América Latina ha ido dando un giro político que queda de manifiesto con los triunfos de Macri y Kuczynski, y la llegada a la Presidencia de Temer en Brasil —tras la mediática destitución de Dilma Rousseff. El legado de Hugo Chávez parece haber iniciado su retroceso en la región, aunque seguramente no desaparecerá por completo.
Publicado el 06.04.2017
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El triunfo de Lenín Moreno en la reciente elección presidencial de Ecuador —a pesar de las impugnaciones del candidato opositor Guillermo Lasso— parece garantizar la continuidad del modelo político y económico que construyó el hoy saliente Rafael Correa. Sin embargo, vale la pena destacar el estrecho margen por el cual logró la victoria electoral el candidato oficialista (51,17% de los votos) y la polémica que rodeó a la primera vuelta (por la inexplicable demora en la entrega de los resultados). Dos hechos que demuestran que los ecuatorianos ya no parecen tan entusiasmados con la “Revolución ciudadana” impulsada por Correa hace una década.

El caso de Ecuador no es aislado y, por el contrario, pareciera reflejar una tendencia entre los países de la “izquierda bolivariana”. Basta ver la actual situación de Venezuela, donde la semana pasada el Tribunal Supremo de Justicia había despojado a la Asamblea Nacional —de mayoría opositora— de sus atribuciones, lo que generó una amplia condena internacional por parte de gobiernos y organismos regionales como la OEA y Mercosur. Sin embargo, en cosa de días, la decisión fue supuestamente revertida. En gran medida, luego de que la fiscal general, Luisa Ortega —cercana al Gobierno y que defendió el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López—, denunciara “la ruptura del orden institucional”. Una muestra clara de los profundos quiebres al interior del oficialismo chavista.

Todo esto en el marco de una prolongada crisis política y económica —el FMI proyectó una inflación del 1.600% para Venezuela este año— que se palpa diariamente en el desabastecimiento de alimentos y medicamentos, a lo que se suma el descontrolado aumento de la delincuencia. Solo Bolivia salió públicamente a respaldar al Gobierno de Nicolás Maduro, mientras que otros antiguos aliados de Venezuela, como Cuba y Nicaragua, prefirieron guardar un cauto silencio.

Evo Morales, por su parte, también ha visto el retroceso del apoyo que alguna vez tuvo. Y que quedó de manifiesto en el referéndum realizado en febrero de 2016, en el cual la ciudadanía rechazó que se reformara la Constitución para permitir que Morales pudiera postularse una vez más a la Presidencia. O al revisar los resultados de la encuesta realizada a fines de marzo por el diario “Página Siete”, en que el 54% de los consultados dijo tener “poca confianza” en el Mandatario y el 29% “nada de confianza”.

En su momento, el alto precio de las materias primas —impulsado por la enorme demanda de China— benefició significativamente a estos países y sus Gobiernos. Sin embargo, la desaceleración del gigante asiático se tradujo en un duro golpe a sus economías, poniendo límites a su actuar. A modo de ejemplo, basta mencionar que los 100.000 barriles de petróleo subsidiado que Venezuela entregaba diariamente a Cuba en 2013, a diciembre de 2016 ya eran menos de la mitad.

América Latina ha ido dando un giro político que queda de manifiesto con el triunfo de Mauricio Macri en 2015 en Argentina, y la llegada a la Presidencia de Michel Temer en Brasil —tras la mediática destitución de Dilma Rousseff— y Pedro Pablo Kuczynski en Perú, ambos el año pasado. De esta forma, el legado de Hugo Chávez parece haber iniciado su retroceso en la región, aunque seguramente no desaparecerá por completo.

Lenín Moreno, en su condición de ex Vicepresidente de Correa, tomará el relevo para continuar por un camino ya conocido, aunque seguramente le impondrá su propio sello. Y Daniel Ortega, en Nicaragua, el año pasado logró asegurar su cuarta reelección y en enero pasado asumió su nuevo mandato de cinco años, con su esposa, Rosario Murillo, como Vicepresidenta. Mientras que en Bolivia, el futuro de Evo Morales y su proyecto político estará determinado por la capacidad de la oposición para articularse como una alternativa real y efectiva en los próximos comicios.

Venezuela es el escenario más complejo. En 2018 debieran realizarse elecciones presidenciales, pero hasta ahora el Consejo Nacional Electoral de este país no ha entregado un cronograma ni una fecha clara. Un escenario preocupante, sobre todo tras el fracaso del referéndum revocatorio impulsado por la oposición, que el gobierno de Maduro desactivó el año pasado. El problema es que la tensión política, económica y social crece día a día, agravando un escenario que ya es extremadamente volátil.

 

Alberto Rojas, director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO