Sin importar el apelativo, las características que se le atribuyen son siempre las mismas: fortaleza, la que disipa los temores, la que humaniza a la sociedad, la que defiende ante la adversidad y la que nos recuerda, con vehemencia, que el verdadero poder está en el servicio hacia los demás.
Publicado el 23.09.2016
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En las redes sociales está circulando un video en donde Cecilia Bolocco, emblema nacional de femineidad y belleza, rinde pleitesía y reconoce que le es imposible disputarle la corona a otra reina chilena que ha estado presente a lo largo de toda nuestra historia y que ha logrado convocar la admiración de los chilenos desde su coronación, en 1926.

Es así como, nuestra querida “Miss Universo”, junto a un grupo variopinto de otros connacionales le expresan, a esa otra reina, su gran devoción, agradecimiento, confianza y veneración.

Es que esa reina es atemporal. Porque su autoridad no ha estado nunca limitada por algún partido político ni circunscrita a intereses personales, porque sus mensajes han sido fuentes de esperanza logrando cautivar de manera universal y, por último, porque Ella cumple lo que promete.

Es por eso que la mujer capaz de sobresalir, más que ninguna otra durante todo nuestro desarrollo, se llama Virgen del Carmen. Invocada como Reina y Madre de Chile, Patrona y Generala Jurada de las Fuerzas Armadas y de Orden y que saldrá a las calles en procesión, este domingo, para que los chilenos (como se explica en el video) la salgan a piropear y le sigan pidiendo gracias, para que le recen y la sigan queriendo y para que no olviden que su figura simboliza lo mejor de la mujer chilena. Aguerrida, consoladora, compañera, misericordiosa y, sobre todo, siempre orgullosa de cada uno de sus hijos.

En el mundo, a la figura de la Virgen María se le reconoce a través de diversos nombres. Nuestra Señora de Guadalupe en México, Nuestra Señora del Cabo en Canadá, la Virgen de Luján en Argentina o Virgen de Czestochowa en Polonia.

Sin importar el apelativo, las características que se le atribuyen son siempre las mismas: fortaleza, la que disipa los temores, la que humaniza a la sociedad, la que defiende ante la adversidad y la que nos recuerda, con vehemencia, que el verdadero poder está en el servicio hacia los demás.

Son estas virtudes las que convencen, emocionan, provocan e ilusionan y son éstas las que consagrados artistas como Botticelli y Miguel Ángel, Caravaggio o Rembrandt quisieron inmortalizar a través de sus obras. Logrando, además, retratar lo que ella encarna. Ese amor infranqueable e incondicional que sólo puede transmitir una madre.

María ha sido protagonista de la historia occidental durante siglos. El vínculo entre el cielo y la tierra. Representante femenina de funciones sociales y sagradas. Capaz de escuchar, acoger, comprometerse y participar en la vida de aquellos que la buscan o requieren.

Ella no impone, sino que invita. No se da por vencida ante los problemas sabiendo transmitir que la vida se afronta con una gran dosis de realismo, valentía y fortaleza. Es la que aboga por la familia y que el hombre y la mujer son sujetos diversos, pero que deben ser tratados de forma igual. Desea que sepamos asumir nuestras responsabilidades y que la libertad no significa hacer todo lo que se nos plazca, sino que requiere de discernimiento para optar por caminos definitivos.

Nos enseña a estar siempre abiertos a la vida y que no perdamos jamás la esperanza en los demás. Es la que nunca se avergüenza de sus hijos y que siempre estará disponible para emprender las tareas más humildes. En resumidas cuentas, por medio de su altruismo, Ella nos ayuda a crecer más humanamente. Por lo tanto, no es extraño que, durante 90 años de sostenida advocación y ante los ojos de miles de chilenos, la Virgen del Carmen es y siga siendo #lareinadechile.

 

Paula Schmidt, Historiadora y Periodista Fundación Voces Católicas.

 

 

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN/AGENCIAUNO.