Todo parece indicar que mientras el 27F fue reconocido internacionalmente como un ejemplo de liderazgo y gestión de desastres, lo que ha pasado después del cambio de gobierno estará lejos de ser motivo de orgullo.
Publicado el 22.02.2016
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Se trata de reconstruir vidas, de que las personas damnificadas sientan que ha terminado una época de enorme vulnerabilidad y que cuentan con un suelo y un techo donde volver a instalar su vida y sus esperanzas”. Con esta inspiradoras palabras, el Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet hacía referencia a la prioridad que se asignaría a finalizar con la reconstrucción de terremoto del 27F, sin sospechar que también debería enfrentar sus propios procesos de reconstrucción ocasionados por el incendio de Valparaíso y el terremoto del Norte Grande de abril de 2014, la erupción del Volcán Calbuco un año después, el aluvión del norte o el terremoto de Coquimbo ocurridos el año recién pasado.

Es cierto, ningún gobierno puede anticipar la ocurrencia de desastres naturales como los acontecidos aquel fatídico sábado 27 de febrero de 2010 o en los desastres posteriores que ha debido enfrentar la actual administración. Sin embargo, donde sí se puede marcar una diferencia es en la manera de enfrentar los minutos, días y meses posteriores a la ocurrencia de estos eventos. Y lamentablemente, el contraste entre la gestión del 27F y las reconstrucciones que ha debido enfrentar la Nueva Mayoría es abrumador.

Así como será difícil de olvidar la lamentable reacción de las autoridades los minutos posteriores al 27F, con una Presidenta Bachelet desorientada sin lograr informar correctamente a los ciudadanos la gravedad de lo que estaba ocurriendo, más difícil resultará explicar a los miles de afectados de los recientes eventos la lentitud del proceso de reconstrucción liderado por la Nueva Mayoría.

El terremoto del 27F implicó reconstruir 225 mil viviendas, 199 mil de las cuales ya habían sido terminadas y casi 23 mil se encontraban en construcción antes del cambio de administración. De este modo, tal como mostraba el reportaje aparecido en “El Líbero” este fin de semana, mientras que en los 21 meses previos al cambio de gobierno se entregaban del orden de 5.091 viviendas mensuales, en los 21 meses posteriores esa cifra ha caído brutalmente a apenas 921 al mes, menos de la quinta parte de lo que se venía haciendo antes del cambio de administración.

A todas luces un violento e inexplicable frenazo. Y lo más increíble es que esto haya ocurrido con equipos contratados directamente por el Ministerio de Interior y Minvu, que además de delegados Presidenciales, incluía abultadas nóminas de funcionarios, que llegaron a más de 50 personas con un costo superior a los $100 millones mensuales en 2014, cuya única responsabilidad era asegurar que las soluciones llegaran a los afectados.

En la misma línea, la baja en la capacidad de gestión se hace más que patente si se revisan las otras reconstrucciones que ha debido liderar la Nueva Mayoría. La reconstrucción de los inmuebles destruidos por el aluvión del norte tiene una tasa de entrega de 379 viviendas al mes, alcanzando al mes de diciembre un 38% de las obras; el terremoto del Norte Grande posee una tasa de entrega de apenas 211 viviendas al mes, lo que implica que a la misma fecha se hayan concluido el 30% de las obras; para el incendio de Valparaíso se entregan del orden de 55 viviendas mensuales, alcanzando el 31% de avance; y para los daños del volcán Calbuco 39 viviendas por mes, contándose con el 53% de avance. Asimismo, a la fecha no se han reportado viviendas entregadas en la zona del terremoto de Coquimbo, a pesar de haber transcurrido ya casi cinco meses desde la ocurrencia del terremoto y que ya se ha establecido que deberán reconstruirse un poco menos de 7 mil viviendas.

Además, sólo para dimensionar el esfuerzo que han debido realizar las autoridades, sólo en términos de viviendas dañadas incorporadas al plan de reconstrucción el 27F, sus 225 mil viviendas a reconstruir equivale a 6,5 veces las 35 mil viviendas que en conjunto representan las viviendas dañadas por los desastres naturales que ha debido enfrentar la administración Bachelet.

Todo parece indicar que mientras el 27F fue reconocido internacionalmente como un ejemplo de liderazgo y gestión de desastres, tal como quedó plasmado en el libro de un grupo de profesores de la Universidad de Wharton titulado “Leadership dispatches: Chile´s extraordinary comeback from disaster”, lo que ha pasado después del cambio de gobierno estará lejos de ser motivo de orgullo.

Es de esperar que las buenas intenciones expresadas en el Programa de Gobierno respecto a la reconstrucción logren por fin traducirse en buenos resultados para los miles de chilenos que aún esperan por una solución en el Norte del país, en Coquimbo, en Valparaíso o en las cercanías del Calbuco. Ojalá que la sexta conmemoración del 27F nos permita recuperar la unidad demostrada justo después del terremoto, las capacidad de sentirnos orgullosos de cómo en unidad logramos levantar el país desde el suelo, y que el gobierno pueda revisar las recetas que llevaron a hacer de la reconstrucción del 27 F un motivo de admiración a nivel mundial y aplicarlas a los desafíos que hoy enfrenta el país.

 

Carlos Ríos, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO: RAÚL ZAMORA/AGENCIAUNO