La elección está bastante abierta. En diciembre de 2012, Michelle Bachelet tenía un 49% de intención de voto. Hoy, Piñera marca un 20% y Guillier un 14%. El 49% de los encuestados todavía no tiene candidato. Es verdad que muchos de ellos no votarán, pero también es cierto que hay mucho espacio para que se rebaraje el naipe presidencial en los próximos meses.
Publicado el 06.01.2017
Comparte:

La encuesta CEP realizada un año antes de la elección presidencial de 2017 da algunas luces y deja bastantes interrogantes sobre la persona que remplazará a Michelle Bachelet en la Presidencia de la República. Aunque Sebastián Pinera mantiene el liderazgo, con un 20% de intención de voto, el senador de la Nueva Mayoría Alejandro Guillier se confirma como la gran sorpresa, al ser nombrado por un 14% de las personas. Pero como todavía faltan 11 meses para la votación, resulta aventurado sugerir que esta es una carrera presidencial cerrada a solo dos candidatos.

Por razones idiosincráticas que tienen que ver más con la reputación del CEP que con la capacidad predictiva reciente de sus encuestas, éstas se consideran como las más creíbles en el mercado. De ahí que cada vez que aparece un nuevo sondeo, los efectos sobre el tablero de ajedrez político nacional son inevitables. Y el sondeo más reciente entregó tres resultados fundamentales.

Primero, la candidatura de Pinera resiste escándalos. Nadie debería sorprenderse demasiado con este resultado. La trayectoria de Piñera es ampliamente conocida. El empresario llegó a la Presidencia en 2010 pese a que se conocían de sobra sus conflictos de interés y su incontinencia bursátil. Resulta poco probable que esas debilidades, que no fueron decisivas en la campaña de 2010, lleven al electorado hoy a tomar una decisión diferente. Por cierto, Piñera no es incombustible y tiene debilidades evidentes. Ser una cara repetida constituye un pasivo importante en un contexto en que la gente está cansada de la elite y quiere rostros nuevos. Pero el ex Presidente no va a caer por un nuevo escándalo producto de su tendencia a no poder construir un cortafuego entre sus intereses empresariales y la política. Si no gana, va a ser porque la gente quiere caras nuevas, no porque sorpresivamente muestren una valoración, hasta ahora desconocida, por la probidad de los candidatos presidenciales.

El segundo resultado importante es la consolidación de Guillier como el mejor candidato de la Nueva Mayoría. El estancamiento de Ricardo Lagos ya no es noticia. El ex gobernante ha tenido problemas para entender al nuevo Chile y para lograr que la gente entienda por qué él está en carrera. En cambio, Guillier ha sido capaz de representar las demandas por más inclusión y por hacer que el sistema funcione bien para todos, pese a que el ex animador de televisión ha sido especialmente ambiguo y poco claro respecto de cuál es su hoja de ruta.

Al igual que con Bachelet en 2013, la gente parece creer que Guillier puede terminar con el abuso y llevar al país por la dirección correcta. Mientras menos cosas diga el senador, más parece consolidarse su candidatura. Es verdad que todavía quedan 11 meses para la elección presidencial y que va a ser difícil que Guillier logre mantener su impulso sin tener que dar algunas luces sobre qué tipo de gobierno implementaría en caso de ganar. Pero como la estrategia hasta ahora le ha funcionado, lo más probable es que siga cultivando las evasivas y las sonrisas, y que evite las declaraciones taxativas sobre cuál es la hoja de ruta que seguirá en caso de ser el próximo Mandatario.

Por cierto, el pobre desempeño de Lagos no modifica en nada su convicción de seguir en carrera. A él lo motiva la convicción de que Guillier sería un mal Presidente. Lagos no se va a bajar porque la CEP le dé malas noticias, pero sí es probable que varios de los que hoy lo acompañan empiecen a considerar la posibilidad de cambiarse de bando y, obviando las dudas que les genera la viabilidad de un gobierno liderado por Guillier, prefieran aumentar las chances de ganar la elección que parece ofrecer la candidatura del senador por Antofagasta. Con todo, Lagos seguirá en carrera porque, como viejo zorro político, sabe que hay una probabilidad no trivial de que Guillier tropiece y su intención de voto caiga a la misma velocidad con la que ha subido en semanas recientes. Si Guillier llega a salir de la pista, Lagos debe estar en carrera para intentar aprovechar la oportunidad que entonces se abrirá.

El tercer resultado de la CEP es que la elección está bastante abierta. En diciembre de 2012, Michelle Bachelet tenía un 49% de intención de voto. Su más cercano rival, el ex ministro Laurence Golborne, marcaba 11%. Hoy, Piñera marca un 20% y Guillier un 14%. El 49% de los encuestados todavía no tiene candidato. Es verdad que muchos de ellos no votarán, pero también es cierto que hay mucho espacio para que se rebaraje el naipe presidencial en los próximos meses.

Después de la CEP, las sonrisas en los círculos de Piñera y Guillier son evidentes y justificadas. Pero la noticia más relevante de esta encuesta es que el partido recién comienza y, como ya hemos aprendido en la democracia chilena, la única constante en el nuevo escenario político es que siempre hay sorpresas.

 

Patricio Navia, #ForoLíbero

 

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Patricio Navia