Entre ambos no hay dónde perderse. El primero representa esa izquierda sensata que tanto contribuyó al progreso del país en los últimos 40 años.
Publicado el 03.08.2016
Comparte:

 

 

Durante semanas, meses y quizás un par de años, la política no ha sido fuente de buenas noticias. En el panorama actual, es muy difícil mantener la alegría o siquiera el optimismo. No hay semana que pase en que no seamos testigos de un escándalo (pensiones millonarias con cargo a todos los chilenos); de frases desafortunadas, (universidades que se “colaron” en la gratuidad) o bien de críticos análisis de la realidad actual.

En esta última dimensión, la entrevista de Héctor Soto a Ricardo Lagos la semana pasada en La Tercera se tomó la agenda noticiosa del país. Sus declaraciones sosteniendo que ésta es la “peor crisis política e institucional que ha tenido Chile” y su duda de si el país “aguanta” un año y medio con una crisis de esta magnitud fueron interpretadas a todo nivel como una severa crítica a la administración de Michelle Bachelet.

Es tal la falta de apoyo que experimenta la Presidenta de la República, que las críticas más duras no provienen de la oposición, sino de su propia coalición. En esa línea, no llama la atención que el ex Presidente Lagos incluso cuente con aliados al interior del propio Palacio de Gobierno. Imposible olvidar la recepción que le brindó el ex ministro Jorge Burgos, en su calidad de Vicepresidente de la República, durante un viaje de la Mandataria fuera del país, en la propia Moneda, donde incluso hizo un crítico análisis del gobierno. O las declaraciones este fin de semana del vocero de Gobierno, Marcelo Díaz, denunciando que el sistema de gobernabilidad del país se encuentra agotado.

En ese sentido, se ha extendido la idea de un “gobierno concluido”, cuyo margen de maniobra política es inexistente y que contaría con un último recurso: la superación de sus problemas a través de la creación de uno mayor.

La confrontación de las figuras del ex Presidente Lagos y la de la Presidenta Bachelet nos permite aproximarnos a esas dos izquierdas que conviven dentro de la coalición de gobierno y para eso podemos seguir cuatro parámetros: su visión respecto de la transición, respecto a la economía, su posición frente a lo que dice la “calle” y respecto a la propia izquierda.

Frente a la transición, cabe recordar que a Ricardo Lagos no le fue fácil adherirse al camino de Patricio Aylwin de jugar bajo las reglas e institucionalidad del régimen militar; sin embargo, una vez embarcado propició gradualmente reformas, que se verían coronadas con su firma en la Constitución de 2005. Bachelet, por el contrario, se sumó tardíamente a la recuperación pacífica de la democracia y hoy se encuentra en las filas de una izquierda que se avergüenza de la transición, denunciando como ilegítimo todo aquello anterior a ella. Sin más, la propia Constitución en cuya ceremonia de promulgación, aparece tan sonriente saludando al Presidente Lagos. Una imagen, vale más que mil palabras.

La economía, que siempre resulta un campo tan ajeno (y a veces contradictorio) a las ideas de izquierda, nos permite sopesar ambas figuras. En un extremo, el ex Presidente Lagos, que evolucionó desde una versión juvenil cuya memoria en la Universidad de Chile tituló “La concentración del poder económico” y donde proponía nada menos que la abolición de la propiedad privada de todos los medios de producción y su paso al Estado, a un Ricardo Lagos ya maduro que firma un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos o promueve el sistema de concesiones de Obras Públicas. En el otro extremo, una Michelle Bachelet, nostálgica de modelos económicamente fracasados y políticamente totalitarios, cuya admiración por los sistemas de Alemania del Este o la Cuba de Fidel ha sido incapaz de disimular, incluso conociendo la sistemática violación de derechos humanos y el empobrecimiento que miles de cubanos viven en pleno siglo XXI. El propio Ernesto Ottone, en su libro “El segundo piso”, destaca que Lagos llegó a la política en su madurez, salvándose de lo que califica de “infantilismo de izquierda”, esa nostalgia revolucionaria que hoy asoma su cabeza nuevamente.

En otro sentido, todos recordamos como Ricardo Lagos controlaba situaciones complejas, como la de un hombre desnudo que interrumpió su discurso o la amenaza de empresarios del transporte en Santiago de bloquear la ciudad. Al primero lo mandó a vestirse para hablar con un Presidente; a los segundos, a la cárcel por alterar el orden público, aplicando incluso la Ley de Seguridad Interior del Estado. Al otro lado, basta recordar cuando la presidenta vuelve a nuestro país declarando su oposición a una gratuidad universal en educación superior por estimarla injusta y regresiva. Menos de 48 horas después y luego de duras declaraciones de dirigentes estudiantiles, suscribió la política de gratuidad universal como uno de los principales ejes de su campaña.

Por último, la visión sobre la propia izquierda también nos permite contrastar sus liderazgos. Nuevamente Ottone nos da una pista relevante. Me refiero a la necesidad de acuerdos y gradualidad en la implementación de reformas importantes. De lo contrario, señala el ex asesor de Lagos “se termina en la selva, en la igualación hacia abajo o, para entendernos más claro, en la Venezuela de Maduro”. Esta última comparación, es especialmente destacable porque contiene en sí, el carácter con el que impregnan su propio gobierno. Una visión realista de la situación, que comprende que los derechos sociales requieren recursos o bien un realismo mágico, donde bastan las palabras para la generación de resultados.

Entre Lagos y Bachelet no hay dónde perderse. El ex Presidente Lagos representa esa izquierda sensata que tanto contribuyó al progreso del país en los últimos 40 años. Pero sin confundirnos, no está en ese sector político ni en su liderazgo las coordenadas para recuperar la senda del progreso perdido y la convicción profunda de impulsar las transformaciones que el país requiere para una sociedad más justa, más libre y más humana. Una es el tipo de izquierda que querríamos en la oposición del futuro, la otra es el tipo de izquierda que queremos pronto fuera del gobierno.

*Coordinador General de Republicanos

 

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Julio Isamit