Los próximos serán meses durante los cuales la izquierda va a usar las armas a las recurre cuando se ve acorralada: la lucha de clases que criminaliza la riqueza, el odio contra quienes no adhieren a sus banderas, y la descalificación de miles de chilenos que irán sumándose a la “onda Piñera”.
Publicado el 24.03.2017
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Termina una muy buena semana para Chile Vamos, por la energía que generó el encuentro con Sebastián Piñera y por la unidad que mostraron sus partidos. Tan evidente es esa cohesión, que para Ricardo Lagos se ha convertido en la principal señal de una posible derrota: “Al frente tenemos un grupo compacto”, dijo.

Para lo que viene —primarias, elección presidencial y un posible Gobierno— la centroderecha cuenta con importantes ventajas respecto del año 2009.

La primera: la consolidación de Chile Vamos como una coalición más sólida y diversa, que –a diferencia del karma permanente de la Nueva Mayoría– comparte posiciones en lo esencial: democracia, progreso social con crecimiento económico y justicia, una cultura que valora el mérito y concibe los derechos con deberes, tolerancia cero a la violencia, dignidad de la persona humana. Y, hasta ahora al menos, ha comprendido que en esa unidad caben diferencias, algunas más profundas que otras, y que forman parte justamente de su riqueza política.

El sector, además, ha sumado al trabajo político en estos años a cientos de jóvenes e independientes que se acercan a este mundo por primera vez, quienes en su mayoría formaron parte del Gobierno de Sebastián Piñera. Un grupo importante de esa nueva generación ha hecho un trabajo notable e inédito en la centroderecha: estudiar con seriedad y socializar durante estos años en la oposición, en torno a las ideas que deben sustentar su proyecto político, para que trascienda a un mandato presidencial y sea muchísimo más que una lista de tareas para un programa de Gobierno.

Chile Vamos cuenta hoy, además, con la experiencia de haber gobernado a Chile durante cuatro años, después de 50 sin acceder al poder democráticamente, demostrando que sus ideas, bien implementadas, generan progreso social, y que una buena gestión no es una cuestión menor (baste recordar la reacción del Gobierno de la NM ante los incendios de este verano o el retraso en las reconstrucciones post terremotos, aluviones, etc.).

Claro que no basta con la propia experiencia. Tal como están las cosas, es tanto o incluso más importante estudiar lo ocurrido con Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría: una coalición fundada solo para ganar una elección, sin un proyecto político compartido; un programa irresponsable, que convirtió consignas de la izquierda en reformas emblemáticas; un Gobierno que se negó a buscar acuerdos con la otra parte de Chile en temas fundamentales. Y, tal vez lo peor de todo y que hoy les impide levantar una opción presidencial unitaria, un Gobierno con nula autocrítica, paralizado frente a los problemas que él mismo ha generado en estos años.

Están también las dificultades. La campaña contra Sebastián Piñera ha sido canallesca, pues primero se pretendió desanimarlo de enfrentar una candidatura presidencial y ahora se propone hostilizar a sus hijos. Los que vienen serán meses durante los cuales la izquierda va a usar las armas a las recurre cuando se ve acorralada: la lucha de clases que criminaliza la riqueza, el odio contra quienes no adhieren a sus banderas, y la descalificación de miles de chilenos que irán sumándose a la “onda Piñera” (lo de “fachos pobres” no es para la risa, es la esencia del sectarismo).

Pero la mayor dificultad que habrá que enfrentar dentro de un año es que tenemos un Chile distinto al que dejó el Presidente Piñera cuando cruzó las puertas de La Moneda el 11 de marzo de 2014, un país con pesadas mochilas, partiendo por una economía que en tres años pasó del mejor al peor momento de las últimas tres décadas, un Estado endeudado con reformas a medio camino, una gestión desordenada, procesos de reconstrucción atrasados, desconfianza en todo y en todos, decepción, etc.

Tengo la total certeza del coraje y de la vocación de Sebastián Piñera para hacer frente a todo lo anterior, y a la vez confianza en la capacidad y en la madurez que ha alcanzado Chile Vamos.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

 

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