El fenómeno actual no es puramente el resultado de un ciclo adverso originado en la caída de términos de intercambio, sino que tiene componentes estructurales.
Publicado el 11.09.2016
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En el que será muy probablemente el último Informe de Política Monetaria de Rodrigo Vergara como presidente del Banco Central, se ha vuelto a reiterar el mensaje que ya casi nadie se atreve a desmentir; el estancamiento de nuestra economía se explica en un grado importante por elementos internos. A pesar de que el IPoM muestra condiciones externas mejores a lo que se anticipaba hace tres meses, se reduce la estimación de crecimiento para 2017, algo que el mercado viene anticipando hace varios meses ya. El rango de crecimiento estimado para este año se acortó a 1,5% – 2%, mientras que para 2017 se redujo de 2% – 3% a 1,75% – 2,75%. Las estimaciones de los analistas para el año entrante están en torno a 2% desde junio pasado, a pesar de que no se han deteriorado las expectativas para la economía mundial.

Incluso más preocupante resulta la reducción del crecimiento potencial y de tendencia que hace el Banco Central, porque eso muestra a las claras que el fenómeno actual no es puramente el resultado de un ciclo adverso originado en la caída de términos de intercambio, sino que tiene componentes estructurales. De hecho, la caída de términos de intercambio desde 2013 hasta ahora es de sólo 6%, completamente insuficiente para generar una caída tan significativa del crecimiento del PIB.

¿Por qué ha caído en cerca de dos puntos nuestro crecimiento de tendencia en un período reducido de tiempo? Puede ser en parte porque durante el ciclo alcista de commodities lo hayamos sobrestimado, y de hecho la productividad total de factores hace tiempo que mostraba un problema. Si eso es así, este gobierno erró medio a medio con sus reformas, ya que lo que habría que haber hecho es un programa centrado en el crecimiento, y se hizo lo contrario, dándose éste por garantizado. Un poco tarde se cae en la cuenta de que no es posible lograr mejores condiciones de vida para la población si no hay crecimiento, y éste a su vez exige ahorro, inversión, sostenibilidad fiscal, mercados laborales flexibles, mejor calidad de educación, políticas de capacitación eficientes, y todo un largo etcétera. Este camino no sólo fue dejado de lado por el gobierno, sino que fue dificultado con una compleja reforma tributaria anti ahorro e inversión, una reforma educacional que muy poco tiene que ver con calidad, una reforma laboral pro-conflictividad, y otra serie de cambios con un evidente sesgo anti-sector privado. Mientras más nos demoremos en retomar la senda correcta, más caro lo pagarán nuestros compatriotas que aún enfrentan condiciones de vulnerabilidad.

El presidente del Banco Central lo expresó en forma bastante clara en su discurso al Congreso al decir que “la economía completará cuatro años de crecimiento promedio anual en torno a 2%. Ciertamente, esto no es satisfactorio. Es algo de lo cual no solo debemos preocuparnos, sino que debemos asumir como prioridad”. A continuación señala que “se hace cada vez más prioritario que como país profundicemos nuestro análisis sobre aquellos elementos internos que podrían estar frenando nuestro crecimiento”, en un contexto en que si bien la economía mundial no está soplando a favor, tampoco muestra un desempeño muy distinto al que tuvo durante el período en que Chile logró resultados que hoy nos parecen notables.

Ciertamente puede ser difícil para el actual gobierno “virar en U” y volver al camino correcto, pero es de esperar que no hagan oídos sordos a nuestra autoridad monetaria y nos desvíen más aún, para que en el futuro el costo de corregir no se haga inabordable.

 

Cecilia Cifuentes, Investigadora Asociada Centro de Estudios Financieros ESE Business School.

 

 

FOTO:FRANCISCO LONGA/AGENCIAUNO