Su voluntarismo lo ha enceguecido hasta hacerlo creer, contra toda la evidencia, que su problema está en ganar apoyos empresariales y no en atraer apoyo popular. De otro modo no se entiende por qué sumó al ex ministro Máximo Pacheco Matte como jefe de campaña de su nueva aspiración presidencial.
Publicado el 21.10.2016
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El ex Presidente Ricardo Lagos sufre de una versión exagerada del síndrome que aqueja a las personas que tienen un martillo y creen que todos sus problemas son clavos. Si bien su disciplina y voluntarismo le ayudaron a ser el líder más importante de la izquierda chilena desde Salvador Allende, ese mismo voluntarismo lo ha enceguecido hasta hacerlo creer, contra toda la evidencia, que su problema está en ganar apoyos empresariales y no en atraer apoyo popular. De otro modo no se entiende por qué sumó al ex ministro Máximo Pacheco Matte como jefe de campaña de su nueva aspiración presidencial.

Después de haber hecho un intento frustrado a fines de 2008 para ser candidato de la Concertación al año siguiente, Lagos parece ahora determinado a ser el candidato de la Nueva Mayoría en 2017 a cualquier precio. Si bien había anunciado que tomaría una decisión en marzo, se vio obligado a tirarse a la piscina antes de tiempo cuando la arremetida del senador Alejandro Guillier hizo dudar a varios líderes del oficialismo sobre la conveniencia de cerrar filas detrás del septuagenario ex Presidente.

Pero el ingreso de Lagos a la carrera presidencial no ha producido el efecto aglutinador en torno a su figura que él esperaba. Si bien la senadora Isabel Allende prontamente anunció su bajada, el ex ministro José Miguel Insulza reiteró su intención de ser candidato. Por su parte, pese a no tener cartas propias, el PDC también ha expresado su descontento con Lagos al insistir en que preferirían tener un postulante de sus filas. Pero igual que una persona que pretende ganar la lotería aunque ni siquiera se moleste en comprar un boleto, el PDC está advirtiendo que pese a no tener candidato, esperará que Lagos consolide su opción antes de brindarle su apoyo.

Ninguna de esas amenazas hoy parece suficiente para asustar al ex Presidente. Pero la irrupción del senador Alejandro Guillier sí constituye una amenaza. Guillier tiene fortalezas que Lagos no posee. Su cercanía y simpatía lo hacen más atractivo para un electorado que ya votó dos veces por Bachelet, una candidata que poseía similares mismas fortalezas. Mientras Lagos inevitablemente carga con los éxitos y fracasos de su administración, Guillier tiene la ventaja de la novedad y, en términos relativos, la juventud. Mientras el ex gobernante es autoritario y abusa del tono de profesor hablando desde el púlpito, el senador aprovecha su desarrollado estilo de periodista televisivo que habla horizontalmente con un tono que mezcla seriedad y cercanía. Aunque las encuestas no son concluyentes, es difícil no tener la percepción de que mientras Guillier va de subida, Lagos está más bien estancado.

Evidentemente, Lagos tiene ventajas evidentes sobre Guillier. Tiene el apoyo de los poderes fácticos y, crecientemente, de los aparatos partidistas. Tiene más experiencia y aliados poderosos. Pero Guillier tiene la novedad y es más popular en la calle. Si bien hay sectores que dudan de él, precisamente por sus similitudes con el estilo de Bachelet —lo que alimenta la percepción de que un posible gobierno suyo sería igualmente desastroso que el actual—, la calle que siempre es menos atenta y más de piel parece entusiasmada con el senador. Para revertir el momentum que hoy lleva Guillier, Lagos va a tener que atreverse a innovar y tomar riesgos.

Su decisión de gatillar un cambio de gabinete para sumar a su equipo de campaña a uno de los ministros mejor evaluados del actual gobierno pareciera ir en esa dirección. Pero además de que eso implicó un duro golpe para una administración que ya estaba en el piso —y alienó a los más duros defensores de Bachelet en el oficialismo—, el nombre de Máximo Pacheco Matte genera más entusiasmo en los sectores que ya ven con buenos ojos a Lagos que en los grupos que ahora parecen ir migrando hacia Guillier.

Porque Pacheco tiene buenos lazos con el empresariado, y porque su estilo y personalidad lo hacen más atractivo para la Enade que para la feria de los sectores poniente y sur de Santiago, su incorporación al equipo de campaña no va a producir los resultados que necesita Lagos en las áreas en que ahora aparece más débil. Porque el camino del ex Presidente a La Moneda se ve obstaculizado por su incapacidad para conectar con el Chile de hoy —de clase media, desconfiado de los políticos y hostil hacia los empresarios—, sumar a un político que tiene la pinta, los apellidos y el tono de voz de los empresarios no ayuda a reducir las sospechas de que Lagos es su candidato y, por lo tanto, no va a defender los intereses de la gente. Por más que Pacheco destaque su historia de militancia y su compromiso social, una foto siempre vale más que mil palabras. La foto de Pacheco con Lagos subraya la sospecha de que éste es el candidato de la élite e induce a la gente a buscar una alternativa.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero

 

Foto: ARCHIVO/ PEDRO CERDA/AGENCIAUNO_

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