Un gobierno en el que aún laten nostalgias por Alemania Oriental, Corea del Norte, Cuba o Venezuela no está entendiendo el rumbo del mundo, se está atando al siglo XX y está perdiendo la oportunidad de incorporarse al siglo XXI, que avanza a toda marcha premiando a quienes saben aprovechar las oportunidades y castigando a quien las desaprovecha.
Publicado el 04.05.2016
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En semanas recientes me ha tocado conversar con extranjeros que se preguntan cómo es posible que, siendo el país de América Latina que más ha prosperado en los últimos 30 años, Chile se halle hoy bajo una administración que cuestiona casi todos los logros nacionales de las últimas décadas. Pero también llama en forma particular la atención que Michelle Bachelet haya pasado, en menos de 8 años, de una persona que celebraba a su país en sus giras internacionales a una que ahora lo critica con asiduidad.

No dejan de tener razón al extrañarse por este giro. Nosotros nos acostumbramos en estos dos años a que para la Nueva Mayoría y la Presidenta, Chile ha sido mal diseñado y peor construido. Para ellos Chile sólo será bueno y digno, justo e igualitario, moderno y próspero, cuando se haya materializado su programa de gobierno. El Chile que tenemos, que hemos tenido por doscientos años, sólo ha sido una suerte de infeliz prólogo a la copia Chile feliz del Edén que pronto conoceremos gracias a sus reformas. Lamentablemente éstas han creado más bien incertidumbre y polarización política, y han agravado el impacto de las turbulencias económicas internacionales. La comparación con Perú, otro gran exportador de cobre, muestra algo interesante: mientras Chile crecerá 1,7% este año, nuestros vecinos lo harán 3,8%, según el FMI.

En su reciente gira a Chile, el Premio Nobel Mario Vargas Llosa lo planteó con claridad y asombrado: mientras nuestro país sigue siendo visto por varios vecinos como un modelo de desarrollo, el actual gobierno parece interesado en desmontar el modelo a pesar que ha traído a Chile su período de mayor prosperidad en la historia. “Nunca antes Chile ha sido modelo de desarrollo para sus vecinos”, precisó. El novelista agregó que, al contrario de lo acaecido en los últimos decenios, ahora mira con inquietud el futuro de nuestro país y con esperanza y optimismo el de Perú, donde la elección presidencial se disputará entre dos candidatos que coinciden en defender el libre comercio y la economía de mercado como pilares de desarrollo.

Otro visitante destacado en estos días es Nima Sanandaji, el cientista social sueco de origen kurdo y autor de más de quince libros, entre ellos, de EL POCO EXCEPCIONAL MODELO SUECO. Sanandaji, al igual que el académico y ex parlamentario del partido liberal de Suecia, Mauricio Rojas, desmonta el mito que la izquierda construyó sobre el estado benefactor sueco, y muestra cómo esa tercera vía se cancela al volverse inviable económicamente. Sanandaji, invitado a Chile por la Fundación para el Progreso, prueba además en su libro que los grados de igualdad social nórdica anteceden a la formación del gran estado en esos países. Sanandaji destacó en Santiago que los socialdemócratas escandinavos han aprendido de la historia reciente y por ello revisaron sus tesis estatistas y flexibilizaron sus posiciones frente al Estado, la economía de mercado y el libre comercio.

Para nosotros tal vez uno de los aspectos más atractivos de su visión emerge cuando pregunta qué plantean los políticos chilenos sobre los temas que hoy inquietan al mundo. Se refiere con esto, entre otros asuntos, a la economía del conocimiento, las nuevas tecnologías, la nanotecnología, la captación de inversiones innovadoras, el reclutamiento de talentos, la seducción de capitales dispuestos a apostar por la innovación, el fomento de start ups y el “Chilecon Valley”. “Santiago tiene todas las condiciones para posicionarse como el centro latinoamericano de atracción de inversión y talentos en nuevas tecnologías”, expresa el investigador, y nos recuerda que países tan diversos como Letonia, Lituania y Estonia, así como Singapur, Vietnam o Kazajstán han sido capaces de entender en qué dirección va el mundo y la tecnología, y por ello ofrecen condiciones especiales para competir, crear puestos de trabajo y generar prosperidad.

Para Sanandaji, Chile puede estar desperdiciando años valiosos en temas ideológicos que pertenecen al pasado y no dedicarse a adoptar decisiones claves y de futuro, un déficit que lo condenará a seguir dependiendo del cobre y a quedarse en el pasado. En su opinión, Chile despilfarrará recursos y energías tratando de asegurar puestos de trabajo que las nuevas tecnologías están destruyendo o destruirán dentro de poco en todo el mundo. Aclara que los robots terminarán por ser más competitivos que la mano de obra más barata, razón por la cual ramas de la producción comienzan a regresar de China a Estados Unidos o Europa.

Lo que el país debería proponerse es cómo aprovechar un mundo que se desarrolla en forma vertiginosa y desmarcado de las oposiciones de la Guerra Fría, un mundo en que no hay alternativa a la economía de mercado y el libre comercio. Se trataría hoy de entender hacia dónde marcha el mundo, el carácter transitorio e incierto de lo que un país alcanza y de captar capitales que no conocen fronteras, y de transformarse en un país que atrae y promueve a talentos, emprendedores e innovación tecnológica. Sin embargo, un gobierno en el que aún laten nostalgias por Alemania Oriental, Corea del Norte, Cuba o Venezuela no está entendiendo el rumbo del mundo, se está atando al siglo XX y está perdiendo la oportunidad de incorporarse al siglo XXI, que avanza a toda marcha premiando a quienes saben aprovechar las oportunidades y castigando a quien las desaprovecha.

Para Sanandaji, las políticas económicas actuales ya no se definen entre las opciones capitalistas o comunistas, economía de mercado o economía estatista, porque se advierte que los países que hoy crecen coinciden con políticas que se abren al mundo, buscan la innovación, favorecen la inversión y están conscientes de la fluidez de la situación internacional. En esto coinciden hoy Estados Unidos y Suecia, Singapur y China, Vietnam y Kazajstán, donde el lema es innovar o sucumbir. En esto las apreciaciones de Sanandaji coinciden con las de los textos recientes de Moisés Naím y Andrés Oppenheimer.

Cuando uno escucha a extranjeros que se ocupan de la incesante innovación tecnológica y la revolución tecnológica que está teniendo lugar en el mundo, cuando se informa sobre la fiera competencia desatada entre países, regiones y ciudades por atraer inversiones y talentos, constata que Chile ha encallado en discusiones ideológicas superadas incluso ya por China y Vietnam, y en revisión en Cuba. El poeta cubano Heberto Padilla, muerto en el exilio político, afirmaba que cuando las personas o los países no hacen en el momento adecuado aquello que deben hacer, el tiempo termina siempre por vengarse de ellos. Si Chile continúa desgastándose en estériles y polarizadoras discusiones y no logra ponerse de acuerdo para definir de qué modo recupera el crecimiento, atrae inversiones, genera certidumbre y respalda a talentos y emprendedores, en suma, si es incapaz de aprovechar las oportunidades que abren hoy la tecnología, la innovación y la globalización, va a sufrir la implacable venganza del tiempo de la que advierte el valiente bardo cubano.

 

Roberto Ampuero, Foro Líbero.

 

 

FOTO: PEDRO CERDA/AGENCIAUNO

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