Los comicios del domingo en España dejan un claro ganador: Mariano Rajoy y el Partido Popular. Todos los demás han sufrido algún tipo de retroceso. Se abre así un nuevo ciclo, donde la estabilidad y moderación han triunfado.
Publicado el 30.06.2016
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Al mismo tiempo que los fanáticos aplaudían el final de la sexta temporada de “Games of Thrones” (por cierto, la serie favorita del líder de Podemos, Pablo Iglesias) paradójicamente en España comenzaba una nueva temporada para iniciar la búsqueda de quien, al igual que en la serie de HBO, pueda sentarse en el “trono de hierro” y gobernar todos los reinos. En España ese trono vendría a ser el Palacio de la Moncloa.

La jornada electoral del domingo tuvo un resultado inesperado. Ningún analista y ninguna encuesta electoral anticipó el resultado que finalmente dio un solo ganador: el Partido Popular y muy especialmente su líder, Mariano Rajoy.

Al igual que en las elecciones del pasado 20 diciembre, todos esperaban que el Partido Popular liderara las votaciones. Pero no sólo ocurrió así, sino que obtuvo 14 diputados más, votó casi un millón más de personas por ellos, ganó en la gran mayoría de las provincias (salvo Cataluña y el País Vasco), en Madrid arrasó, y hoy son muy pocos los que creen que no gobernará.

Rajoy ha sido el gran ganador. Su estrategia de no ceder en la designación de un nuevo liderazgo para afrontar estas nuevas elecciones, y soportar durante más de seis meses la dura crítica de sus adversarios y de algunos miembros de su propio partido por haber rechazado la oferta de investidura hecha por el Rey, ha tenido una clara recompensa. Hoy nadie cuestiona que tomó el camino correcto, y que será el más probable futuro jefe de gobierno.

Todo el resto de partidos han sufrido algún tipo de derrota. El PSOE (Partido Socialista) vivió uno de los resultados electorales más desastrosos de su historia, perdiendo cinco diputados en relación a diciembre pasado. Pero puede respirar al menos por un tiempo, pese a que todos anticipaban que pasaría a ser la tercera fuerza política de España, y que Unidos Podemos le arrebataría el segundo puesto. Hoy existe un profunda división interna con respecto al futuro del PSOE, y el liderazgo de Pedro Sánchez se ve cada día más debilitado.

Por su parte, Ciudadanos, el partido que venía a renovar la centro derecha, ha quedado otra vez en el cuarto lugar, perdiendo votos y diputados. En definitiva, ocho diputados menos. El electorado no ha perdonado que ese partido haya llegado a acuerdo con los socialistas y que su líder, Albert Rivera, haya estado dispuesto a apoyar a Sánchez para formar gobierno.

Y finalmente quienes fueran las estrellas de la elección de diciembre pasado. Unidos Podemos y su líder Pablo Iglesias, han sido los grandes perdedores en esta elección. Han mantenido el número de diputados, pero perdieron más de un millón de votos. El sistema electoral español permite este tipo de situaciones. Hicieron una campaña apostando al segundo lugar confiados en que su pacto con el Partido Comunista les haría más poderosos, avalados por las expectativas generadas por las encuestas. Algunos ya han pedido que su líder dé un paso al costado y lo responsabilizan de la derrota por su estilo confrontacional y lleno de guiños populistas.

Se abre un nuevo ciclo en España, donde al parecer la estabilidad y moderación han triunfado. El golpe del Brexit del jueves pasado debe haber influido en ello. Ahora comienza la etapa de negociaciones entre los partidos políticos, y pese a que tanto el PSOE como Ciudadanos digan –por el momento– que no apoyarán a Rajoy, el pueblo español dijo otra cosa el domingo pasado. Será muy difícil cambiar el destino del “trono de hierro” español.

Rodrigo Arellano

Profesor Centro de políticas públicas UDD