Si bien el Partido Comunista tiene el gran mérito de la audacia -no por nada sus seis diputados influyen sustantivamente más que las dos decenas de diputados de la Democracia Cristiana- no son ellos responsables (o los únicos responsables) de la actual crisis.
Publicado el 10.08.2016
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En las últimas semanas ha estado sobre la mesa la necesidad de un cambio de gabinete. Diversos personeros de la coalición oficialista lo han exigido públicamente como una manera de ordenar el gobierno y enfrentar en mejor pie los comicios municipales y las elecciones presidenciales del próximo año. Incluso la última encuesta CADEM muestra que un 68% de la población considera que se debe realizar un cambio en el equipo ministerial.

Más allá de la necesidad imperante del ajuste, ésta puede ser la última oportunidad de Bachelet de imprimir cierto liderazgo a su gobierno, poner orden en la casa y tener una salida digna en marzo de 2018.

Para eso se debe partir reconociendo los errores.

Las personas en la vida se equivocan, más aún si bajo su mando se encuentra un cúmulo de diversas responsabilidades, pero si bien el error mismo es importante, a veces resulta más grave la incapacidad de reconocerlos. Sin hacerlo, será imposible enmendar el rumbo.

Hasta la fecha, el gobierno ha sido incapaz de reconocer sus errores, y reconozcamos que han tenido varias oportunidades. El frenazo económico que está experimentado el país, manifestado en un bajo crecimiento, una paralización de las grandes inversiones y una pérdida de la confianza empresarial, no encontrarían sus causas en una pésima reforma tributaria y un peor clima político -con sus ataques a quienes llama “poderosos de siempre”, sumado a la promoción de “retroexcavadoras”-, sino principalmente en condiciones internacionales adversas.

La sobre ideologización de la que ha hecho gala este gobierno con reformas educacionales injustas y una reforma laboral que bajo ningún parámetro contribuye a promover el empleo, son otras oportunidades perdidas de reconocer el error. Pedirle disculpas a los miles de padres que ya no podrán elegir el colegio que ellos querían (y podían pagar), a los tantos otros estudiantes universitarios que no son apoyados en sus estudios superiores por elegir una institución que no es del agrado del gobernante de turno y, mejor aún, disculparse con los cientos de miles de alumnos de los centros de formación técnica e institutos profesionales que fueron abandonados en las políticas de financiamiento, llamadas “de gratuidad”.

La culpa la tendría el ministro de Hacienda por no entregar los recursos -parece que es de los pocos que sabe que los recursos no aparecen a fuerza de declaraciones-, la “calle” por exigir demasiado a un país con un crecimiento deficiente y siempre está disponible el Partido Comunista, para excusar en ellos todo signo de irresponsabilidad.

Si bien el Partido Comunista tiene el gran mérito de la audacia -no por nada sus seis diputados influyen sustantivamente más que las dos decenas de diputados de la Democracia Cristiana- no son ellos responsables (o los únicos responsables) de la actual crisis. El ánimo anti empresarial, la obsesión con la gratuidad universal o la creencia infantil que la economía crece a punta de discursos presidenciales tienen su origen en el propio palacio de gobierno, y fueron iniciativa de los ministros más cercanos a la Presidenta.

Y si ella quiere recuperar el apoyo popular –para superar ese magro 19% actual- requiere reconocer los errores, pedir disculpas y enmendar el rumbo. En otras palabras asumir la responsabilidad del mando, la misma responsabilidad que no considera una excusa válida el “enterarse por la prensa” o que evita confundir en vez de aclarar, como ese “realismo sin renuncia”, de triste memoria.

Es necesario cambiar. Para enmendar el rumbo y superar la que, en palabras del ex Presidente Lagos, es la “peor crisis institucional del país”. Para poner en ruta a ese tren descarrilado al que se refería el ex ministro del Interior, Jorge Burgos. Para acabar con la “ingobernabilidad” que denuncia el propio vocero de la Presidenta, Marcelo Díaz.

En definitiva, se requiere un cambio, hechos concretos y dejar de echarle la culpa a la situación internacional, a los comunistas y en el fondo, al empredado. Esta puede ser la última oportunidad, aunque no será fácil volver al ritmo del progreso a que estábamos acostumbrados, lamentablemente.

 

Julio Isamit, Coordinador General de Republicanos.

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

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