Lo que ha sorprendido es que el gobierno no haya estado preparado para enfrentar públicamente lo que venía advirtiéndose desde hacía más de un año. Que, además, la ministra responsable de los asuntos laborales, haya adjudicado el desempleo al ajuste fiscal; que, luego, haya sido desmentida por el ministro de Hacienda.
Publicado el 29.04.2016
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El gobierno de la Presidenta Bachelet sigue fallando severamente en sus tareas fundamentales, como en la salud y la seguridad. Tampoco cumple con sus promesas más electorales: la gratuidad para la educación superior, que iba a beneficiar a 260 mil jóvenes en 2016, será entregada a 125 mil, menos de la mitad (si bien el debate de fondo sigue siendo su impacto en la igualdad de oportunidades, el que ha sido puesto en duda incluso por la OCDE). Y continúa deteriorando lo que los chilenos habíamos conseguido en décadas de trabajo duro, acaloradas discusiones y fructíferos acuerdos porque, como un mal jardinero, pareciera que todo aquello en lo que pone sus manos, se convierte en maleza.

Mientras la Presidenta y los ministros con mayor poder en el gabinete parecen concentrarse, eminentemente, en el proceso constituyente y los dirigentes de la Nueva Mayoría llevan y traen papeles al Servicio Electoral, en una bochornosa inscripción de primarias, los chilenos están padeciendo ya los efectos de las decisiones que se han tomado en los últimos dos años, contradiciendo el sentido común, la evidencia en todo el mundo y las recomendaciones de expertos, organismos internacionales; etc.

Esa actitud, que los mantiene desde la Capitana hasta los pajes, porfiadamente sintonizados con el corazón de una ideología y desconectados -y diría que hasta indiferentes- con las preocupaciones más importantes de los chilenos, no es nueva y ha sido la impronta de esta administración. Hace 15 días, mientras los santiaguinos nos preparábamos para enfrentar uno de los peores temporales de la última década y se anunciaba una crecida histórica del río Mapocho, 14 ministros y otros tantos subsecretarios e incluso el director de Obras Públicas (a quien uno suponía piloteando la supervisión de ríos y quebradas ante la lluvia), abordaban autos oficiales y aviones para una gira constituyente por todo el país.

Sabíamos que las consignas de un programa de gobierno y las banderas de la izquierda bamboleándose frenéticas por la Alameda nunca podrán cambiar las leyes de la economía, fruto, ni más ni menos, que de la naturaleza humana. Y pasó lo que tenía que pasar: el desempleo se pegó un salto significativo en el Gran Santiago, de 6,8% en diciembre a 9,4% en marzo, sumando desde la instalación del gobierno de la Nueva Mayoría a 95 mil nuevos cesantes y manteniendo a un total de casi 300 mil personas buscando trabajo en la capital del país. Todo indica que un salto similar se está replicando o va a replicarse en los próximos meses en el resto de las regiones (el INE entregará los datos del primer trimestre móvil de 2016 cuando esta columna esté ya en publicada en la web).

El desempleo es la consecuencia más obvia del deterioro económico que está afectando a Chile desde casi el inicio del mandato presidencial y que se origina en reformas mal inspiradas y en el clima de improvisación e incertidumbre que se ha instalado desde entonces en el país. Por tanto, las noticias de esta semana no sorprenden.

Lo que sí ha sorprendido, es que el gobierno no haya estado preparado para enfrentar públicamente lo que venía advirtiéndose desde hacía más de un año. Que, además, la ministra responsable de los asuntos laborales, haya adjudicado el desempleo al ajuste fiscal; que, luego, haya sido desmentida por el ministro de Hacienda; y que, transcurridos al menos cuatro días desde que se conocieron esos resultados, la Presidenta de la República no se haya referido ni por causalidad a la situación que afecta, hoy, aquí y ahora, al sustento de miles de familias chilenas.

El broche de oro, porque esta Moneda siempre, siempre, lo corona todo con alguna joya: las autoridades que, suponíamos, eran los expertos, no solo se muestran sorprendidos con el desempleo y no disimulan que ignoran la manera de enfrentarlo, se dan además el lujo de culpar a la “Constitución de Pinochet” de la desprolijidad en la que incurrieron al redactar una reforma laboral que pasaba por encima de la institucionalidad vigente.

Y cuál de los dos problemas cree Ud. que se transforma desde el mismo momento de conocerse el fallo del Tribunal Constitucional en la mayor prioridad de la autoridad de Trabajo, ¿los 300 mil cesantes de Santiago? ¿O la Constitución de Pinochet?

Adivine.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

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