Las redes sociales deben ser parte del curriculum académico de los colegios, para que desde el aula se enseñen criterios de cómo se convive en este mundo digital, cuáles son los códigos que deberíamos tener y cómo hacer un uso responsable de este tan masivo canal de comunicación.
Publicado el 23.06.2016
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A esta altura de los tiempos, somos testigos de cómo las redes sociales han ido ocupando espacios en la vida de las personas que antes no estaban disponibles. La masificación de los teléfonos inteligentes, unida a la caída en términos reales de los precios de los planes de telefonía, han logrado que prácticamente todos tengan uno o más dispositivos móviles. Esto es un dato: no es ni bueno ni malo, solo es así.

Pero, ¿qué hay detrás de esto? La masificación de todo tipo de servicios imaginables disponibles para todas las personas –literalmente- al alcance de los dedos. Esto genera un espacio de libertad impresionante. Sin embargo, si no actuamos de forma responsable, dejamos abierta la puerta para todo tipo de abusos aprovechando el anonimato que permiten las redes sociales.

El solo hecho que no exista verificación de la identidad de un twitero o incluso de una cuenta de Facebook, hace que una cantidad importante de individuos aproveche este anonimato para denostar de forma muy agresiva a otros participantes de las redes sociales, aunque también lo hacen a quienes ni siquiera tienen cuentas en Twitter o Facebook.

Los intentos por intervenir, regular o limitar las redes sociales son solo un esfuerzo inútil porque nacieron libres. Se debería tomar más en serio el rol que tiene este canal de comunicación y, más allá de limitarlo, enseñar cómo se hace un buen uso de las aplicaciones.

Nada se saca con prohibir el acceso o sancionar el mal uso de una red social, ya que el anonimato del cual “gozan” sus usuarios deja abierta la posibilidad de que se evadan todo tipo de controles.

Hasta no hace mucho, cuando la comunicación se desarrollaba en los diarios, radios o televisión, siempre había un intermediario –periodistas– entre el que emitía el mensaje y el que lo leía. Sin embargo, con el surgimiento de las redes sociales ese intermediario ya no existe, puesto que el emisor del mensaje escribe y opina directamente en la red, sin filtro y sin restricciones más allá de su propio criterio.

A mayor abundamiento, respecto de los elementos básicos de un canal de comunicación, las redes sociales cumplen con la tríada tradicional de emisor-mensaje-receptor, por lo que debemos pensar que éstas se comportan igual que los medios tradicionales, incluso a nivel de la publicidad.

Sobre esto último, las redes sociales tienen ventajas insuperables sobre los medios tradicionales para, por ejemplo, comunicar un aviso publicitario, ya que cuando se publica un aviso en un diario, radio o televisión, se ve de forma masiva por todos los que acceden a esos medios, o sea, a quienes interesa llegar y a quienes no. En cambio, en las redes sociales se puede hacer una segmentación mucho más precisa para mostrar el aviso en un timeline de Twitter, un muro de Facebook o una página web.

Por todo esto es que, en mi opinión, las redes sociales deben ser parte del curriculum académico de los colegios, para que desde el aula se enseñen criterios de cómo se convive en este mundo digital, cuáles son los códigos que deberíamos tener y cómo hacer un uso responsable de este tan masivo canal de comunicación, de tal forma que siga siendo la libertad de uso su sello.

 

William Díaz R., economista y director ejecutivo Experior Consultores.

 

 

FOTO: SANDRO BAEZA/AGENCIAUNO.