Un Estado subsidiario es la mejor respuesta conocida para proteger las libertades individuales y por ello cada vez que el Estado participa en actividades donde podrían estar los privados, la libertad resulta coartada y se atenta contra este preciado bien social.
Publicado el 15.02.2018
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“Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”: Artículo 1ro de la Constitución Política del Estado de Chile. Esto debería ser suficiente para entender que nuestro país tiene un ideario central basado en la libertad.

¿Pero se es libre cuando el Estado impone dónde debo educar a mis hijos? ¿Se es libre cuando el Estado resta recursos privados para financiar la educación de algunos pocos en desmedro de otros muchos? ¿Se es libre cuando se podría obligar a un trabajador a imponer sus cotizaciones previsionales en una administradora del Estado? Me da la impresión que no.

Pues bien, parece que hay una cuestión de fondo en cuanto a las libertades, ya que no es un tema de la elite intelectual, sino más bien de todas y cada una de las personas. Primero que todo, ejercer la libertad es más que el solo acto de decidir, ya que para cualquier persona debería haber alternativas, para así poder optar entre ellas frente a cualquier decisión; aunque en algunos casos, esa libertad está inmersa  en el derecho de otros, como ocurre con el aborto, por ejemplo. No es que la libertad sirva para ejercer un supuesto derecho de abortar, pues ello desconoce el derecho que tiene un niño de nacer (que al ser abortado termina siendo un delito de asesinato alevoso sobre quien no se puede defender).

Volviendo a las libertades individuales, el rol del mercado es fundamental para dar ese marco de elección y alternativas. Larga ha sido la discusión sobre los bienes públicos y privados, así como sobre quién los provee, y hemos sido testigos en estos cuatro años de cómo el gobierno ha ido, paso a paso, cercenando libertades con sus reformas mal implementadas y ampliamente rechazadas, que han relegado el rol de mercado a un plano secundario y limitado la posibilidad de elegir.

A la famosa tómbola que inventó el gobierno para imponer a las familias el colegio de sus hijos se sumó la crítica profunda de los rectores de las universidades que adscribieron a la gratuidad. ¿En verdad los máximos directivos de las casas de estudio más importantes del país pensaron que apoyando la educación gratis iban a contar con los mismos recursos que sin ella? Era obvio que habría fijación de precios en los aranceles que pueden cobrar y, por lo mismo, perdieron toda la libertad de disponer con recursos adicionales siempre necesarios para hacer más que sólo docencia, ya que dejarán de hacer investigación o ya será más difícil renovar equipamiento.

Creo en el rol del Estado para generar las condiciones en las cuales los mercados se desarrollen de forma sana sin abusos de ningún tipo y en que se respeten las condiciones de libertad. Pero no olvidemos que los mercados, por más que queramos, no funcionan de forma eficiente, ya que en la mayoría de los casos hay asimetrías de información que influyen en que unos saben más que otros sobre un determinado bien o servicio.

Ahí es donde el Estado tiene un rol fiscalizador relevante y, además, puede corregir esas fallas de mercado entregando buena información para la toma de decisiones, pero además regulando el funcionamiento adecuado para que todos tengan acceso a los beneficios de la libertad.

Un Estado subsidiario es la mejor respuesta conocida para proteger las libertades individuales y por ello cada vez que el Estado participa en actividades donde podrían estar los privados, la libertad resulta coartada y se atenta contra este preciado bien social.

Sólo alcanzando la libertad se logra que una nación salga adelante y que exista la posibilidad de llegar al desarrollo económico.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO:  FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO