Ejemplos en Sudamérica como Puerto Quijarro y Corumbá; Ciudad del Este y Foz de Iguazú; Brasilea y Cobija o Chuí y Chuy, hacen pensar que sí es posible que turistas que sólo van hasta la ciudad vecina puedan cruzar libremente sin todo el desgastante papeleo que implica el cruce entre Chacalluta y Santa Rosa.
Publicado el 24.05.2015
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Cruzar fronteras siempre ha tenido un dejo de emocionante, de aventura, de dejar un país para saltar a otro en cosa de metros. Pero el cruce de fronteras en Chile con los países vecinos puede llegar a perder todo el sentido aventurero y transformarse en una irritante experiencia. No recuerdo un solo cruce relativamente expedito por las principales fronteras de nuestro país.

Es sabido que el mayor de los desastres se produce en Los Libertadores, donde no importan las mejoras que se hagan, en época de vacaciones o feriados las esperas son de varias horas, las que hacen que se te quiten completamente las ganas de viajar. No importa que la infraestructura para acoger al estoico viajero crezca o la existencia de los llamados “controles integrados”, cuyo fin ideal de agilizar los trámites sigue siendo ilusión. Y en la mayoría de los casos todo este suplicio es para simplemente pasar el fin de semana largo en Mendoza. Tanta inversión de horas a la ida y vuelta a veces sencillamente no compensa la promesa de relajo en aquella agradable ciudad trasandina.

El cruce por la frontera de Colchane, al interior de Iquique, es otra prueba a la paciencia. Aquí también hay controles integrados, pero que funcionan con horarios distintos, de acuerdo a la diferencia horaria con Bolivia. Entonces se da el disparate de que cuando el oficial de migración de un país atiende, el puesto del lado está cerrado, ya que a esa hora en ese país se almuerza. Y vamos esperando. O peor aún: que, al final de la tarde, un puesto cierre antes que el otro y de ahí hasta el otro día, ya que no hay horario continuado 24 horas. En aquel complejo no hay indicaciones claras sobre el orden de los trámites a realizar y, en el caso de los vehículos particulares, para ingresar a Bolivia se debe cruzar la frontera a pie hasta el lado boliviano, con el fin de hacer el burocrático papeleo para internar el auto, y luego regresar a pie al lado chileno.

Para los pasajeros de los buses internacionales la tortura puede ser mayor. Es posible encontrarse con un atasco de varias máquinas, con promedio de dos horas de trámites por cada bus. Si se arribó en cuarto lugar, por ejemplo, se puede llegar a esperar hasta seis horas para ser controlado.

Con tanto ir y venir por las fronteras nacionales, he visto que las más expeditas son -de perogrullo- las menos transitadas, las más remotas. Ejemplo: los pasos de Agua Negra y San Francisco, en las regiones de Coquimbo y Atacama respectivamente. Pero son la excepción justamente porque su número de usuarios no es tan alto como en el caso de las instalaciones limítrofes más “tradicionales”.

Así que vamos a una de las fronteras más usadas del país: la “puerta norte”, Chacalluta, que separa a las ciudades de Arica y Tacna. Esa sí que la he transitado cientos de veces, podría tener un magister en cruzarla, pero cada vez que llego es casi como si fuera la primera. Siempre hay una nueva sorpresa. La última que me tocó fue hace algunos meses, al ir a pasar un fin de semana a Tacna. Iba en un vehículo perteneciente a una sociedad propiedad de mi padre, un jeep con el que ya había cruzado por ahí mismo en otras oportunidades. Al igual que en esas ocasiones, llevaba todos los poderes y autorizaciones necesarios, pero a los burócratas de turno esta vez se les ocurrió que el famoso poder debía, además, legalizarse en el consulado de Perú en Arica. Y como era sábado, obviamente estaba cerrado. Hablé con todo el mundo, hice notar que nunca se me había pedido ese trámite antes, pero no hubo caso. La única solución: o devolverme y abortar el viaje (que no es ninguna solución) o dejar el auto en el complejo peruano, a la buena de los guardias y policía, y seguir a Tacna en transporte público, que fue lo que finalmente hice. Me imagino que esta exigencia debe ser la misma para los vehículos peruanos (legalizar en el consulado de Chile en Tacna).

Y es que pese a que efectivamente se nota algo de mayor agilidad en los trámites fronterizos de Chacalluta-Santa Rosa -sería injusto decir que nada ha mejorado en años, partiendo por la infraestructura-, éstos todavía son engorrosos y lateros. El famoso y añoso papel de la “relación de pasajeros” –donde se deben repartir cuatro copias entre los dos países- queda reducido a un festival de múltiples timbrados de las autoridades de Chile y Perú que sólo inciden en la demora. Este documento –que encima se vende- ni siquiera está disponible en la frontera, lo que origina que un conductor novato en ese cruce deba incluso devolverse a Arica o Tacna para adquirir uno, si no encuentra a un taxista voluntarioso que se lo facilite (o venda). Tampoco hay ningún letrero que advierta la necesidad de adquirir el dichoso papelito en una de estas dos ciudades antes de desplazarse al complejo.

Aun así, es sorprendente la cantidad de chilenos -mayormente ariqueños- que se dan toda la lata y cruzan a Tacna por el día, ya sea para probar su deliciosa gastronomía, ir al médico o dentista (más baratos que en Chile y no necesariamente de menor calidad), de compras o también a pasar un fin de semana. Y que no van más allá de esa ciudad. Con este gran flujo de visitantes –que apareja uno de los mayores ingresos económicos de los tacneños-, sería recomendable replicar para Tacna y Arica el mismo modelo de libre tránsito entre ciudades fronterizas que en otras zonas de Sudamérica. Ejemplos como Puerto Quijarro y Corumbá (Bolivia-Brasil); Ciudad del Este y Foz de Iguazú (Paraguay-Brasil); Brasilea y Cobija (Brasil-Bolivia) o Chuí y Chuy (Brasil-Uruguay), hacen pensar que sí es posible que turistas que sólo van hasta la ciudad vecina puedan cruzar libremente sin todo el desgastante papeleo que implica el cruce entre Chacalluta y Santa Rosa (en promedio 1 hora y media de ida y otra de vuelta).

Esta posibilidad significaría que quienes deseen seguir más allá de Tacna o Arica deban realizar el correspondiente trámite de migración y aduana, siendo controlados en recintos a la salida de cada ciudad. En efecto, un poco más allá de Tacna se encuentra la aduana de Tomasiri, la que certifica que los vehículos y viajeros que prosiguen al norte estén con su documentación al día. De concretarse esta modalidad implicaría un gran incentivo al turismo en ambas ciudades y no un gran esfuerzo de infraestructura de parte de las autoridades. Quienes plantean que eso podría fomentar la inmigración ilegal a escala masiva tapan el sol con un dedo, ya que un control eficaz de ésta no significa obstaculizar el tránsito fronterizo con papeleo que, además de tedioso, llega a ser absurdo.

 

Bruno Ebner, Periodista.

 

 

FOTO:MATIAS TORRES/AGENCIAUNO