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Publicado el 25 de diciembre, 2014

La reforma sindical de Bachelet

Economista Luis Larraín
En definitiva se impone un solo punto de vista: el de Bachelet y su pequeño círculo de iluminados que han decidido poner a este país patas arriba en estos cuatro años de gobierno.
Luis Larraín Economista
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Los aires navideños llegaron a La Moneda y la Presidenta se apresta a dar un gran regalo a la CUT y otras organizaciones sindicales. El costo será pagado por los trabajadores chilenos por la vía de mayor cesantía y menores remuneraciones. Como ha demostrado el destacado economista chileno Ricardo Caballero en sus investigaciones, hay una correlación negativa entre regulación laboral y participación del trabajo en el ingreso nacional. Lo que ganan algunos grupos minoritarios de trabajadores lo pierden con creces otros.

Chile vive un complicado momento económico, con un crecimiento del PIB de apenas 1.7% que ha hecho subir la tasa de desocupación desde un 5,8 % a un 6,4% en menos de un año. La inversión en el país ha caído más de un 6%, una cifra completamente inédita. Hay más de medio millón de personas desocupadas, que quieren trabajar y no encuentran un empleo. Más de cincuenta mil de ellas son cesantes creados por el gobierno de Bachelet y su disruptivo programa de reformas.

Las reformas pretenden eliminar la posibilidad de reemplazo durante la huelga, lo que transforma a ésta en un mecanismo de expropiación ya que no permite a las empresas disponer de sus activos. Ya no se discutirá el aporte productivo que hacen los trabajadores, sino la propiedad de los activos de la empresa que no podrán ser usados por sus dueños mientras dure la huelga.

También introduciría el concepto de titularidad sindical, que da el monopolio de la negociación al sindicato, impidiendo la creación de grupos negociadores según el interés de los propios trabajadores. Esto, en la práctica, es establecer el monopolio sindical y castigar a los grupos más productivos. Ello tiende a deprimir la productividad laboral en una economía como la chilena que está abierta a la competencia internacional. Se prohibiría también extender los beneficios logrados en la negociación a otros trabajadores, favoreciendo de esta manera a los sindicatos.

Todo esto es un regalo para la CUT, organización de cúpula que no tiene representatividad alguna de los trabajadores del sector privado. La mayoría de sus afiliados son trabajadores del sector público y en relación al mundo privado, su representación apenas alcanza al 4% del total.

¿Por qué Michelle Bachelet hace este regalo a una minoría a expensas de la gran mayoría de los trabajadores chilenos?

Porque la matriz de su gobierno responde a grupos de interés muy determinados, en este caso la CUT y el Partido Comunista. Gobierna para ellos, no para la mayoría de los chilenos. Es lo mismo que sucede en el ámbito de la educación, donde no le preocupa atender a las opiniones y necesidades de la mayoría de los niños chilenos y sus padres, sino a los de una minoría de líderes estudiantiles ideologizados.

Tan claro es esto, que el Gobierno y la Nueva Mayoría no trepidan en denostar a quienes se oponen a sus reformas. Así es como el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, desprecia a los padres y apoderados de los colegios particulares subvencionados al señalar que eligen el colegio de sus niños por el color de pelo de sus compañeros o porque tienen nombre en inglés.

En materia laboral el país está bien. Las remuneraciones de los trabajadores crecieron fuertemente durante el gobierno de Sebastián Piñera, favoreciendo especialmente a los de menores ingresos. Las encuestas muestran una baja conflictividad en las empresas. Pero nada de eso parece importar.

En el caso de la reforma sindical, el bullying ya empezó. Diputados de la Nueva Mayoría insisten en que la ministra Javiera Blanco ha sobredialogado, en circunstancias que sus interlocutores dicen que no les han concedido ningún punto. Otros califican de “histéricas” las reacciones de dirigentes empresariales. Es decir, el diálogo, la conversación, el cuento este de la alianza público-privada, son meramente retóricas. Se da la apariencia de que se consideran otras opiniones, pero en definitiva se impone a troche y moche un solo punto de vista: el de Michelle Bachelet y su pequeño círculo de iluminados que han decidido poner a este país patas arriba en estos cuatro años de gobierno.

 

Luis Larraín, Foro Líbero.

 

 

FOTO: SEBASTIÁN RODRÍGUEZ/AGENCIAUNO

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