La centroderecha está necesitada de legitimidad entre los votantes y una elección primaria sería una buena manera de lograrla.
Publicado el 13.10.2016
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Las primarias no garantizan candidatos idóneos, miren si no a Donald Trump.

Pero hay que reconocer que son un mecanismo para representar el sentimiento mayoritario de un partido o una coalición en un momento determinado. Su ventaja es que llenan parcialmente la brecha que los votantes sienten entre ellos y los parlamentarios o presidentes que eligen, brecha que ha dado origen a todo tipo de cuestionamientos a la democracia representativa, que tiene muchos defectos, pero que aún no ha sido superada por alternativa alguna en cuanto a la calidad de la democracia que genera en una sociedad moderna.

En Chile, se ha trabado una contienda entre las cúpulas políticas y las primarias, y esta contienda ha empezado en la centroizquierda. La repentina sintonía entre Ricardo Lagos e Isabel Allende en el sentido que no se sentirían cómodos en una confrontación entre ellos, revela un intento por dejar de lado la idea de una primaria al interior del Partido Socialista. Se habla ahora de un candidato del mundo “progresista”, vale decir uno que represente conjuntamente al PS y al PPD. Pareciera ser un escenario propicio para Ricardo Lagos.

Frente a ello ha reaccionado José Miguel Inzulsa, señalando que si bien él estaba dispuesto a competir en una primaria del PS, no estaría disponible para un acuerdo de tipo cupular. Se especula que este nuevo desapego con las primarias sería una forma de bloquear el ascenso del senador Alejandro Guillier en las encuestas, ya que si el PS y el PPD tienen un candidato común dejan con escasa opción a quien pretenda enfrentarlo.

Excepto que Guillier ha empezado a coquetear con la Democracia Cristiana, a ver si unida al Partido Radical son capaces de levantar una candidatura competitiva. Esto no cae muy bien en los sectores tradicionales de la DC, y Gutenberg Martínez y Jorge Burgos han expresado sus dudas, mientras la presidenta de la DC, Carolina Goic, se ha mostrado más dubitativa. Patricio Walker ha dicho derechamente que prefiere a Lagos sobre Guillier. Lo cierto es que se desdibuja cada vez más la alternativa de una candidatura propia de la Democracia Cristiana.

Veremos cómo continúa este “gallito”. Un buen test será consignar cuántos candidatos a las elecciones municipales de la Nueva Mayoría se retratan con Ricardo Lagos y cuántos con Alejandro Guillier. Después de estas elecciones se abre la temporada presidencial en forma y veremos qué pasa con las primarias.

En la centroderecha, por su parte, los independientes renunciados de la UDI y Renovación Nacional respectivamente, José Antonio Kast y Manuel José Ossandón, han proclamado sus ambiciones presidenciales y expresado sospechas acerca de la realización de primarias en la centroderecha. Sus sospechas más que apuntar a la no realización de las primarias, hablan de un proceso “arreglado” para que Sebastián Piñera sea el candidato. Sus ex partidos, entretanto, también exhiben sus cartas. En RN, Alberto Espina y Francisco Chahuán se declaran precandidatos presidenciales y en la UDI varios señalan el nombre de Hernán Larraín. Finalmente, Evópoli parece decidido a levantar la candidatura del diputado Felipe Kast.

Sebastián Piñera, como algunos atletas del salto alto, parece estar esperando altura.

El entorno de Piñera pudiera verse tentado, en este escenario, por la comodidad de no participar en primarias dado que aparece hoy como el candidato más competitivo, según lo indican las encuestas.

Creemos que esto es un error. Situaría a la centroderecha en el mismo juego de la izquierda, con las cúpulas intentando reservarse la calidad de electores por sobre lo que piensen las bases. Si Piñera cree que gana en una primaria, debiera impulsarla. La centroderecha está necesitada de legitimidad entre los votantes y una elección primaria sería una buena manera de lograrla.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

 

FOTO:MARIO DAVILA/AGENCIAUNO

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