Es verdad, cada cierto tiempo se registra una captura importante o las luchas entre los mismos carteles van debilitando a unos en favor de otros. Sin embargo, son batallas, aún muy lejos de ganar la guerra.
Publicado el 16.01.2016
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Es probable que en este preciso instante, en Hollywood ya estén escribiendo el guión de la película sobre la recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del poderoso Cartel de Sinaloa. Un sorprendente episodio que combina narcotráfico, corrupción y hasta figuras del mundo del espectáculo.

Sin embargo, más allá de la insólita cercanía que se fue creando entre Guzmán (58 años) y la actriz Kate del Castillo, si efectivamente el interés por filmar una película sobre su vida fue lo que acabó delatando su ubicación o cuáles son los alcances periodísticos y éticos de la entrevista que le hizo Sean Penn para la revista “Rolling Stone”, lo cierto es que su captura abre una serie de escenarios que vale la pena explorar.

El primero es qué pasará con Guzmán. Actualmente se encuentra de regreso en la cárcel de máxima seguridad de El Altiplano, aunque no en la misma celda que ocupó hasta su última y espectacular fuga en 2015. Por el contrario, está en una dependencia reforzada con barras metálicas en el suelo, precisamente para evitar la construcción de un nuevo túnel (una de sus especialidades).

Con su nueva captura, el gobierno del Presidente Peña Nieto se reivindica en parte ante la opinión pública y la comunidad internacional. Es que el escape de “El Chapo” -uno de los hombres más ricos de México, según “Forbes”- había dejado en evidencia una serie de irregularidades y sobornos en dicha cárcel, que inevitablemente afectaron la imagen de su gobierno.

En ese contexto, la justicia mexicana debiera estar trabajando contrarreloj, ya que la posibilidad de extraditar a Guzmán a Estados Unidos es una realidad, aunque todo indica que podría demorar hasta un año.

Actualmente “El Chapo” tiene causas abiertas en Arizona, California, Texas, Illinois, Nueva York y Florida. Y el anuncio de que EE.UU. (que ofrecía una recompensa de US$ 5 millones por él) no le aplicaría la pena capital, es una demostración del interés del gobierno estadounidense por tenerlo bajo su custodia. Es que para la DEA, el líder del Cartel de Sinaloa es un “premio mayor”; una figura clave de la cual obtener valiosa información sobre cuentas, rutas, contactos y sobornos -tanto en México como EE.UU.-, entre otros temas.

Un segundo aspecto es qué pasará con el Cartel de Sinaloa, el cual nunca dejó de operar mientras su líder estuvo preso. De hecho, lo más factible es que mientras Guzmán permanezca en suelo mexicano, continuará dando órdenes.

Se dice que tomaría el control su socio, Ismael “El Mayo” Zambada (69), pero que por su edad tendría que compartir el poder con los hijos de “El Chapo”: Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar. Frente a lo cual se descarta una lucha interna, en favor de mantener el funcionamiento de la organización criminal.

Fuentes de EE.UU. también mencionan el nombre de Dámaso “El Licenciado” López Núñez (49), quien ha sido hombre de confianza de Guzmán y lo ayudó a escapar del penal de Puente Grande (Jalisco) en 2001.

La recaptura de “El Chapo”, sin duda, es un hito en el combate al narcotráfico mexicano. Pero aún se está muy lejos de derrotar a organizaciones como Los Zetas, los Beltrán Leyva, La Familia Michoacana o Jalisco Nueva Generación. Es una tarea de extrema complejidad y de inciertos resultados, tal como quedó demostrado durante el sexenio del Presidente Felipe Calderón (2006-2012), cuya lucha al tráfico de drogas en México dejó cerca de 70 mil muertos.

Es verdad, cada cierto tiempo se registra una captura importante o las luchas entre los mismos carteles van debilitando a unos en favor de otros. Sin embargo, son batallas, aún muy lejos de ganar la guerra. La demanda constante de droga por parte de EE.UU., la corrupción transversal, la rentabilidad de este negocio ilegal y el fácil acceso a armas de alto poder son elementos que convierten a la captura de “El Chapo” en un paso más en la dirección correcta, pero en un camino demasiado largo.

 

Alberto Rojas M., director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Finis Terrae.