Aunque ha tenido más aciertos que tropiezos, los primeros meses de la gestión Piñerista dejan entrever la necesidad de una mayor coordinación desde la Secom sobre el actuar comunicacional del conjunto de ministerios y servicios públicos. Una lógica de War Room que centralice la información, pero también la definición de las estrategias, acciones, tiempos y coordinación del conjunto de actores que estructuran la palabra gobierno.
Publicado el 10.05.2018
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Van dos meses de gobierno y el balance político-comunicacional desde el punto de vista del favor ciudadano es positivo. De acuerdo con la última Adimark, éste alcanza el 54% de aprobación, un alza de cinco puntos en relación a marzo.

Positivo, también, porque Piñera ha sido capaz de controlar su incontinencia verbal. Hoy se muestra más mesurado y reflexivo a la hora de establecer valoraciones políticas, fijar política pública y enfrentar a los medios.

Positivo, porque entendió la importancia de diseñar políticas de Estado desde el diálogo amplio y no desde los maximalismos o cafés ideológicos (como botón de muestra, el grupo de trabajo por la infancia o el “plan impulso Araucanía 2018-2022”, constituido como instancia de diálogo interministerial y con múltiples actores). Eso mismo le ha permitido cumplir con la máxima cesariana de dividir al adversario para gobernar, sin mayores contrapesos y labrando el camino para su continuidad (de políticas y eventualmente de gobierno).

Positivo, asimismo, porque se ha definido un discurso de lo posible y no una propaganda de lo desmesurado e inalcanzable (siempre peligrosa, porque da paso a expectativas luego difíciles de cumplir). Ahí quizás es posible observar una gran diferencia con el primer gobierno piñerista, donde abundaban los ofertones en diversas materias, desde seguridad (acabar con la delincuencia y puertas giratorias) hasta salud (fin de listas de espera en sistema público).

Positivo, porque estratégicamente se establecen ejes temáticos que atienden problemas sociales de grupos más vulnerables (asumidos históricamente como activos propios de la centroizquierda), antes desatendidos o gestionados negligentemente por gobiernos de corte “progresista” (niñez o migración), y con medidas anti corrupción en instituciones del Estado (“Pacogate”). Sin ir más lejos, un estudio de la consultora EvaManagement, que evalúa los temas de política pública sectoriales con mayor incidencia en la valoración positiva de ministros y ministerios, establece, por ejemplo, una correlación estadísticamente significativa entre el alza en el nivel de conocimiento y la valoración del ministro de Defensa en el período marzo-abril, con un posicionamiento ministerial inicial definido desde la lucha decidida por la transparencia de las FFAA, incluyendo su forma de financiamiento (se muestra, además, que en el caso de este ministerio los temas de transparencia institucional y organismos dependientes explican de forma sostenida un alza en el nivel de conocimiento y valoración ministerial en el período 2016-2018).

Es posible observar una gran diferencia con el primer gobierno piñerista, donde abundaban los ofertones en diversas materias, desde seguridad (acabar con la delincuencia y puertas giratorias) hasta salud (fin de listas de espera en sistema público)”.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. También hay elementos por afinar. Entre ellos, el nivel de conocimiento-valoración de algunas carteras que tradicionalmente se muestran o poco relevantes o derechamente mal evaluadas por la ciudadanía (entre las primeras, Bienes Nacionales, Economía o Minería; entre las segundas, Justicia, Salud o Educación). En muchos casos, el desconocimiento o mala evaluación tiene relación con la falta de creatividad y consistencia para mostrar sus ámbitos de acción, el seguir estrategias comunicacionales más bien reactivas a la hora de definir escenarios de riesgo u oportunidades de posicionamiento, pero también por la escasa coordinación, fiscalización y comunicación efectiva del gabinete ministerial con y a través de subsecretarías y órganos dependientes (Estudio EvaManagement, 2017).

Otra debilidad está en el ímpetu comunicacional de algunos ministros clave, que deriva en chascarros y problemas innecesarios para el Ejecutivo (ministro Varela y sus “campeones del sexo”; ministro de Salud y sus particulares cifras de aumento del VIH en Chile; ministro de Justicia y su afirmación que la mayoría de los jueces de este país son de izquierda, por nombrar algunos).

También se observan atisbos de una peligrosa suficiencia y soberbia a la hora de desestimar el efecto de ciertas prácticas poco éticas en tiempos de escrutinio y e intolerancia ciudadana hacia todo tipo de conductas que hablen de nepotismo, amiguismos, conflictos de interés o falta de transparencia en la gestión pública (ahí están los nombramientos de Pablo Piñera en la embajada de Argentina o de Sebastián Sichel en Corfo).

Una debilidad está en el ímpetu comunicacional de algunos ministros clave, que deriva en chascarros y problemas innecesarios para el Ejecutivo”.

Por último, pero no menos relevante, los primeros meses de la gestión Piñerista dejan entrever la necesidad de una mayor coordinación desde la Secom sobre el actuar comunicacional del conjunto de ministerios y servicios públicos. Una lógica de War Room que centralice la información, pero también la definición de las estrategias, acciones, tiempos y coordinación del conjunto de actores que estructuran la palabra gobierno (un modelo parecido al que implantaron en su momento Carville y Matalin en el gobierno de Clinton, o el mismo Alastair Campbell durante la gestión de Tony Blair).

Sobre la consolidación de las virtudes señaladas y un trabajo prolijo respecto de los parámetros comunicacionales al debe, es posible proyectar la continuidad en la valoración positiva y continuidad del actual gobierno.

 

Juan Cristóbal Portales, director Magister en Comunicación Estratégica Universidad Adolfo Ibañez, doctor en Comunicación Política

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRÁN GAETE/AGENCIAUNO