Incluso antes de conocer la voz de los expertos, algunos se apresuran a señalar que la marea roja de Chiloé es responsabilidad de “los poderosos”.
Publicado el 18.05.2016
Comparte:

Aunque aún no ha sido probada científicamente su culpa, ya fueron condenadas. Y es que da lo mismo si las salmoneras envenenaron o no el mar de Chiloé y lo que pueda decir la comisión interuniversitaria independiente que investigará lo ocurrido: el gran jurado de la opinión pública ya dio su veredicto.

De un momento a otro, internautas furiosos de internet  y pseudoecologistas –o por lo menos aquellos que reciclan en los puntos verdes de sus comunas– se transformaron en expertos de la flora y la fauna marina chilota.

Los hombres masa, cada día más mayoritarios y menos reflexivos, necesitan que corra sangre. Pero ahora no de cualquier tipo, sino aquella “azul” que pertenece al grupo de “los dueños de Chile”, quizás para justificar así todas esas paranoias conspirativas, generalmente más propias del History Channel que de la realidad.

No se trata de defender lo indefendible. Los casos de colusión y financiamiento ilegal de la política existen y está muy bien que se haga justicia. Lo mismo  si las salmoneras son halladas responsables. Sin embargo, pareciera que ahora “los poderosos de siempre” (como los llamó el video del gobierno para promocionar la reforma tributaria) ahora son “los culpables de siempre”.

Así, resulta poco conveniente que la naturaleza o el calentamiento global mundial de décadas sean los verdaderos causantes del desastre en Chiloé. Es mejor que la culpa la tenga un rostro claramente identificable y mejor si es un “poderoso”.

Esta suerte de caricatura sobre los “dueños de Chile”, los “titiriteros del poder”  –un poco verdad, un poco mentira-, que se ha venido repitiendo una y otra vez en los últimos años, ha sido avivada, aprovechando estas coyunturas, por aquellos que pontifican y veneran, como única forma de comprender las relaciones humanas, la lucha de clases (aunque mucho más sutil, democrática y a la moda que la de los intentos revolucionarios fallidos del siglo XX). En el fondo, lo fundamental no es si el mar está envenenado. Lo que importa es avivar la hoguera ideológica. Da lo mismo que las salmoneras puedan haber traído empleo y desarrollo; ellas son las culpables no solo de la marea roja, sino de cambiar con su capital “el estilo de vida de los chilotes”. Ese es el verdadero argumento que esgrimen. Y es que nada mejor para tranquilizar las conciencias neo-revolucionarias y neo-estatistas que ese paternalismo cultural que decide, desde la comodidad del mundo globalizado, quiénes y cómo deben ser parte de la modernidad, de sus progresos y también de sus bemoles.

No se trata de defender el progreso por el progreso, que destruye ecosistemas y culturas, y que, finalmente, nos inhumaniza; muy por el contrario, de distinguir cuándo existen acusaciones justas y cuándo detrás de ellas se esconden agendas ocultas. Así, mientras los verdaderos expertos no den su dictamen respecto de lo que ocurre en Chiloé, lo mejor será ser cauto y esperar.

 

Francisco Javier Tagle, Académico Universidad de los Andes.

 

 

FOTO:FELIPE GUARDA/AGENCIAUNO