Los fanáticos de Winston Churchill encontrarán en esta película algunas de sus anécdotas y notables discursos. Se decepcionarán de ver a un hombre con menos decisión e iniciativa de la esperada, pero que muestra a un personaje con sus luces y sus sombras. Es el costo de llevar a la pantalla grande a un titán de la historia.
Publicado el 21.02.2018
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El prolífico historiador inglés Ian Kershaw calificó la voluntad del Gobierno británico de enfrentar al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial como una “decisión trascendental”. Literalmente, una de aquellas que permiten cambiar la historia. Las complejidades de esa decisión están bien retratadas en la película Las horas más oscuras, de Joe Wright, que en estos días se presenta en las salas chilenas.

En el filme se nos presenta al Primer Ministro Winston Churchill, quien debe liderar a Gran Bretaña país en medio de una severa crisis política y donde las perspectivas militares la dejaban en desventaja, luego de años de desarme y pacifismo. La decisión que hoy se nos revela como acertada, e incluso como providencial, no fue fácil en ese momento.

A lo menos, Churchill debió considerar tres grandes circunstancias.

La primera era la fuerza del adversario. El régimen nazi contaba con una sólida estrategia militar, respaldada por la contundencia de la industria alemana –que se recuperó vigorosamente luego de la derrota en 1918-, y además tenía una férrea voluntad política, que fue el motor principal de sus avances.

Esto se manifestó en una imparable conquista territorial que en poco tiempo controló gran parte de Europa. A la anexión de Austria y el rápido dominio sobre Polonia, se agregó la inesperada facilidad con la que cayeron las defensas francesas y su ilusoria línea Maginot. Los cientos de miles de soldados británicos que componía el ejército continental, puestos ahí para honrar el pacto de protección anglo-francés de la soberanía polaca, estuvieron en poco tiempo arrinconados en Dunkerque y bajo severo riesgo de exterminio. Como bien describe el historiador británico Paul Johnson en Tiempos Modernos, el plan de Hitler iba mucho más allá de una mera anexión territorial y derivaría en una profunda ingeniería social, que sería el sello de las dictaduras totalitarias como la nazi y la comunista.

La segunda circunstancia que debió ponderar Churchill fue el innegable trauma que gran parte de la elite británica tenía respecto de los horrores de la guerra. La Primera Guerra Mundial había sido devastadora; cerca de un millón de ingleses murieron en sus batallas y en total el conflicto dejó entre diez y treinta millones de muertos en Europa, si sumamos a militares y civiles.

Esto explica la actitud pacifista que orientó la política británica durante el período de entreguerras y la que el mismo Churchill denunciaría con mucha fuerza. El punto culminante de esto fue la política de apaciguamiento llevada por el Primer Ministro Neville Chamberlain hacia Adolf Hitler. Cuando el mismo Chamberlain regresó a su país luego de suscribir un acuerdo con los nazis al que denominó “Paz para nuestro tiempo”, Churchill lo reprendió diciendo: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor y también tendréis la guerra”.

La película de Wright muestra detalladamente la postula de Chamberlain, quien fue sustituido en su cargo por el propio Churchill, pero mantuvo el liderazgo del Partido Conservador y su ascendencia sobre los diputados tories. Junto a Lord Halifax fueron los principales exponentes de aquellos que buscaban una paz consensuada y la búsqueda de una convivencia pacífica con los nazis. Una postura que no era insensata en medio del panorama del momento.

Por último, Churchill debió enfrentarse a sus propios temores y debilidades. A la historia ha pasado por su brillante liderazgo, con sus frases notables, su firme voluntad y la capacidad de convocar al pueblo a la lucha. Pero también ha pasado por su carácter voluble y sus cambios de humor repentino, que lo obligaban a buscar refugio en su residencia de Chartwell para superar su depresión y los males del “perro negro”.

Es una buena película, que está a la altura de las expectativas. Los fanáticos de Churchill encontrarán alguna de sus anécdotas y su notable discurso de enfrentar a los enemigos allí donde se encuentren. Se decepcionarán de ver a un hombre con menos decisión e iniciativa de la esperada, pero que muestra a un personaje con sus luces y sus sombras. Es el costo de llevar a la pantalla grande a un titán de la historia.

 

Julio Isamit, coordinador político Republicanos

 

 

 

 

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