El oficialismo arriesga el futuro del país con tal de cumplir su programa.
Publicado el 03.09.2014
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La famosa fábula del sapo y el escorpión nos enseña que la naturaleza de las personas, sus convicciones más profundas, son más importantes que cualquier discurso que puedan pronunciar. El actual gobierno, premunido de una confianza infinita y de la seguridad que le dio la votación obtenida en las elecciones presidenciales y parlamentarias del año pasado, no tuvo ningún problema en revelar su naturaleza anti empresa y anti sector privado en general.

La Nueva Mayoría anunció la instalación de un modelo de desarrollo distinto al que Chile había seguido exitosamente durante los últimos 30 años. De hecho, algunos de los colaboradores del Gobierno escribieron un libro al respecto y lo denominaron “El otro modelo”.
Este supuestamente sería una vía rápida para alcanzar una sociedad más inclusiva y más igualitaria. Entre los cambios destacaban: una nueva constitución donde, entre otras cosas, se limitan los derechos de propiedad, y una significativa alza de impuestos para permitir un rol más importante al Estado y, por ende, menos importante al resto de los chilenos. Un elemento del diseño del nuevo gobierno que no fue tan obvio durante la campaña presidencial, pero se desplegó con gran fuerza durante los primeros meses de administración, fue la determinación que mostraron las nuevas autoridades para terminar con el modelo de cooperación público-privada que alguna vez se convirtió en un orgullo nacional exhibido en todos los foros internacionales. Las soluciones privadas a problemas públicos serían reemplazadas por un Estado todopoderoso. Desde lo más pequeño, como el fin al programa Elige Vivir Sano que se financiaba en parte con aportes de empresas privadas, hasta declaraciones directas de personeros de gobierno asegurando que ellos no trabajaban con el sector privado, se transformaron en pan de cada día en estos primeros seis meses de gobierno. AFP estatal, expropiación del 7% de la cotización de salud de los trabajadores, fin al financiamiento compartido en educación, no más concesión de hospitales, más plata para Codelco, Banco Estado y Enap, fuerte alza del gasto y la inversión pública, etc.

La arrogancia del escorpión no sólo le dio la seguridad para anunciar al sapo su naturaleza por anticipado, además le notificó que sus servicios ya no serían requeridos para cruzar el río. El sapo insistió en que su modelo para cruzar el río había sido exitoso por más de 30 años y que el modelo que quería implementar el escorpión había fracasado una y otra vez. El insistente sapo, en su intento por convencer de su error al escorpión, citó ejemplos recientes como el de Francia y Brasil, donde Francois Hollande y Dilma Rousseff estaban enfrentando grandes dificultades económicas y una fuerte caída en la adhesión popular. Pero los esfuerzos del sapo fueron infructuosos y el escorpión se lanzó al río con “El otro modelo”.

Como era predecible, al escorpión se lo comenzó a llevar la corriente.
Sus propuestas tributaria y educacional, que comenzaron con cerca de 80% de adhesión, hoy tienen menos de 40%. La economía del país se paralizó. La inversión, el crecimiento y el empleo caen y los salarios están estancados. Las advertencias y las críticas al escorpión ya no sólo vienen del sapo, los otrora camaradas y socios del escorpión ahora se desmarcan y lo critican abiertamente.

El escorpión, con el agua hasta el cuello, invita al sapo que observa desde la orilla a que hagan una alianza público-privada que le permita llegar a la otra orilla. El instinto natural del sapo es ayudar al escorpión, pero este último ya ha revelado su naturaleza. Soy escorpión y te voy a picar, aunque al hacerlo nos hundamos los dos.

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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