El mercado ha reaccionado con preocupación ante el nuevo escenario y se percibe una creciente ideologización y polarización del país. Pese a ello, el domingo 19 fue posible ver algunas de las mejores características de la democracia chilena: la rapidez en la entrega de los resultados, el reconocimiento de quienes fueron derrotados y una participación importante de la población, si bien menor que en otros comicios, lo que lamentablemente se ha ido haciendo habitual.
Publicado el 25.11.2017
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Con especial interés la prensa nacional e internacional siguió las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, este 19 de noviembre. Al tratarse de un sistema presidencial, son dos elecciones paralelas, que tienen lógicas diferenciadas y, eventualmente, podrían tener también resultados contradictorios. Esta semana se han realizado los más diversos análisis políticos y electorales, a los que algunos han añadido comentarios históricos. Por cierto, no ha estado ausente la prospectiva.

Un primer factor a tener en cuenta es el resultado presidencial, que contó con ocho candidatos -dos mujeres y seis hombres-, de las más diferentes tendencias y partidos. Al no haber superado ninguno la mitad de los votos válidamente emitidos, habrá una segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, en la cual se enfrentarán Alejandro Guillier, líder de “La Fuerza de la Mayoría”, que agrupa a los partidos Por la Democracia, Socialista, Comunista y Radical, contra Sebastián Piñera, quien ya fue Presidente de la República (2010-2014), por la coalición “Chile Vamos”, que incluye a la Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional, Evolución Política y el Partido Regionalista Independiente. Es decir, una coalición de centroizquierda y una de centroderecha.

En la primera vuelta Piñera logró el 36,64%, mientras que Guillier obtuvo el 22,70%. Esto podría dar la primera opción al ex gobernante, pero el asunto no es tan claro, y todo indica que se tratará de una elección difícil, estrecha y de resultado impredecible. Sin duda, para allegar más votos a sus respectivas candidaturas, ambos deberán apelar a dos postulantes que fueron derrotados, pero que se transformaron en grandes ganadores de la jornada: José Antonio Kast (con un 7,93%, hombre de derecha, de gran campaña), y Beatriz Sánchez (con un excelente 20,27%, del Frente Amplio).

Esta última agrupación, que surgió de los movimientos estudiantiles de 2011 y con  importantes liderazgos juveniles, ha reconocido una especial sintonía -ideológica y de estilo- con los españoles de Podemos. De hecho, Pablo Iglesias envió un cariñoso mensaje preelectoral: “Quiero mandar un saludo y todo mi apoyo a los compañeros y compañeras del Frente Amplio en Chile”. Luego agrega: “Y por supuesto, todo nuestro apoyo a Beatriz Sánchez, la candidata presidencial del Frente Amplio”. Después de los comicios envió un tuit: “Felicidades compañera @labeasanchez Son ustedes la esperanza democrática de Chile. La dignidad y la justicia social se construirá con ustedes”. Sánchez no es una líder política tradicional, sino que una periodista que hasta hace poco estaba dedicada a sus labores profesionales, que realizó una buena campaña, con un movimiento político creciente, logrando el apoyo de más de un millón trescientas mil personas. La mayoría son de izquierda, se han manifestado partidarios de cambios estructurales en el orden político y económico-social del país, y se sienten lejanos al espíritu y las realizaciones de la transición que lideró la Concertación de Partidos por la Democracia.

De los candidatos que pasaron a segunda vuelta, los dos tienen razones para celebrar, pero también para lamentar y preocuparse. Sebastián Piñera obtuvo una sólida primera mayoría, pero fue menor de la que esperaba -las encuestan hablaban sobre un 40% e incluso un 45%-, por lo que el 36,64% apareció como un resultado menor en la jornada del domingo. Más aún comparado con la primera vuelta de 2009, cuando el ex gobernante llegó a La Moneda: en esa ocasión logró el 44% y más de tres millones de sufragios en primera vuelta: en esta ocasión llegó a dos millones 400 mil. Es evidente que no logró movilizar a todos sus eventuales partidarios o que hay votos perdidos en la centroderecha.

La situación del candidato oficialista Alejandro Guillier es curiosa. Si bien pasó a segunda vuelta y ha recibido apoyos de otros grupos -como la Democracia Cristiana y algunos sectores de izquierda-, la verdad es que su situación, comparada con la historia reciente, es bastante desmedrada. En la primera vuelta de 2009 el candidato de la Concertación Eduardo Frei Ruiz-Tagle logró el 29,6%, con más de dos millones de votos; en 2013 la candidata Michelle Bachelet, de la llamada Nueva Mayoría, obtuvo sobre tres millones de votos y un 46,7%: en esta ocasión Guillier, su heredero político, alcanzó el 22,7% y no llegó al millón y medio de votos.

Sin embargo, la segunda vuelta es una nueva elección, y la experiencia demuestra que aumentan los electores de cada candidato y se redistribuyen los votos de una manera que no siempre es lineal. Por lo mismo, de acuerdo a los primeros análisis, estamos frente a una elección de resultado impredecible, que seguramente será estrecho, y dependerá en buena medida de cómo actúen los candidatos y sus partidarios en las próximas semanas, hasta el 17 de diciembre próximo, fecha establecida para los comicios. Así se ha podido apreciar con los movimientos tácticos y los apoyos recibidos en las jornadas postelectorales.

Es verdad, como dice La Razón (España) que el ex Presidente Sebastián Piñera enfrentará “el ascenso del Podemos chileno” como un obstáculo para su regreso a La Moneda, pero también es cierto que existe un fraccionalismo en la izquierda y que la distancia que lo separa de su contendor es alta: casi un millón de votos. Pero la mayoría de ellos estaría dispuesto a votar “contra Piñera”, lo que hace posible la remontada y la competencia voto a voto. No queda claro lo que ocurrirá con la Democracia Cristiana y con sus votos, que sufrió su peor resultado electoral en más de medio siglo. Si bien su directiva llamó a apoyar a Guillier en segunda vuelta, es seguro que muchos de sus electores lo harán por Piñera o se abstendrán en la segunda vuelta.

El mercado ha reaccionado con preocupación ante el nuevo escenario y se percibe una creciente ideologización y polarización del país. Pese a ello, el domingo 19 fue posible ver algunas de las mejores características de la democracia chilena: la rapidez en la entrega de los resultados, el reconocimiento de quienes fueron derrotados y una participación importante de la población, si bien menor que en otros comicios, lo que lamentablemente se ha ido haciendo habitual.

El 11 de marzo de 2018 Chile tendrá nuevo Presidente de la República, con una fórmula de centroderecha y una de centroizquierda, como ha sido habitual desde el regreso a la democracia hace 27 años, pero con ambas renovadas y con nuevos actores.

 

Alejandro San Francisco, historiador, académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Universidad San Sebastián, director de Formación del Instituto Res Publica (columna publicada en El Imparcial, de España)

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO