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Publicado el 08 de diciembre, 2014

“Lo hicimos de nuevo”: Lo que la NM debe pensar, pero no puede decir

Segundo gobierno de los mismos actores e igual diagnóstico en etapa equivalente.
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Según el director de la encuestadora Adimark, Roberto Méndez, la baja en el apoyo a la gestión de Michelle Bachelet “en ningún caso puede ser atribuida a la labor de la derecha”, ya que “el sondeo arroja una mala evaluación a la gestión política en general”. Además, destacó que los ministros del Gobierno también aparecen “muy mal evaluados, especialmente el titular de Educación”.

Eso opinaba Méndez el 7 de julio de 2006.

Como sabemos, lo que opina a propósito de la encuesta Adimark conocida este miércoles es más o menos lo mismo que hace ocho años: que el gobierno de Michelle Bachelet exhibe fallas de gestión política, que la oposición no tiene nada que celebrar y que el ministro de Educación saca nota roja (antes Zilic, hoy Eyzaguirre). No deben ser inventos suyos, porque la Nueva Mayoría recién tuvo un cónclave para analizar lo que el presidente de la DC llamó, precisamente, un “déficit en la gestión política”.

Segundo gobierno de los mismos actores e igual diagnóstico en etapa equivalente. Demostración empírica de que no cabe esperar resultados distintos cuando no cambian los parámetros del experimento.

En 2005, los mandamases de la Concertación se resignaron a que una figura que no era de su agrado —porque no era parte de las cúpulas, porque tenía escasa trayectoria política y porque abrigaba claras pretensiones de mandarse sola— fuera la candidata presidencial para un cuarto gobierno de la coalición. Lo hicieron a regañadientes sólo porque las encuestas no les dejaban alternativa: simplemente no había nadie que pudiera competir en popularidad con la ex ministra, y el desgaste del conglomerado era tal, que pocos confiaban en extender por otros cuatro años (a dos décadas ininterrumpidas) su permanencia en el poder.

La rebautizada Nueva Mayoría volvió a hacer exactamente lo mismo en 2013, pero no movida por el miedo a perder el poder, sino por el afán de recuperarlo: a sus principales líderes seguía sin gustarles Bachelet y nuevamente la entonces jefa de la ONU Mujer era la única esperanza de instalarse en La Moneda. Y de nuevo les funcionó.

Lo que quizás no imaginaron fue que ella también replicaría, en líneas generales, el libreto inicial de su mandato anterior: gobernar con un círculo estrecho de asesores de confianza, mantener a distancia al establishment de su coalición y apoyarse en su popularidad para llevar adelante una agenda esencialmente de cosecha propia. “Parece que la hicimos de nuevo”, deben estar pensando hoy varios de los mismos personajes, sin atreverse a decirlo en voz alta.

En 2006 esa estrategia generó un vacío de gestión política que hizo que Bachelet anunciara su primer recambio de ministros a apenas cuatro meses de haber llegado al Gobierno. Quizás no tan curiosamente, algo casi idéntico pasó después con Sebastián Piñera y su “gobierno de los mejores”, que a poco andar tuvo que llamar a figuras conocidas de la Alianza para suplir sus propias falencias en el mismo ámbito.

¿Será que ahora se aproxima otro rebaraje ministerial para sacar de apuros (o al menos intentarlo) a una administración que paga los costos de su escasa muñeca política? ¿Habremos entrado en un patrón recurrente, una suerte de deprimente déjà vu infinito, de falta de dedos para este piano en particular? Si en verdad fuera así, lo que sigue es que en 2017 la izquierda pierda el Ejecutivo a manos de la derecha (¡Incluso con probable nueva entrega de banda presidencial de Bachelet a Piñera!), y que ésta vuelva a obtenerlo sin haber hecho méritos suficientes.

Se dice que la historia se repite la primera vez como tragedia y la segunda como farsa. En Chile parecemos empeñados en averiguar cómo se repite la tercera vez… y quién sabe cuántas más.

 

Marcel Oppliger, Periodista periodista y coautor de “El malestar de Chile: ¿Teoría o diagnóstico?”, junto a Eugenio Guzmán.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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