La inminencia de un posible retorno a La Moneda puede llevar a la derecha a pensar que es más importante quién conduzca dicho proceso y no cómo. Las primarias, sea cual sea la correlación de fuerzas que en ellas se termine dando, deben enfocarse como una posibilidad para enriquecer idearios y programas. Para poder aglutinar a más variantes y sectores de la derecha, y también del centro, y no como una forma de poner un pie sobre los otros que compitan.
Publicado el 16.01.2017
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Las próximas elecciones presidenciales posiblemente tengan la mayor cantidad de candidatos en la historia reciente de nuestro país. Sin embargo, este hecho contrasta con la gran desafección ciudadana hacia la democracia y las instituciones políticas en general. Por ejemplo, según la última encuesta CEP, el 89% de las personas no sabe que el sistema electoral para escoger diputados y senadores cambiará en 2017.

En este contexto crítico, y sobre todo en una coalición nueva como Chile Vamos, es fundamental trabajar en mejorar la representación política, de manera que ésta sea un mecanismo adecuado para conducir las inquietudes de la ciudadanía.

Desde hace un tiempo, las elecciones primarias se han instalado como un mecanismo de resolución de discrepancias electorales y como instrumento que puede ayudar a oxigenar la deteriorada relación entre los partidos y la sociedad civil, entre la representación política y las demandas ciudadanas, que muchas veces se entienden como contrarias a las instituciones representativas.

¿Pierden sentido las primarias si entre los candidatos hay un posible ganador más o menos claro? Depende del espíritu con que se aborden, pues un objetivo secundario, pero importante, es perfilar al sector que las realiza hacia la elección presidencial. Un buen ejemplo son las elecciones primarias a las que se sometió Michelle Bachelet para presentarse a su reelección, a las cuales llegó como segura ganadora. La Nueva Mayoría se dejó seducir por la popularidad de la Presidenta, transformando a las primarias en un acto decorativo de una campaña en la que no importaba mucho qué se hiciera, pues el triunfo estaba asegurado. Las ideas pasaron a segundo plano y nadie discutió mucho sobre el fondo dentro de su sector (algunos ni siquiera leyeron el programa, pero igual lo firmaron). Los partidos terminaron anteponiendo sus ansias de volver al Gobierno por sobre la construcción de un proyecto político común y coherente con sus propias identidades.

Hoy algunos ya ven como ganador a Sebastián Piñera, a pesar de que aún no estemos seguros de si competirá o no. En efecto, la inminencia de un posible retorno a La Moneda puede llevar a la derecha a pensar que es más importante quién conduzca dicho proceso y no cómo. Las primarias, sea cual sea la correlación de fuerzas que en ellas se termine dando, deben enfocarse como una posibilidad para enriquecer idearios y programas. Para poder aglutinar a más variantes y sectores de la derecha, y también del centro, y no como una forma de poner un pie sobre los otros que compitan.

Menospreciar las expresiones políticas que han ido surgiendo, y a sus representantes, podría ser un error que se pague muy caro. Ahí se arriesga no el triunfo en la elección, sino más bien la viabilidad del proyecto político del próximo Gobierno.

 

Antonio Correa, director ejecutivo IdeaPaís