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Publicado el 21 de mayo, 2015

Las definiciones del 21 de mayo

Abogado y político. José Antonio Viera-Gallo
Del discurso de Michelle Bachelet cabe aguardar una cosa: un nuevo impulso transformador que ponga en movimiento a Chile entero.
José Antonio Viera-Gallo Abogado y político.
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Hoy, Michelle Bachelet cumple con la obligación constitucional de rendir cuenta del estado y marcha de la Nación ante el Congreso Pleno. Es una ceremonia cargada de significación republicana, que despierta la atención y la imaginación de muchos. Con bastante anticipación se comienza a especular sobre el contenido del discurso, el grado de cumplimiento de las promesas del año anterior, el balance de la labor legislativa, los principales temas que abordará la Mandataria y los indicios del posible rumbo que adoptará el gobierno.

Algunos esperan que en esa ocasión Michelle Bachelet entregue una síntesis de las ideas fuerzas de su gestión, el famoso relato que daría sentido a la acción gubernamental; otros que, dado el reciente cambio de gabinete, precise el contenido de la nueva fase o ciclo político que se inició con el relevo del centro decisorio del equipo ministerial.

No faltan quienes desearían que la Presidenta arbitrara definitivamente entre las distintas almas o corrientes que  coexisten al interior de una coalición tan amplia como la Nueva Mayoría. ¿Se inclinará más hacia el sector refundacional o hacia el reformista, excusándome por la simplificación, o se mantendrá en el fiel de la balanza? Pareciera que no les basta como señal el nombramiento de los nuevos ministros.

José Joaquín Brunner caracteriza esta tensión como algo propio que sucede entre quienes adhieren a un paradigma clásico de tiño social demócrata y quienes, en cambio, se encuentran más próximo a la llamada “tercera vía” del nuevo laborismo de la época de Tony Blair. Sin duda, es una aproximación válida, pero que debería ser completada con la presencia en la coalición de gobierno de la corriente socialcristiana y su renovada matriz doctrinaria que se nutre de pensadores comunitaristas y republicanos modernos, y de un sector de izquierda más utópico afín a movimientos que se agrupan en torno a la idea de que “otro mundo es posible”, propio del Foro de Sao Paulo, Podemos en España o el nuevo gobierno griego y a la constelación bolivariana; para no hablar del PC chileno con su historia y su proceso de evolución interna y de una fuerte presencia de técnicos formados, al menos en parte, en la economía moderna con un influjo neoliberal.

El lector -a estas alturas- podrá pensar que no es fácil gobernar con el apoyo de una coalición política tan variopinta, y evidentemente tiene razón. Pero algo análogo ocurría en los gobiernos de la Concertación. Este cuadro es fruto de la compleja época en que vivimos. Sin embargo, esa constelación de sensibilidades en que prima un eje reformador ha dado origen a un cierto consenso básico que funda el proyecto político del actual gobierno, y sin duda la Presidenta en su exposición ante el Congreso Pleno apelará a esos principios y valores compartidos, como el progreso, la inclusión,  la igualdad y el Estado Social de Derecho.

No se debe esperar que Michelle Bachelet resuelva en una ocasión las principales interrogantes que hoy tensionan al progresismo. Sí cabe confiar que ella, además de dar cuenta de la marcha del país, de las reformas logradas y de las que están en curso, del contexto internacional y en particular del litigio con Bolivia en la Corte de La Haya, se refiera a tres temas que diseñarán los contornos de la nueva etapa del gobierno. Obviamente habrá otros asuntos insalvables que son de gran impacto ciudadano como la seguridad pública, la salud y el conflicto en la Araucanía. Así el énfasis en el diálogo del nuevo gabinete tendría mayor sustancia.

En primer lugar a la necesidad de sanar y renovar las instituciones representativas y el funcionamiento de los mercados, elevando las exigencias de ética pública. Decisivo será saber la relevancia que le otorgue a la llamada agenda de probidad y transparencia plasmada en el Informe Engel y su implementación. Se trata de un desafío mayor para el propio gobierno, el Parlamento y los partidos políticos, que deben recuperar la confianza perdida, sin la cual su acción de cambio se vería muy debilitada.

En segundo lugar, el crecimiento de la economía y la creación de empleos en un cuadro internacional desfavorable. En tal sentido, habría que esperar anuncios específicos de política económica y de políticas sectoriales que alienten la inversión, la innovación y que sean favorables al empleo, en especial de mujeres y jóvenes. Para eso es fundamental el tratamiento a las Pymes, que son la gran fuente del empleo y sectores como la agricultura, la pesca, la industria, la construcción y los servicios. Lo básico es que la Presidenta indique tareas importantes para el país que despierten el entusiasmo del sector privado. Por ejemplo, Chile no debiera permanecer inactivo frente al hecho que los corredores interoceánicos, con inversión china, no usen nuestros puertos del norte.

Por último, está el llamado “proceso constituyente” que se comprometió a impulsar a partir de septiembre. Más allá del mecanismo que se use y teniendo en cuenta que, como ha dicho el ministro Burgos, la forma no es indiferente al momento de definir el fondo, cabría esperar que Michelle Bachelet hiciera un llamado amplio a todas las fuerzas políticas y sociales a participar libre y legítimamente en ese proceso. Una nueva Constitución debe reflejar un nuevo pacto político. Su legitimidad depende de que los distintos sectores sientan de verdad que las reglas básicas de organización de la sociedad y del Estado respetan los derechos y los principios de todos, que no es “tramposa”, usando una expresión de F. Atria.  Lo más probable es que el proceso de gestación de una nueva Constitución tome un cierto tiempo para recoger las opiniones de todos, debatirlas y plasmarlas en normas jurídicas recibiendo el aporte del Derecho Público actual. Tendrá que combinar el debate político y el conocimiento especializado.

Del discurso de Michelle Bachelet cabe aguardar una cosa: un nuevo impulso transformador que ponga en movimiento a Chile entero.

 

José Antonio Viera-Gallo, Foro Líbero.

 

 

FOTO: DAVID VON BLOHN/ AGENCIAUNO

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