A lo ancho y largo del manejo de la Salud, el gobierno de la Nueva Mayoría ha mostrado sus tres pecados capitales: ideologización, improvisación y un legado de mochilas cada vez más pesadas para la próxima administración.
Publicado el 13.11.2015
Comparte:

El bochorno de los hospitales prometidos por la Presidenta Bachelet y no cumplidos es solo una parte del problema en Salud. La gestión completa desde marzo de 2014 ha sido probablemente la peor de las últimas décadas.

No es gratis que a nueve meses de iniciado el mandato saliera la primera ministra (con el doble récord del ejercicio más breve en ese cargo y la mayor demora en nombrar un reemplazo), ni que esta semana renunciara la subsecretaria de Redes Asistenciales (responsable de la construcción de los hospitales) y, al día siguiente, la jefa de inversiones del Ministerio de Salud. Tampoco es gratis que la actual ministra haya enfrentado una interpelación en la Cámara de Diputados y ahora una Acusación Constitucional y, lo que probablemente más esté importándole a La Moneda, que el gobierno ostente hoy la peor aprobación y el más alto rechazo ciudadano que haya registrado esa área (según Adimark de octubre, tiene 20% de aprobación y 79% de rechazo, el peor resultado de toda la serie).

A lo ancho y largo del manejo de la Salud, el gobierno de la Nueva Mayoría ha mostrado sus tres pecados capitales: ideologización, improvisación y un legado de mochilas cada vez más pesadas para la próxima administración.

Partieron dándose el lujo de desechar la construcción de seis hospitales, entre otros el nuevo Sótero del Río y los de Quillota y Linares -que atenderían a cerca de dos millones de chilenos y cuyos procesos ya estaban iniciados- por razones únicamente ideológicas: eran recintos concesionados, modalidad que contradice la vocación estatista de la izquierda, aunque sea más barata, más rápida y más eficiente.

En 17 meses el gobierno de Michelle Bachelet ha entregado cinco cronogramas distintos para la construcción de hospitales. En el primero, en junio de 2014, prometió 60 nuevos recintos, en lo que llamaron “20+20+20”: 20 para el final de su período, 20 que quedarían en construcción y 20 en estudio. Cuatro cronogramas después, “el mayor esfuerzo que se ha hecho en la historia sanitaria de Chile” pasó de 60 a 27 hospitales.

El problema no es de recursos, sino de capacidad: a estas alturas del año se han ejecutado apenas el 22% de los $530 mil millones destinados a inversión en infraestructura. De manera que plata hay, lo que falta es la capacidad para usarla.

Un gobierno puede equivocarse una vez, tal vez dos, pero cuando se cambia cinco veces el plan de inversiones del Ministerio de Salud en menos de dos años, es evidente que las cosas se están haciendo muy mal, improvisándose sobre la marcha y sin contar con equipos de la calidad técnica que exige una inversión de enorme envergadura. En chileno: les quedó como poncho y por donde usted mire hay un hoyo.

La lista de espera de prestaciones AUGE se ha duplicado, la de cirugías no AUGE retrasadas en más de un año también. La deuda hospitalaria está en su máximo histórico, desde los $64 mil millones que registraba a fines de 2013 a $150 mil millones. La Ley Ricarte Soto no cubre el cáncer, ni siquiera el de pulmón, que padecía quien inspiró el nombre de la ley. Y la semana pasada el sistema de salud se quedó -“transitoriamente” según sus autoridades– sin vacunas contra la tuberculosis, de manera que al menos 12 mil recién nacidos han salido a enfrentar la vida desde los hospitales públicos sin esa protección mínima.

Además de la gestión, el gobierno ha desperdiciado dos valiosos años legislativos: desde marzo de 2014 los proyectos de ley más relevantes que han pasado por las comisiones de Salud del Congreso son la moción que autoriza el cultivo de marihuana y el proyecto que despenaliza el aborto, una de las reformas que la Presidenta Bachelet ha calificado como “prioritarias”. Eso no es todo: el Ministerio de Salud y SENDA, organismo a cargo de la “Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol”, se mantuvieron impávidos mientras avanzaba el proyecto de la marihuana, para recién dar una muy tímida opinión, cuando ya había sido aprobado por la Cámara en su primer trámite.

Nunca antes como en estos últimos 20 meses ha quedado más indiscutiblemente claro que la superioridad que se ha arrogado por décadas la izquierda respecto de la salud pública, no es más que un mito, alimentado pacientemente con slogans, con promesas y, por cierto, con el uso y abuso de los delantales blancos, “¡grito y plata!” como reconoció algún día la Presidenta Bachelet.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

Ingresa tu correo para recibir la columna de Isabel Plá