió como senador en marzo de 2014, fueron las últimas encuestas las que -en apenas unos días- le abrieron definitivamente el apetito. Hace pocas semanas la encuesta CEP lo posicionó como la figura con mayor aprobación ciudadana (está claro que adhesión no equivale a intención de voto, pero de todos modos dicho indicador tiene peso político), y después fue Plaza Pública Cadem, la que dejó entrever lo que ya todos intuíamos: en una contienda frente a Sebastián Piñera, Guillier es más competitivo que el ex Presidente Lagos. Ambos pierden frente a Piñera… pero el primero le saca ventaja al segundo.

A partir de entonces, las redes sociales, los analistas, e incluso alguna parte del oficialismo, han comenzado a levantar el proyecto del senador por Antofagasta. Ciertamente, Guillier tiene ciertos rasgos que lo hacen un candidato muy interesante: no pertenece a la “vieja política”, no se le han conocido boletas ideológicamente falsas, y su afamado paso por los medios y la tribuna pública, como presentador de noticias, Presidente del Colegio de Periodistas e hincha comprometido de Colo Colo, le han otorgado una credibilidad que muchos se quisieran. Por todo esto, personajes emblemáticos de la Nueva Mayoría como Osvaldo Andrade han comenzado a darle su apoyo explícito, en desmedro de los precandidatos de su propia tienda, y el mismo Guillier, quien hasta hace muy poco se consideraba un acérrimo laguista, hoy ha comenzado a señalar que el ex Presidente pertenece a la prehistoria. Por algo, el ex Primer Ministro británico Harold Wilson dijo alguna vez que, en política, una semana es mucho tiempo.

Pese a lo fascinante que puede resultar un outsider carismático como el ex hombre ancla de TVN, y a su rol como miembro del Senado, no debemos olvidar que Guillier sigue siendo un novato en política, y que es poco lo que sabemos de su persona. Ignoramos, por ejemplo, cómo financió su campaña senatorial, emplazada en una zona estratégica para el Estado y los capitales extranjeros. Y, al mismo tiempo, desconocemos casi por completo su talante y vigor electoral. Las campañas presidenciales son verdaderas maratones, en las que no importa tanto el impulso en los primeros metros, sino el aguante frente a las adversidades, las intimidaciones y las crisis. Y en esto, la inexperiencia de los recién llegados puede jugar una mala pasada. Es cosa de recordar el trágico paso de Laurence Golborne por las grandes ligas: tal como Guillier, subió como espuma, pero no fue capaz de soportar la presión.

Quien estudió esto en profundidad fue el recientemente fallecido Richard Ben Cramer. Este periodista es el autor de “What it takes”, una verdadera biblia de más de mil páginas sobre lo que deben hacer los candidatos para llegar a la Casa Blanca. Su título lo dice todo: what it takes hace referencia a hacer “todo lo que sea necesario” para cumplir su objetivo. Maquiavelo no podría estar más orgulloso.

La pregunta crucial es si un candidato, cualquiera, tiene la fortaleza, el empuje y la personalidad para hacer todo lo que sea necesario para ganar… y es sin duda la gran pregunta que debe hacerse Guillier en estos momentos. El precandidato presidencial debe enfrentar hoy al menos dos dilemas, si quiere demostrar que tiene efectivamente “lo que se necesita”. El primero es energético: una campaña presidencial exige esfuerzos sobrehumanos al candidato, que muchos no están dispuestos a enfrentar. Hay que tener mucha ambición política para levantarse con ánimo a las seis de la mañana y acostarse a la una de la madrugada durante 200 días sin parar. Es, probablemente, un plan muy distinto al que el senador tenía en mente cuando pensó en postular al Congreso.

El segundo dilema es estructural. Cramer dice en su libro que no hay que temerle a ser un outsider: En ciertas condiciones, los candidatos deben ir contra todo el orden establecido, incluso renunciando a lealtades o a procesos comunes. En una elección primaria, el senador podría perder frente a Lagos, debido a que en este tipo de elecciones se movilizan las bases militantes y, en éstas, Lagos cuenta con un capital único. Luego, la jugada lógica para Guillier es tomar el camino de los díscolos, y tal como otros, enfocar su carrera hacia la primera vuelta, en soledad.

La pregunta es, entonces, si Guillier está dispuesto a cruzar ese charco, dejando atrás al conglomerado que le dio el respaldo para ocupar un sillón en el Senado. Y aunque no sabemos la respuesta, no es difícil augurar que, sea cual sea, dejará heridos en el camino. Por ello, a varios les debe preocupar ver a la Nueva Mayoría aturdida con el candidato del momento, y advertir que está dispuesta incluso a otorgarle un cheque en blanco, sin mayores garantías… aunque quizás, esto se deba a que la cuenta corriente ya casi no tiene fondos.

 

Roberto Munita, Abogado, Magíster en Sociología y en Gestión Política.

 

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.