Los argentinos que concurrieron en masa a comprar a Chile, luego de la liberación del cepo cambiario por parte del presidente Macri, más los chilenos que no pudieron veranear en el exterior por lo oneroso del tipo de cambio, salvaron a la economía chilena de la primera contracción económica auto infligida en casi 40 años de historia.
Publicado el 07.05.2016
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Como es usual, cuatro veces al año, el Banco Central de Chile publica su Informe de Percepción de Negocios (IPN), que a diferencia del IPOM, es un documento que contiene el resumen de las opiniones recogidas por éste a la administración de alrededor de 190 empresas a lo largo del país. La gracia de este informe es que las visiones que contiene no coinciden necesariamente con la evaluación que el consejo de la institución tiene sobre la coyuntura económica.

Este IPN apareció hace pocos días, y en términos generales la tónica fue parecida a la de los informes previos. Esto es los pronósticos económicos de los encuestados siguen siendo que la desaceleración económica no cambiará hasta fines del 2017, que se invertirá lo justo y lo necesario como para lograr ajustes de costos para “mantener” márgenes y que la discusión de las reformas es lo que los hace frenar cualquier intento de inversión por sobre ello.

Lo que sí hace una diferencia con los informes anteriores son a lo menos dos cosas relevantes para el desempeño económico futuro. El primero es que el inesperado, por mi persona al menos, y bastante pusilánime crecimiento de los meses de enero, febrero y marzo, se explicaría por los buenos resultados de los sectores ligados al turismo y al comercio producto de la temporada de verano y, en particular, de turistas argentinos. Es decir, los argentinos que concurrieron en masa a comprar a Chile, luego de la liberación del cepo cambiario por parte del presidente Macri, más los chilenos que no pudieron veranear en el exterior por lo oneroso del tipo de cambio, salvaron a la economía chilena de la primera contracción económica auto infligida en casi 40 años de historia.

Lo segundo, y que resulta obvio del análisis anterior, es preguntarse qué tan perdurable será este efecto en la economía. La respuesta la entrega el mismo IPN. Todos sabemos que tanto el sector público como el sector construcción han sido puntales importantes en la creación de empleo en el último año, lo que ha evitado que esta desaceleración económica se transforme en una contracción o simplemente en una recesión. El problema, por una parte, es que ya sabemos que el fisco tiene un presupuesto mucho menos generoso que el del 2015, así que su capacidad para contratar más el 2016 será muy limitada, lo cual no quiere decir que en esto coincida con la retórica interesada de la ministra del Trabajo en su ignota explicación del aumento del desempleo.

Por otra parte, y esto sí es novedad del IPN, los entrevistados destacan, en lo referente a las ventas inmobiliarias, y cito textual, “la preocupación de que se incremente significativamente el desistimiento de promesas de compra en los próximos meses”. En conclusión, la exención del IVA en la venta de departamentos nuevos, que indujo a crear una burbuja inmobiliaria, y un notable incremento en la mano de obra del sector construcción, está comenzando a desinflarse rápidamente, tanto por la preocupación de las personas a quedarse sin trabajo, lo que inhibe la intención de compra, como por mayores exigencias de los bancos. Es decir, los dos motores que mantenían el crecimiento económico a duras penas por sobre el estancamiento, comienzan a perder fuerza más visiblemente.

Por último, y lo que sería la guinda de la torta, el IPN menciona que en el mercado laboral destaca la percepción de mayores holguras que se deriva de más personas buscando trabajo y de una baja en las pretensiones salariales. Esto es, la variable económica que mostraba una resiliencia que desafiaba las leyes económicas más básicas, de la cual ciertos políticos se mofaban y soslayaban, comienza a mostrar su triste realidad, la de un deterioro manifiesto en la calidad del empleo junto con un incremento de los desempleados.

Puede que el IMACEC de marzo, 2.1% de crecimiento anual, estuviera dentro de lo esperado, y que comparado con los dos meses anteriores fuese al alza, pero cuando a dicho indicador se le extraen los elementos estacionales (turismo veraniego) y los aleatorios (argentinos comprando bienes durables), éste sigue fluctuando, para dichos tres meses, en el rango de 1.5% anual.

Sin embargo, y a pesar de que se sorteó una eventual contracción, en parte gracias a los argentinos, lo relevante es dilucidar hacia dónde va la economía chilena en términos de crecimiento. Mi pronóstico es que el segundo trimestre será igual o más duro que el primero, pues en abril las expectativas vuelven a mirar al sur, y si le agregamos el creciente e inatajable deterioro que sufrirá el mercado laboral, entonces será difícil, por no decir imposible, que hacia fines del segundo trimestre las cosas mejoren. Si a lo anterior le agregamos tanto la desprolijidad administrativa del gobierno como el habitual festival de declaraciones con evidentes propósitos electorales antes de las municipales, entonces la confianza de consumidores y empresarios se inhibiría aún más. Es cierto lo que dijo nuestra Presidente, que cada día puede ser peor, y en materia de crecimiento económico, ello pareciera ser una realidad.

 

Manuel Bengolea, Estadístico de la PUC y MBA de Columbia, NY.

 

 

FOTO: RODRIGO SÁENZ/AGENCIAUNO.