Vale la pena conocer la fascinante vida del creador del primer régimen comunista de la historia. Entre las varias investigaciones y trabajos sigue resultando fundamental la obra de Robert Service: Lenin, Una biografía (2001). Libro a la vez atractivo y erudito, bien escrito y con abundante información. Trata de la vida política de Lenin, pero también de sus características personales, su formación intelectual, sus manías y compleja personalidad. Como buena biografía, además, permite conocer tanto al hombre estudiado como a su tiempo histórico.
Publicado el 29.07.2017
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Una comprensión histórica del siglo XX muestra necesariamente a la Revolución Bolchevique de 1917 como uno de sus hitos centrales y a Lenin como uno de sus líderes fundamentales. De un año a otro, la historia cambió para siempre, en el contexto de la Primera Guerra Mundial y en un escenario siempre difícil de predecir. Muchos pensaban que Rusia instauraría, tras la caída de los zares, una democracia liberal parlamentaria, y que pasaría a formar parte de las naciones democráticas de Occidente. La historia dio un giro inesperado, y en ese escenario nació y se desarrolló el primer proyecto comunista en el mundo. En el Centenario de la Revolución, conviene conocer mejor a su líder máximo.

Vale la pena conocer a Wladimir Illich Ulianov, Lenin. Se trata de una figura brillante en lo intelectual y que logró convertir su ideología en acción, pasar de los libros y folletos a la acción. Nació en 1870 y durante su vida pública escribió miles de páginas de documentos, libros, cartas, posiciones políticas, llamados a la acción y artículos de prensa. Sin embargo, su momento culminante se produjo precisamente en 1917, tras la caída de los zares, cuando lideró la revolución de los bolcheviques contra el régimen de Kerensky. Desde ahí en adelante pasó a ser la figura fundamental del nuevo régimen comunista, organizador de la Unión Soviética y fiel reflejo del pensamiento marxista ruso, del cual pasó a ser el principal referente intelectual y práctico. Sin embargo, apenas seguiría siete años más con vida, y al fallecer en 1924 dejó un espacio que llenó Stalin, quien gobernaría por tres décadas.

Vale la pena conocer la fascinante vida del creador del primer régimen comunista de la historia. Entre las varias investigaciones y trabajos sigue resultando fundamental la obra de Robert Service, Lenin. Una biografía (Madrid, Siglo XXI, 2001). Se trata de un libro a la vez atractivo y erudito, bien escrito y con abundante información. Trata de la vida política de Lenin, pero también de sus características personales, su formación intelectual, sus manías y compleja personalidad. Como buena biografía, además, permite conocer tanto al hombre estudiado como a su tiempo histórico, única manera de que una obra de interés individual se transforme en un trabajo de mayor relevancia.

La obra se divide en cuatro partes. Las dos primeras se concentran en la vida de Lenin antes de 1917: una se refiere a la vida de los Ulianov, la infancia y el nacimiento de un líder rebelde, hombre “extremadamente inteligente, de una coherencia profunda y precisa”, según lo definió un profesor. Pronto se transformaría en un joven rebelde que adoptó “la visión del mundo y las aspiraciones de un revolucionario”, en parte a través de su hermano Alejandro, que a su vez se había manifestado contra el régimen zarista y terminó sus días condenado a muerte por participar en la organización de un atentado terrorista. Esto marcaría el distanciamiento de los Ulianov con la monarquía.

En cuanto a la actividad política, Lenin adscribió a la socialdemocracia rusa, pero rápidamente encabezó un grupo dentro de este conglomerado: serían conocidos como los bolcheviques. En su calidad de organizador político viajó por Europa, hizo contactos con partidos afines, escribió en órganos de prensa y trabajó intensamente para formar un movimiento de revolucionarios profesionales, como expuso en ¿Qué hacer? (1902), una de sus obras más famosas. Ahí planteó la necesidad de dar forma a un partido clandestino, que fuera centralizado y disciplinado, unido en torno a una estrategia y una ideología básicas. “¡Dadnos una organización de revolucionarios y removeremos Rusia en sus cimientos!”, fue una de sus frases que cobraría especial fuerza en torno a la Revolución Bolchevique.

En medio de la Primera Guerra Mundial y la decadencia irreversible del régimen zarista, se dio la coyuntura precisa para que Lenin encabezara el cambio de sistema político en Rusia, incluso ante la incredulidad de muchos de sus correligionarios. De esto tratan los dos capítulos finales de la biografía: “La toma del poder” y “La defensa de la Revolución”. En este nuevo escenario, con “el poder al alcance de la mano”, Lenin emprendió la redacción definitiva de El Estado y la Revolución, una obra fundamental, lapidaria contra quienes a su juicio habían relativizado o traicionado a Marx, y que exponía el tránsito hacia la sociedad comunista. En ese contexto, como expresa Service, se aprecia un criterio fundamental de moralidad leninista: “¿Apoya u obstaculiza determinada acción la causa de la revolución?”. Esa era la pregunta en el momento decisivo que vivía la sociedad rusa. Una de las fórmulas que utilizó el líder bolchevique durante 1917 fue “todo el poder para los soviets”, que fue significando de manera cada vez más nítida provocar la insurrección, de la cual Lenin fue la cabeza con la toma del poder en octubre.

La vida en el gobierno, la construcción de un nuevo Estado, la administración del poder al interior de la izquierda rusa y frente a los múltiples opositores, sin duda fueron tareas difíciles y llenas de obstáculos, que Lenin iría desafiando en parte mediante la teoría, en parte mediante su intuición y sus resoluciones. Lenin usaría el poder con clara determinación y sin contemplaciones que permitieran una eventual derrota, como expresó en una carta a los bolcheviques en 1918, que Service reproduce:

“Camaradas: La insurrección de cinco distritos de kulaks debería sofocarse implacablemente. Los intereses de toda la revolución exigen hacerlo, porque se está librando en este momento en todas partes ‘la última batalla decisiva’ contra los kulaks. Es necesario dar un ejemplo:

  1. Ahorcar (y asegurarse de que se haga a plena vista de todos) a un mínimo de cien kulaks ricos y explotadores conocidos.
  2. Publicar sus nombres.
  3. Requisarles todo el grano que tengan.
  4. Designar rehenes de acuerdo al telegrama de ayer.

Hacerlo de tal modo que en cien kilómetros a la redonda la gente pueda ver, temblar, saber, gritar: están ahorcando y ahorcarán a los kulaks explotadores.

A la recepción del telegrama, puesta en práctica.

Vuestro, Lenin.

Buscad gente dura de verdad”.

Como explica el autor de Lenin. Una biografía, “estas palabras eran tan chocantes en el tono y en el contenido que se mantuvieron secretas durante el período soviético”, y sólo pudo consultarse el archivo tras ser desclasificado. Esto permite no sólo conocer mejor al fundador del régimen socialista en la Unión Soviética, sino sobre todo a tratar de entender que “el Estado que Lenin creó sobrevivió intacto durante más de siete décadas”, lo cual ayuda también a comprender mejor el régimen de Stalin, “genial” continuador de Lenin, como lo llamaron sus partidarios.

Pero ésa ya es otra historia, que ciertamente también ha sido parte del interés de Robert Service. El profesor de la Universidad de Oxford cuenta, además, con otras dos excelentes biografías, una sobre el propio Stalin y otra sobre Trotski, que se transformaría en su gran enemigo. Temas en los cuales también vale la pena adentrarse en esta fascinante y dramática historia del siglo XX.

 

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad San Sebastián, director de Formación del Instituto Res Publica (columna publicada en El Imparcial, de España)